25 Instantáneas de Dulce María González o Quiero más gasolina6 min de lectura

Héctor Alvarado  

In memoriam (1958-2014)

1. ¿Eres defensora de la cultura blogger?

La dinámica del blog es un trozo de pastel para los narradores. Te construyes un personaje y él solito se encarga de interactuar con otros. Una delicia para los amantes de la ficción. Aunque algunos confunden las cosas y piensan que lo dicho por la otra, lo dijiste tú. De ahí el principal peligro que le veo: te puedes quedar sin amigos.

2. Lado hard y lado ñoño.

El lado hard es la manera tan intensa y dramática en que vivo mis fantasías, mientras afuera se enfría la sopa. El lado ñoño se refleja en la terquedad de permanecer allá, por la quinta nube.

3. ¿Hacia dónde va la generación de escritores a que perteneces?

No quiero ser dramática, pero creo que va hacia donde han ido todas las generaciones de escritores a lo largo de la humanidad: al pozo. Lo que suceda cuando estemos bajo tierra no me parece interesante. Por lo pronto, estamos aquí, en plena producción. Eso sí me interesa y me pone a trabajar.

4. ¿Eres metódica, caótica, inspirada?

Antes era una mezcla de todo eso, según el estado emocional en que anduviera. Desde que, por azares del destino, me convertí en trovadora provenzal, soy inspirada. Escribo por inspiración de un muso al que llamo “Sócrates”.

5. ¿Qué te ha marcado más: la literatura, el cine, la filosofía?

No sabría decir. Son mis tres pasiones. Me parece que el mundo literario, el de la imagen y el de las ideas, enriquecen la escritura. No priorizo a ninguno, a los tres llegué al mismo tiempo y soy una escritora muy fiel.

6. ¿Qué opinas de los Cánones? ¿Tienes uno personal?

Los Cánones se hicieron para romperse, para buscarles la grieta y escurrirse a través de ella. El problema es que algunos piensan que un Canon se puede romper sin conocerlo a fondo. Sobre el Canon personal, pienso que quienes nos dedicamos a la escritura tenemos uno muy íntimo, a manera de oráculo.

7. ¿A qué le guardas devoción y a qué desinterés?

Devoción: a los libros, las películas, las ideas brillantes.

Desinterés: a todo lo anterior en su versión comercial.

8. Miedo paralizante.

Perder a la gente que quiero, por neurótica, o perder el sentido de la escritura, por neurótica. A elegir.

9. ¿Te seducen las polémicas?

Sí, pero procuro contenerme. Por lo regular, son una pérdida de tiempo. En ocasiones no logro contenerme y me pongo a perder el tiempo con singular entusiasmo.

10. ¿Aceptas ser parte de una tradición?

Para empezar, de la tradición de la literatura occidental, y de ahí hasta la última singularidad de la cultura en la que me formé (que es muy rica, muy mezclada, muy amplia). Además, está mi tradición familiar, aunque ésta es más bien de carácter intelectual. Escribir fue para mí aceptar una herencia. Lo que hago con ella es cosa mía, claro.

11. ¿En qué Monterrey te formaste?

En el Monterrey del “Aquí vamos”, de la Facultad de Filosofía y Letras, del Centro de Escritores y de las cantinas a las que acostumbraban ir mis maestros, donde yo era algo así como la “colada” habitual.

12. ¿La academia o la libertad?

No me gustan los extremos ni las posiciones encontradas. Ando inventándome una tercera opción.

13. Escritores insustituibles y desechables.

A los insustituibles los traemos integrados a la escritura y ni cuenta nos damos, los desechables no suelen llegar muy hondo, se olvidan al otro día. Los nombres me los guardo, no me gustan las enumeraciones ni mucho menos las listas de autores.

14. ¿Persigues un lector ideal?

De hecho, hago unos esfuerzos tremendos por atraer su mirada. Es inteligente, sensible, informado, reservado. Siempre recibe mis palabras. Su actitud es crítica, pero nunca agresiva. Sus palabras me estimulan y sus silencios me matan.

