25 Instantáneas de Fco. Javier Larios Medina o Vivo sin vivir en mí7 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

1.¿Hay escritores en tu familia?

No que yo sepa, pero sí hubo lectores apasionados y románticos empedernidos. De los primeros: mi madre y de los segundos: mi padre.

2.¿Por dónde empiezas?

Por mi madre que leía “poesías” constantemente. En lugar de cuentos infantiles o canciones de cuna para arrullarme, me leía obras de sus poetas preferidos en un libro casi sagrado para ella: El declamador sin maestro, en donde convivían almacenados los versos de Amado Nervo, Manuel Acuña, Salvador Díaz Mirón, Antonio Plaza, etcétera.

Por su parte, mi padre gustaba cantar a capella o canturrear mientras estaba en casa o hacía su trabajo de “pintor de brocha gorda”. Los boleros románticos y las canciones mexicanas de serenata y las rancheras eran sus preferidas. Verbigracia:

“…no te puedo decir lo que siento, sólo sé que te quiero un montón y que a veces me siento poeta y vengo a cantarte mis versos de amor…”

3.¿Existe poesía sin los poetas?

De principio creo que sí. La poesía pulula en la realidad que nos circunda en cuanto materia prima y sin procesar. El poeta se encarga de ubicarla, capturarla y procesarla en sus diferentes formas, proporciones y niveles. Sobre entendiendo que hablamos de lo “poético” como la categoría principal y esencial de todas las artes. Traducido esto a los versos de Efraín Huerta, podemos aseverar que: la poesía es una santa laica, liberalmente emputecida hasta el cansancio.

4.¿Cómo te hiciste profesor?

Un poco por azar y otro por necesidad. Al egresar de la licenciatura de filosofía (1982), me vi en la necesidad de buscar trabajo, pero aquí en Morelia, la investigación filosófica en esa área era casi nula y en la docencia de la filosofía no había vacantes, salvo algunas suplencias de materias literarias en las preparatorias. Así que, sin el perfil formal o necesario, me inicié en el azaroso destino de la enseñanza literaria armado nada más con el cúmulo de lecturas que había realizado a espaldas de mis estudios de filosofía. Las carencias en didáctica las fui subsanando paulatinamente con el ejercicio práctico y cotidiano ante grupos de jóvenes bachilleres. Eran días de mucho entusiasmo e ingenua credulidad en la enseñanza.

5.Cinco libros que te marcaron.

No sabría decirlo con precisión. Nunca tuve libros ni autores de cabecera. Leí ávida y desordenadamente toda obra literaria que caía en mis manos. Neruda, Sabines, Francisco Elizalde, Pacheco, Paz, Max Rojas, Huerta, Bonifaz Nuño, Margarita Paz Paredes, Rosario Castellanos, Concha Urquiza, García Lorca, Miguel Hernández y los narradores del Boom, algunos clásicos y pocos poetas mexicanos de mi generación o cercanos a ella; Marco Antonio Campos, Efraín Bartolomé, Jorge Bustamante, Gaspar Aguilera, Luis Ortiz, Neftalí Coria…

6.¿Te sientes parte de una tradición?

Solamente en la medida en que ella me ha alimentado. No entiendo ni puedo asimilar la vanguardia sin el legado de la tradición. El pasado literario es indispensable para comprenderme y crear el presente, en el presente. No contemplo el futuro, porque cuando escribo no pienso para nada en ello. Sin embargo, el pasado, nunca es pasado, siempre me está ubicando y reconstruyendo en el momento actual.

7.¿Los jóvenes son una lata?

Si y no. Lo son cuando son irreflexivos e intolerantes y le apuestan exclusivamente a la improvisación y al desmadre por el desmadre mismo. Cuando rechazan el trabajo y el rigor con disciplina. Lo son cuando el facilismo y el desprecio a la otredad son su única postura y arma de lucha. O cuando se venden a las ideologías pragmatistas en cómodas mensualidades y altos intereses. Claro que estas son las excepciones, generalmente los jóvenes están fuera de mi visión misántropa del mundo.

8.¿Te irías a vivir a otro país?

No lo creo, tal vez… Solamente que me viera en la suma necesidad. 

9.¿Estás con el formalismo o con la ruptura?

