25 Instantáneas de Beatriz Rivas o Amor empieza por desasosiego12 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

  1. ¿Tomas siempre el camino difícil?

No. Me gusta luchar, trabajo mucho (hay quien dice que demasiado), pero no me gusta complicarme la vida. Creo que soy bastante sencilla.

  1. ¿Comenzaste escribiendo narrativa?

Si mis poemas cursis que escribía en la adolescencia temprana cuentan, debo confesar que comencé con poesía (horrorosa). Después llegué al cuento gracias al primer taller literario que tomé, afortunadamente con Edmundo Valadés y, desde que abandoné el cuento, me sumergí en la magia de la novela. De ahí, no he podido salir. De hecho, ahora sólo leo novelas: una tras otra, como si fuera vicio.

  1. ¿Te ayudó estudiar letras?

¿Para escribir mejor?, no realmente. Estudié periodismo y dos años de derecho. Después, comencé a escribir. Lo que ayuda para escribir es leer mucho (buena literatura) y redactar todo el tiempo posible. La maestría en letras me ayudó a leer de otra manera y a volverme una mejor crítica. Me formó un ojo más profesional (¿existen los ojos profesionales?) y me dio bases teóricas para entender a la literatura de forma distinta. Pero no creo que haya influido en mi narrativa.

  1. ¿Cómo es tu relación con el gremio?

Creo que bastante buena. Tengo muchos amigos escritores. Dos o tres grupos distintos, con los que me reúno con cierta regularidad, además de escritores a los que veo de manera individual. Siempre me he sentido bien recibida y siempre he percibido solidaridad y apoyo. Sobre todo, de parte de las mujeres. Me he vuelto amiga de grandes escritoras a quienes yo leía y admiraba antes de decidirme a escribir, como Rosa Beltrán, Ethel Krauze, Sara Sefchovich, Aline Petterson, Silvia Molina, Myriam Moscona, Mónica Lavín, Ana García Bergua y una larga lista.

  1. ¿Eres paciente?

Depende para qué. Soy muy neurótica para ciertas cosas como la puntualidad, así que no le tengo mucha paciencia a la gente impuntual. Pero para casi todo lo demás, soy bastante paciente… creo. Habría que preguntarle a quienes viven conmigo. Probablemente mi hija opine distinto. Eso sí, pierdo fácilmente la paciencia con quienes me tratan mal. Ahí sí… ¡Uf! Me sale lo “Hulk”.

  1. ¿Te arriesgas al escribir?

Trato de superarme con cada libro. De encontrar nuevas maneras de expresarme. De no repetirme. De decir lo que me sale del vientre y del alma, sin autocensura. De que no me importe lo que los demás opinen. De desnudarme y quitarme máscaras. No sé si lo logro, pero al menos lo intento. En Amores adúlteros, por ejemplo, sabía que arriesgaba mi matrimonio y, a pesar de eso, decidí no darle la novela a mi esposo hasta que estuviese publicada, es decir, cuando ya no había marcha atrás. En mis otras novelas, cuando me reconozco abiertamente atea, hay muchas personas que me atacan o me “compadecen por vivir sin un dios”. En fin, creo simplemente que escribo de lo que me da la gana, sin detenerme a pensar en la mirada ni en el juicio del “otro”, ni a nivel temático ni a nivel formal.

  1. ¿Qué detona tu escritura?

Cualquier cosa puede detonarla. Estar enamorada o profundamente indignada por una injusticia. Una buena película. La frase de alguna novela. Un gesto de una persona que en realidad parece personaje. Una conversación que llega a mis oídos de manera casual, casi arrastrada por la brisa. Fragmentos de historias de vida. Una mirada, de ésas que se te quedan pegadas a la memoria durante muchos años. Viento amargo, por ejemplo, la escribí a partir de una breve escena de una serie de Napoleón que vi en la televisión. Jamás, nadie, a partir de una exposición en el Museo de la Memoria y la Tolerancia. Dios se fue de viaje comencé a redactarla en mi cabeza, nada más de ver el rostro de Gerda Taro en una enorme fotografía que colgaba en la entrada de un museo.

  1. ¿Has andado en tranvía?

Sí, en San Francisco, ciudad en la que subirse a un tranvía es lugar común, pero un lugar común obligatorio para los turistas.

  1. ¿Melómana, cinéfila?

Más cinéfila que melómana. Como amo la magia de la ficción, meterme en historias que otros han imaginado, escrito y llevado a la pantalla, se me hace fascinante. Me encanta observar la fotografía, la edición, cómo hacen para “poner en imagen” el fluir psíquico de un personaje, de qué manera construyen la trama, cómo generan tensión. Trato de adivinar qué sigue, de qué manera va a finalizar. Amo el cine de arte, pero también me encanta, de vez en cuando, tirarme en un sillón a ver películas bobas y románticas. Me dejo llevar. Me entrego toda.

