25 Instantáneas de Federico Vite o Todo me habla de amor, el aire, la roca y la flor7 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

1. ¿Alguien te enseñó a escribir?

No. Me enseñaron a leer y eso fue esencial. Después yo me encaminé solito.  

2. ¿Eres tranquilo o acelerado?

Acelerado.

3. ¿En tus libros hay más realidad que ficción?

Digamos que se trata de 90 por ciento poliéster y diez por ciento poesía.

4. ¿Por qué mueren tantos personajes?

Tienen mucha prisa por irse de Acapulco. Aunque también creo que es una forma de mostrar el valor que profesan mis personajes por la vida.  

5. ¿Te has puesto en peligro por lo que escribes?

Como reportero tuve un percance grave en Puebla que puso en riesgo mi vida. Como narrador ocurrió algo en menor grado; pero grave también. Digamos que me cerraron las puertas de las editoriales poderosas del país, aún las tienen cerradas para mí, cuando apareció Fisuras en el continente literario. Me lo han hecho saber de múltiples maneras. Por ejemplo, ¿has visto reseñas de algunos de mis libros en los suplementos culturales de la CDMX? Pero lo  importante de este asunto es que la República de las Letras tolera que hables de todo, menos que critiques al medio de escribanos, publicistas y carroñeros del mercado editorial. Ahh. Olvidaba algo. Hace un año critiqué en uno de mis artículos los usos del erario público de Acapulco para la organización de la Feria de Libro Internacional y Popular Acapulco, a cargo de Brigada para leer en libertad A.C., y el actual director del Fondo de Cultura Económica, Paco Ignacio Taibo II, publicó en el portal de esta institución una nota escrita por un poeta acusado de violar a su suegra, Jeremías Marquines, obviamente firmada con pseudónimo, en la que me denostaron hasta saciarse. Tanto en redes sociales como en persona recibí centenares de ofensas. Exigí mi derecho de réplica en el portal electrónico pero no lo permitieron. Obviamente tuvo repercusiones esa calumnia mediática; me sacaron de algunos programas literarios y me retiraron una invitación a una feria del libro. Con esto, insisto en lo dicho: la República de las Letras tolera que hables de todo, menos que critiques al medio de escribanos, publicistas y carroñeros vigentes en el mercado editorial. Es como si estuvieran cortados con la misma tijera, nomás que unos le dan para la derecha y otros para la izquierda.

6. ¿Qué música sueles escuchar?

Después de pasar las consabidas etapas de jazz, de rock, de soul, de funk, de cumbia, de bolero (nunca trova, por cierto), estoy clavado en el house. Música electrónica, básica y puramente.

7. Cinco filmes que te hayan cautivado.

No orden de importancia, pero sin duda pienso en seis películas.

Ladri di biciclette, de Vittorio De Sica.

Una giornata particolare, de Ettore Scola.

8 1/2, de Federico Fellini.

La Haine, de Mathieu Kassovitz.

Sunset Boulevard, de Billy Wilder. 

Synecdoche, Nueva York, de Charlie Kaufman.

8. ¿Has tenido que reescribir algún manuscrito?

Sigo en ello. En 2002, durante una tormenta eléctrica, se quemó mi computadora y con ello una novelita sobre la Guerra Sucia. Ese libro lo intento reescribir constantemente, porque lo enfoqué como una historia de terror, gore, etc. Insisto: sigo en ello.

9. ¿Te sientes más cómodo en el cuento o en la novela?

En la novela. El cuento es mucho más exigente. Celoso y posesivo el cuento. La novela me deja respirar un poco.    

10. ¿Hay épocas en las que lees más y escribes menos?

Siempre leo más de lo que escribo. Siempre. Lo hago por placer, por curiosidad, por morbo, por tristeza. Me agrada leer; mucho más que escribir. Hay épocas en las que no escribo, pero siempre leo. De hecho, creo que soy más lector que escritor.

11. ¿Es posible la autocrítica?

Sin duda. Es como un deporte extremo, como llorar, porque solo beneficia a quien la ejerce. Claro, externar opiniones sobre otros siempre es un deleite, porque en el fondo hablamos de nosotros.