Estoy con ambos, sin estar del todo con ninguno. Me la paso bailando en la cuerda floja tratando de guardar el equilibrio. Entre la espada y la pared, entre el rescate y el naufragio.

10.¿A qué hora escribes?

No tengo una hora fija o predilecta. A cualquier hora en que se me prende la mosca en la oreja o en la que bajen las remisas y clandestinas musas a visitarme. Depende de cómo amanezca el horno para los bollos.

11.¿Tienes buena voz?

Mi timbre no es tan malo, pero si lo fuera, de todos modos cantaría mis canciones en las barcas y en las bancas. Yo no canto por cantar ni porque mi voz sea buena…

12.¿Ha valido la pena?

¡Claro! en todo esto siempre he tenido más gloria que pena. La poesía ha sido uno de los mejores alicientes y elíxires para seguir vivo y sin enloquecer del todo. (Me refiero a esa otra locura malsana y destructora que amenaza con engullir a la humanidad).

13.¿Te juntas con otros escritores?

Mmmmm, lo hice durante mucho tiempo. Ahora prefiero leer o escribir más…

14.¿Tienes buena relación con el alcohol?

De joven nunca supe beber, en dos por tres terminaba en las fiestas o reuniones alcoholizado haciendo barbaridad y media. Ahora, sin tenerle miedo, lo tomo con cautela y me la llevo calmada, pian pianito, guardando la distancia.

15.¿Trabajas con la idea de un libro o va saliendo?

Casi nunca me nace un libro prefigurado. No creo en la filosofía de la composición como dogma absoluto. Me gusta que el azar se introduzca jugando con mis textos, creando así nuevos órdenes y volviendo a desordenarlos. Esto es totalmente ajeno al rigor de la escritura, es la etapa del post parto.

16.¿Corriges mucho, poco, nada?

A veces, cuando el texto es breve y la idea precisa, no corrijo. Otras, si no encuentro las palabras adecuadas, lo guardo como borrador para después trabajarlo, incluso pegado al diccionario. Cuando ha pasado mucho tiempo y vuelvo a borradores casi olvidados, me veo en la necesidad de reescribirlo casi por completo, en fin…cada texto pide su propio tratamiento. Aquí la casuística impone su dictadura.

17.Cinco libros para llevar a la isla desierta.

En mi horizonte ya no hay islas desiertas, solamente un hambre insaciable por devorar los muchos libros que espero leer. Tengo ansiedad por deleitarme lentamente en el goce de la literatura que me falta. Y son demasiados los libros que me esperan.

18.¿Qué te han enseñado los alumnos?

Que la eternidad existe y se llama juventud. A quitarme el traje de la solemnidad, sin dejar de ser serio. A reinventar mi propia utopía…a no dramatizar en demasía…En fin, a disfrutar del concierto con la música que llevo dentro.

19.¿Qué opinas del reggaetón?

Lo escucho poco y me cansa pronto.

20.Si no hubieras sido escritor serías…

Sepulturero o quizá vendedor de biblias…

21.¿Eres un lector voraz?

Sí, con todos sus agravantes.

22.¿Crees en la reencarnación?

Por ahora no, pero me gustaría creer.

23.Comida favorita.

Soy garnachero de nacimiento, sin embargo, los tacos son mi delirio. Tacos en todas sus ricas variedades, siempre y cuando, los ingredientes estén bien sazonados y complementados con una salsa fabulosa. Por otro lado, no le hago el feo a ningún platillo, porque el hambre es canija, pero más el que la aguante.

24.¿Cómo fue tu niñez?

Llena de necesidades y privaciones materiales. Pero rica en vivencias y afectos.

25.¿Le entras a la grilla?

Paso. Las pocas y amargas experiencias, me enseñaron a negarme y no volver a caer en tentaciones maquiavélicas.


Francisco Javier Larios Medina (Zamora, 1957)

Estudió filosofía en la UMSNH. Ha publicado poesía, ensayo y cuento. Ha ejercido la docencia de la literatura en el bachillerato y actualmente es profesor en la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana. Ha publicado, entre otros, los siguientes títulos: Variaciones sobre una misma obsesión (y otras bagatelas); Poesía ociosa: en tres descansos; Improvisaciones de la ira; Limantría; Poemas sin pájaros, y La alegría enferma. Su obra más reciente es la antología: Muestra centenaria de poetas nicolaítas (2017).

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