  1. ¿Batallaste con tu familia por dedicarte a la escritura?

En lo absoluto. Siempre he tenido el apoyo, el aplauso y hasta la admiración de mi familia completa: padres, hermanos, marido, hija, primos, tíos. No sé si a todos les gusta cómo escribo, pero me han apoyado siempre. En general, mi familia es de grandes lectores. De gente que se inclina por el arte. Sensibles y de mente abierta. Inteligentes y respetuosos.

  1. ¿Qué opinas de la monogamia?

¿De la mono… qué? Ya en serio, creo que los seres humanos no “estamos hechos” para tener una sola pareja. Es algo que lo demostramos día con día: cada vez más hombres y mujeres viven, al menos una vez en su vida, una relación fuera de su relación principal o formal. Y creo, al menos en este país, que somos profundamente hipócritas. Condenamos el adulterio en voz alta, pero lo ejercemos (y disfrutamos) en voz baja. No estoy pidiendo un aplauso para la infidelidad, sino que aceptemos que existe y que dejemos de satanizarla. Creo que hay que verla en su justa medida pues la historia y la realidad de todos los días nos demuestran que la monogamia es una quimera.

  1. ¿Estás inmersa en los movimientos feministas?

No me considero una luchadora social activa, pero creo profundamente en la igualdad de oportunidades y condeno el papel de la mujer en la historia y hoy en día. Ha habido avances, es cierto, pero todavía nos falta un gran camino por recorrer. Enorme. Por eso he elegido a grandes mujeres como protagonistas de mis novelas. Han sido mi ejemplo. Hay mucho que aprenderles. Así que es a través de mis novelas como me uno a los movimientos feministas: rescatando del olvido a mujeres libres, independientes, luchadoras, que han forjado su propio camino a pesar de tantas y tantos obstáculos.

  1. ¿Eres enojona?

Soy intolerante a veces. Me saca de quicio la gente demasiado distraída, la gente mal educada, grosera. Las personas déspotas. Los clasistas y racistas. Los corruptos. Me enoja la injusticia. Y la intolerancia… incluyendo, irónicamente, la mía.

  1. ¿Qué tan importante es la memoria?

Es esencial. Para la historia, para las naciones, para la ciencia, para el arte, para la vida cotidiana de los seres humanos. También, para la escritura. Sin la memoria no seríamos quienes somos. Andaríamos perdidos por el mundo, buscando nuestros recuerdos.

  1. Cinco libros esenciales en tu carrera.

Rayuela (Cortazar), La muerte de Artemio Cruz (Fuentes), El último encuentro (Márai), Nuevo recuento de poemas (Sabines) y Los alimentos terrestres (Gide).

  1. ¿Conoces otras literaturas?

Además de la literatura en lengua española, que es la que más disfruto, tengo una grata y amorosa relación con las novelas francesas. Ya que estudié un año en la Sorbona, y más o menos me defiendo en ese idioma, trato de leer lo más que puedo en francés, además de que he estudiado cursos de literatura francesa. También me he vuelto «fan» de las letras japonesas y no necesariamente contemporáneos: me gusta seguir abrevando de todo aquello que escribieron Kawabata, Tanizaki, Oé, Mishima etc… Los escritores de la ex Europa del este también me son muy atractivos.

  1. ¿La pandemia te quitó amigos?

Afortunadamente, no. Pero sí mató al mejor amigo de mi esposo, por ejemplo. Sin embargo, a pesar de tan lamentables fallecimientos, creo que la pandemia nos ayudó a valorar más la amistad. A hacer lazos mucho más fuertes.

  1. ¿Qué época te gustaría visitar?

Si me garantizaran conocerlo, me trasladaría a la época de Napoleón Bonaparte, aunque temo que, con su misoginia, ni siquiera se digne a recibirme. Así que tal vez mejor me decida por ir al San Francisco de la época hippy. Ser cantante de rock, con un vestido vaporoso de algodón, flores en la cabeza… y hacer lo posible para que Jim Morrison se enamore de mí.

  1. ¿Sin lectura se acaba la escritura?

Sin lectores se terminarían las librerías y las editoriales. También muchos escritores decidirían dedicarse a otra cosa. Pero creo que hay muchas personas, e incluyo a escritores no profesionales, que escriben por gusto, por desahogo, por necesidad, por pasión, por…   aunque nadie los lea.

  1. ¿Qué te pone de buen humor?

¡Uy! Muchísimas cosas. La sonrisa o las bromas de mi hija. Saber que mis padres y hermanos están bien. Una comida entre amigos. Un buen whisky en las rocas. Planear un viaje. Escribir. Mis talleres. Escuchar la música que solía disfrutar en mi adolescencia. Saberme enamorada. No tener demasiados compromisos en mi agenda. Leer una gran novela. Dejarme contagiar por las carcajadas de un ser querido.

  1. ¿En qué momento dejas de revisar y corregir?