Ya sé, idealizo demasiado a mi lector ideal. Hola, Sócrates.

15. ¿Eres espectadora o activista?

Soy espectadora activa, puesto que me interesa externar mi opinión acerca de lo que veo. Por otro lado, escribir a estas alturas del partido me parece ya bastante activismo.

16. Entre la voluntad de estilo y la voluntad de hacer justicia a la realidad ¿por cuál apuestas?

Le apuesto a la voluntad de ficción, me encanta inventar historias. Incluso en la vida diaria me da por crearme personajes y vivirlos. También me gusta aderezar lo que sucede al escribirlo o contarlo. La realidad real es bastante sosa.

17. ¿Qué opinas de los mitos?

Son mi debilidad. Suelo mitificar hasta a la escoba.

18. ¿Escribes cartas de amor?

Tomando en cuenta que soy trovadora provenzal, la respuesta es obvia. Es más, a eso me dedico. De hecho, acabo de terminar una de esas cartas, de 150 páginas.

19. ¿Tienes nostalgia del pasado?

Mmmm… A veces extraño mis años de nómada, cuando cargaba todas mis pertenencias en un backpack y me movía por el mundo como si de verdad existiera la libertad.

20. ¿Quemarías o rescatarías los libros que has escrito?

Los rescataría. Aunque me encantaría quemar Ojos de santa. Pienso que lo que escribes a través de tu vida eres tú misma. Quemar ese espantoso libro sería borrar una parte mía. Dejemos ese feo lunar con pelos en su lugar.

21. ¿De qué vives?

De puras actividades relacionadas con el arte y la escritura. Siempre estoy escribiendo en la computadora, o leyendo, o hablando en los talleres o en el salón de clases. Vivo de las palabras.

22. ¿La disciplina intelectual aleja de la creación?

En lo personal, me acerca a la creación. Moverme en el mundo de las ideas me pone a pensar, a imaginar, a fantasear. Si no fuera disciplinada en ese sentido, me sentiría hambrienta, falta de alimento.

23. ¿Qué te fastidia y qué te emociona de la vida cultural?

Me emociona ir a ver una película hermosa, por ejemplo, o asistir a una lectura y saludar a mis colegas, o ir a una obra de teatro el fin de semana. Me fastidian los chismes, procuro no escucharlos.

24. ¿Volverá la literatura social?

Desde mi punto de vista, toda la literatura es social. En cuanto a la literatura dogmática, comprometida, esa no creo que regrese nunca. Por si acaso, tengo encendida una veladora al santo de la sensatez, para que nos ayude a mantenerla lejos.

25. El escritor autodestructivo ¿vigencia o decadencia?  

Realidad. ¿Cómo evitarlo cuando andas todo el día rascándole al abismo? Aun así, siempre está la opción de inventarnos algún tipo de felicidad. A veces funciona.

Dulce Ma. González. Monterrey (1958-2014).

Narradora y ensayista. Estudió Letras Españolas en la Universidad Autónoma de Nuevo León. Fue coordinadora de talleres literarios y maestra de Literatura en la UDEM y en la Escuela de Teatro de la Facultad de Filosofía y Letras de la UANL; vocal en el área de literatura del CECA-Nuevo León. Coordinó el Centro de Escritores de Nuevo León de 2003 a 2005. Maestra de apreciación de las artes en la Facultad de Medicina de la UANL. Columnista de la sección cultural del periódico El Norte; colaboró también en El Porvenir y en las revistas Deslinde y Vida Universitaria de la UANL.

Obra publicada: Gestus, 1991. Detrás de la máscara, 1993. Donde habiten los dioses, 1994. Crepúsculos de la ciudad. 1996. Elogio del triángulo, 1997. Mercedes luminosa, 2005. Encuentro con Antonio, 2006. Lo perdido, 2014.


Imagen de portada: Tomada de Bookfaces UANLeer 2013.

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