12. ¿Tienes los finales antes de empezar?

Nunca. Regularmente me doy el tiempo para encontrar los finales. Aunque siendo honesto, también tardo en arrancar los textos. Suelo tener claro el conflicto y desde ahí parto. Es decir: soy una especie de narrador nuclear.  

13. ¿Se aprende de los malos libros?

Muchísimo. Obviamente aprendo a no repetir las estupideces que generosamente brindan los otros, ya sean reconocidos autores o bisoños que se asoman al continente literario con padrinos, dinero y bluff.

14. ¿Ya te aventaste desde La Quebrada?

Desde los primeros cinco metros, sí. Ahora voy más seguido allá. Dejamos los restos de mi padre en esa parte de Acapulco. Es, básicamente, mi capilla. Al final de todo, sé que terminaré aventándome desde los riscos. 

15. ¿Son indispensables las instituciones?

No. Son necesarias para administrar riqueza,  porque la hay, pero en México fungen como meros indicadores de pobreza, como el departamento de relaciones públicas de los políticos.  

16. ¿Eres fan de alguna gastronomía?

Profeso una religiosidad por la gastronomía del sur italiano. 

17. ¿Has robado libros?

Muchísimas veces. Aún conservo algunos de esos ejemplares. 

18. ¿Demasiadas becas literarias en México?

Tenemos demasiados pobres y muchos miserables; pero no considero que haya demasiadas becas.

19. Si pudieras ser alguien más ¿serías…?

Músico. Sin duda sería Tim Bernhardt, integrante del proyecto Satin Jackets.

20. ¿Misántropo, sociable o de plano fiestero?

Digamos que un antisocial que suele ir a las fiestas.

21. ¿Entras y sales de la poesía?

Con recurrencia y con asombro. Trabajo en un poemario; de hecho, ya casi lo acabo.

22. ¿Qué estás escribiendo ahora?

Dos artefactos: un poemario y una novelita de 400 páginas que va cobrando forma, tono y gracia. 

23. ¿Qué opinas de los géneros literarios?

Son camisas de fuerza que ayudan a no desbordarnos. Me agrada mucho la idea de jugar con ellos. Son esenciales, como el lego, para crear imágenes portentosas, pero no hay que tomarlos muy en serio.

24. ¿Coleccionas algo?

No. Admiro a quien lo hace; por ejemplo, hace algún tiempo yo coleccionaba anécdotas de borrachos. Dejé de beber y ahora pienso poco en ello, pero sé que es puro conocimiento que solo sirve mientras uno bebe. Una maravilla. Se trata de la belleza del instante.    

25. ¿Por qué Acapulco?

Es una gran pregunta que intento responder en cada libro. He publicado trece volúmenes, un poemario, cinco novelas y siete libros de cuento. Tengo en el cajón nueve libros más. Todos ellos están flechados por Acapulco. Yo crecí acá; con la mayoría de edad, digamos, me fui. El chiste es que regresé de nuevo en 2015. Estuve dando vueltas por el mundo y empecé a escribir sobre Acapulco. Anclé sentimentalmente en una geografía que ya no existe, escenarios que solo perviven en mi memoria y me producen, como respuesta a la nada, la necesidad de recrearlos para establecer una armonía existencial. Escribir sobre Acapulco es un acto de justicia poética. El realismo sucio, la narrativa policial, el noir, el humor negro, la plenipotenciaria injusticia, acá todo eso es costumbrismo. Este puerto me impone retos para hablar de él, para agrandar mis resonancias literarias. Acapulco es mi tema, pero no es el sitio adecuado para vivir. Habito una paradoja tratando de entender mi Zeitgeist tropical.

Federico Vite (Apan, Hidalgo, 1975).

Radica en Acapulco. Ha publicado las novelas Bajo el cielo de Ak-pulco, Carácter, Parábola de la cizaña, Los traidores son deliciosos y Fisuras en el continente literario; también es autor de los libros de cuento Como un ruido de grandes aguas, Zeitgeist tropical, Cinco maneras de incendiarse, Carne de cañón, Le freak c’est chic, De oscuro latir y Entonces las bestias. Parte de su obra ha sido traducida al inglés, francés, italiano y árabe.

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