25 Instantáneas de Julián Herbert o Preferiría no hacerlo9 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

1. ¿Relees tus libros publicados?

Antes lo hacía todo el tiempo, últimamente no. A veces releo algo que escribí hace mucho si alguien que quiero o admiro me dice que acaba de leerlo. Lo que sí releo y corrijo obsesivamente es lo que estoy escribiendo.

2. ¿Te prendes fácil o aguantas carrilla?

Si medité y fui al gimnasio, soy un Selther: me puede pasar una pinche aplanadora por encima. Si no, batallo un poco más. En cualquier caso, aguanto más carrilla ahora que cuando bebía.

3. ¿Los escritores servimos para algo?

A mí me han servido un chingo: me enseñaron a beber y a dejar de beber, a respirar y a ganar dinero, a coger, a pensar, a escribir, a viajar, a abrocharme los zapatos. Me enseñaron a ser frágil sin quebrarme por completo. Me sacaron de mi barrio y me regalaron un álbum de estampitas del paraíso. No puedo hablar por el resto de la humanidad, pero yo sin los escritores a los que leo sería una criatura tristísima.

4 ¿Hay angustia cuando terminas un libro?

Hay más angustia cuando se publica. Las presentaciones, echar choro, contestar entrevistas, tener que leer las reseñas (positivas o negativas, inteligentes o mezquinas y tontas); todo eso. Terminar de escribir un libro me resulta, más que angustiante, un poco triste. Como cuando te despides de alguien y no estás del todo seguro si lo volverás a ver. En cambio, publicar es como cuando estás despidiéndote de un viejo amor y, justo en el momento más cursi y con música de violines, aparece el mesero para traerte la cuenta. Tampoco es que sea lo más horrible del mundo: me gusta tener lectores, así que si me traen la cuenta, pues la pago. Pero sí es angustiante.

5. ¿Hasta dónde llegarías por amor?

¿Viste Marriage Story?… Me dejó atravesado porque se parece mucho a la relación que tengo con mi ex mujer y mi hijo menor. Me casé de nuevo hace cuatro meses, adoro a mi esposa, nos conocemos desde hace veinte años, fue mi alumna y luego fuimos más o menos enemigos, luego fuimos amigos, luego fuimos novios y ahora somos familia y compañeros de baile. Estuve tres meses internado en una clínica pre-psiquiátrica por amor. Me he enamorado cinco o seis veces en la vida y en cada una de ellas he tenido que prenderle fuego a todo lo que estaba detrás. A todo: el trabajo, las drogas, el dinero, la propiedad privada, la literatura… Y luego he tenido que volver sobre mis pasos para reconciliarme con las cenizas. Tengo una hija adoptiva adolescente y dos hijos adultos, a uno logré recuperarlo y al otro no, tengo un nieto de cinco años: soy un abuelo joven. Lo dijo mejor Bob Dylan: “If you don´t believe there´s a price for this sweet paradise / Just remind me to show you the scars.”

6. Una palabra para las siguientes palabras:

Violación: Suéltalo.

Nobel: Suéltalo.

Hijo: Suéltalo.

Camino: Vamos.

Periodista: Sylvia.

7. ¿En lugar de escritor te gustaría haber sido rockstar?

¿A quién no?

8. ¿La poesía es tu apuesta mayor?

No sé si apuesta sea la palabra. Uno apuesta con las probabilidades, y para mí la poesía no es probable sino fatal. Lo que me enseñó el zen es que la disciplina espiritual y la disciplina poética son idénticas: la única manera de trascender el mundo de los signos es atravesándolo. Lo que uno hace cuando escribe versitos es intentar aprender a respirar, hasta que logras aprender a respirar en silencio. Pero eso está todavía muy lejos para mí. (E-vi-den-te-men-te, jajaja.)

9. ¿Cuánto le debes al desierto y cuánto al mar?

El mar es el desierto. O mejor: a ambos les debo lo mismo, que es su condición de extremo, su vocación fronteriza y una influencia extraterritorial: el inglés acapulqueño y texano que aprendí a medias sin haberlo estudiado nunca, que es mi segunda lengua natural (aunque la hable mal y la escriba peor) y que fue desde la infancia mi idioma secreto de resistencia al imperio. Porque para mí, que soy un escritor provinciano recalcitrante, el imperio no era Estados Unidos: el imperio era el español literario de la Ciudad de México.

10. ¿Te sientes atado por el éxito editorial?

Me gano la vida gracias a haber tenido cierto éxito editorial. Eso no es poca cosa: me dedico a un oficio súper demandante y competitivo, lleno de envidias y escrutinios e intromisiones en la vida privada, y que sin embargo paga muy poquito dinero, y que cuando te da dinero hace que la mitad de tu gremio te tache de vendido u oportunista o corrupto. A lo mejor no me siento atado por el éxito editorial porque tampoco he tenido tanto: apenas lo suficiente como para dedicarme a escribir de tiempo completo sin tener que mudarme de Saltillo.

11. ¿Eres competitivo?

Sí, carajo. Mucho más de lo que quisiera.

12. ¿Supersticioso?

Dice Mircea Elíade (lo estoy parafraseando) que el hombre puede prescindir de la magia o de la fe, pero no de las dos. Yo prescindí de la fe durante muchos años, y últimamente he preferido abrazar la fe y prescindir de la magia. Así que no: no soy supersticioso. Pero leo, por ejemplo, el tarot. Todas las mañanas. Lo que intento decir es que los instrumentos de la superstición y los instrumentos del conocimiento son muchas veces la misma cosa.