Cuando mi editor (ahora editora, pues Ramón Córdoba lamentablemente falleció en 2019) me dice: “¡Ya entrega tu novela, carambas!”. Uno puede escribir, reescribir, corregir, volver a corregir cien veces un texto. Pero la perfección atenta contra la naturalidad, así que llega un momento en que decido ponerle punto final. Para lograrlo, siempre, cuando voy alrededor de la página 100, le hablo a mi editor y le pido fecha de entrega y hasta firma de contrato. De esa manera, me obligo a terminar lo que comencé dos años antes.

  1. ¿Has cerca sentido la violencia?

Afortunadamente, nunca. Me he sentido en peligro algunas veces. En riesgo. Pero nunca he convivido con la violencia ni la he visto cara a cara. Bueno, me han asaltado en dos ocasiones. ¿Eso cuenta? En realidad, nunca he vivido una amenaza de importancia. Y me sé afortunada.

  1. ¿Viajas mucho?

Lo más que puedo. Es mi vicio. Elijo los hoteles por su ubicación, siempre céntricos. Y lo que más disfruto, es caminar. No hay mejor manera de conocer las ciudades que a pie, sin prisas, sin miedo a perderte por las callejuelas. Adoro viajar con tiempo suficiente para poder “perder” toda una tarde viendo pasar gente, mientras tomo la bebida de mi preferencia (en cada ciudad, una distinta). Probar la comida local. Estar siempre abierta, dispuesta a sorprenderme. Samarcanda, Shiraz y otras poblaciones de Irán y Uzbekistán son los lugares que más recientemente he conocido. Pero también me gusta regresar a mis ciudades favoritas, una y otra y otra y otra vez.

  1. ¿Extrañas la niñez?

Tuve una niñez maravillosa. Lo que extraño es no acordarme de todo con detalle. Me gustaría tener una memoria prodigiosa para convocar escenas, aromas, sabores, voces. Parques, mi salón del kínder, el rostro todavía joven de mis padres, la voz de mis abuelas o el sonido del acordeón de mi abuelo…

  1. ¿Has soñado alguna de tus novelas antes de escribirla?

He soñado con capítulos o escenas, nunca con las novelas completas. Cuando escribía Todas mis vidas posibles, soñé un capítulo entero. Fue tan real y tan bien estructurado el sueño, que me desperté… pero volví a dormirme, pues me dio flojera levantarme a redactar. No creí necesario escribirlo. ¡No saben cuánto me he arrepentido! Por la mañana, no me acordaba de nada. Desde ese día, duermo con una libreta y una pluma en mi mesa de noche.

Beatriz Rivas (CDMX, 1965).

Tiene experiencia en medios de comunicación y en talleres de creación literaria. Ha escrito más de doce novelas en las que sus personajes femeninos (casi todos históricos) destacan por sus vidas extraordinarias. Mujeres libres, independientes, luchadoras y valientes. Se dedica, asimismo, a promover la lectura y la escritura.

Tiene estudios de periodismo y derecho. Un diplomado de novela mexicana del siglo XIX, en la UAM Xochimilco y una maestría en Letras Modernas en la Universidad Iberoamericana.

Antes de entrar de lleno a la ficción, trabajó en medios de comunicación al lado de personajes como José Gutiérrez Vivó, José Cárdenas, Ikram Antaki, Adela Micha y Jorge Castañeda, entre otros. Formó parte del grupo de periodistas que fundaron el semanario Milenio, en 1997.

Entre sus libros más conocidos están: La hora sin diosas, Todas mis vidas posibles, Viento Amargo y Dios se fue de viaje. Junto con Federico Traeger, publicó Amores Adúlteros, que ocupa un lugar entre las novelas más vendidas por la editorial Alfaguara en los últimos diez años y que sigue teniendo mucho éxito entre los lectores. Por otro lado, Dios se fue de viaje fue seleccionada, por el crítico Sergio González Rodríguez, como una de las mejores novelas del año 2014.  En septiembre de 2017 publicó Jamás, nadie, sobre migración, racismo e intolerancia en México. Y en 2019, la editorial Aguilar sacó a la luz su libro Doble intención, una suerte de ensayo/juego literario/correspondencia junto con la escritora Ethel Krauze. En noviembre de 2020 publicó, nuevamente bajo el sello Alfaguara, su nueva novela/autoficción: Lo que no he dicho.

Actualmente publica una columna quincenal sobre cultura, literatura y los quehaceres del ser humano, en la revista Emeequis.

Rivas forma parte del colectivo Ojos de Perro contra la impunidad; una asociación civil conformada por periodistas, cineastas, fotógrafos, novelistas y músicos mexicanos con el objetivo de implementar proyectos de investigación, comunicación y docencia con enfoque temático en impunidad, desigualdad, corrupción, abuso de Derechos Humanos y grupos vulnerables, amenazas al medio ambiente y la violencia a partir de sus causas.

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