13. Cinco bandas que viven en tu corazón.

Uf, no: Pixies, The Clash, Nine Inch Nails, Led Zeppelin, Red Hot Chili Peppers: esos viven en el penthouse. Y muchos solistas: David Bowie, Patti Smith, Lou Reed, Peter Murphy, Bruce Springsteen. Tengo corazón de condominio para todo, menos para el rock: para el rock tengo corazón de megalópolis.

14. ¿Sacarías de circulación alguno de tus libros?

No, ¿para qué? Ellos solitos van a ir saliendo de circulación cuando les toque. Aunque eso sí: nunca regalo ni pretendo reeditar ninguno de mis tres primeros libros.

15. ¿Tenemos remedio los mexicanos?

No.

16. ¿Cómo les va a los cuentos de Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino?

En noviembre de 2020 va a salir en Graywolf Press la preciosa traducción al inglés que hizo Christina MacSweeney, así que creo que les está yendo bien.

17. ¿Volverás a la novela?

Estoy escribiendo una novela. La acabo de empezar, llevo apenas un capítulo.

18. ¿Vives en el tiempo correcto?

Voy a cumplir cincuenta años y estoy recién casado, corro seis kilómetros diarios, trabajo cinco horas diarias en mi casa, bajé 40 kilos de peso en el último año y medio. Vivo en el mejor de los tiempos posibles.

19. ¿Fanático de algún deporte?

“Hinchas de Tigres, ¿cuál es su profesión?” “La U, la U, la U”. Soy de Tigres desde antes de que empieza mi memoria. Últimamente también sufro en la NFL con los Santos de Nueva Orléans: es el equipo de Sylvia, mi mujer, y cuando uno se casa tiene que ponerse la camiseta del otro.

20. Pitoniso: ¿Perdurará el lenguaje incluyente?

Sólo en la medida en la que perduren las desigualdades: “Palabras para camuflar la ausencia de hechos”, decía Tsvetan Todorov. La condición que me aburre del lenguaje incluyente es su inherente fealdad y su lógica ingenua: es una concesión superficial, un poco chata de poesía. La diversión -para mí- estaría en desmasculinizar la escritura -o mejor aún: transgredir su género- desde la raíz, con herramientas verbales que están disponibles, sin violencia ni alharaca (como he intentado hacer en casi todas las oraciones de esta respuesta, si te fijas).

21. ¿Cómo pones tus títulos?

Depende del libro, pero casi siempre tengo títulos disponibles. Escribo en muchas libretas. Tengo una libreta donde anoto premisas narrativas, otra de recuerdos, otra de proyectos pendientes, otra de inscripciones para camisetas… Y tengo una libreta donde anoto títulos probables. A veces me sirven para cosas mías, a veces los regalo a alguien más para sus libros o artículos o eventos, a veces pruebo varios títulos en un solo proyecto hasta dar con el bueno… Titular es un género literario en sí mismo, así que procuro practicarlo como todos los demás: dedicándole tiempo, estudio, lectura, corrección, etcétera. Y a veces un título nada más estaba ahí: escribí un libro sobre una masacre de chinos en Torreón y el estadio de fut de Torreón se llamaba “La casa del dolor ajeno”; el balón estaba frente a la portería, nomás había que empujarlo tantito. Y a veces, finalmente, no encuentro el título y alguien más lo piensa por mí: Canción de tumba no es mío, me lo regaló Andreu Jaume.

22. ¿Te ha tentado la política?

No. Trabajé catorce años en la burocracia cultural. Al principio lo hice por convicción, pero después salí de ahí horrorizado y curado de espanto.

23. ¿Has vivido fuera de México?

No. He pasado la mayor parte de los últimos cuarenta años entre Monclova, Monterrey y Saltillo.

24. ¿Formas parte de una tradición?

Por supuesto. Soy un hijo predilecto de T. S. Eliot, Billy Wilder, el punk, el vallenato y los vampiros.

25. ¿Y si reeligen a Trump?

Twitter y Estados Unidos seguirán siendo por un rato lugares miserables, como si alguien estuviera día y noche tirándose pedos en ellos. Y después ya no, y listo. Me preocupa menos el triunfo de Trump que la inhumana violencia correctiva contra las mujeres que se practica en México como respuesta al feminismo radical. Ese sí me parece un tema pragmático del que tengo que hacerme responsable de inmediato y en la medida de mis alcances.

Julián Herbert (Acapulco, 1971).

Es autor de los libros de poemas El nombre de esta casa (1999), La resistencia (2003), Kubla Khan (2005), Pastilla camaleón (2009) y Álbum Iscariote (2013); de las colecciones de ensayos Corazón de boina verde (2007), Caníbal. Apuntes sobre poesía mexicana reciente (2010) y El borracho que se cree invisible (2014); de las novelas Un mundo infiel (2004) y Canción de tumba (2011); de los libros de cuentos Cocaína (manual del usuario) (2006) y Tráiganme la cabeza de Quentin Tarantino (2017); de la crónica histórica La casa del dolor ajeno (2015), y del volumen de relatos sin ficción Ahora imagino cosas (2019). Obtuvo el Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen, la Presea Manuel Acuña, el Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola, el Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez, el Premio Jaén de Novela y el Premio Iberoamericano de novela Elena Poniatowska. Algunos de sus libros están traducidos al inglés, francés, portugués, italiano y alemán. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte y vocalista del grupo de rock Los Tigres de Borges.


Imagen de portada: Retrato de Julián Herbert por Eli Vázquez Sifuentes

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