25 Instantáneas de Luciano Campos o Al ver a las muchachas hay que quitarse el sombrero14 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

1. ¿Satisfecho con lo que has publicado?

Sí. Lo mío es la ficción, y más la novela, el relato largo. Llevo dos, y escribir cada una es un proceso de meses y años. He escrito libros con temas de no ficción, pero me gusta más crear. Tengo algunos cuentos. Soy rápido escribiéndolos. Pero gozo más el proceso de bordado paciente de una novela. Un texto largo es mucho más difícil de publicar, en mi caso, que no tengo nombre, pero el resultado es satisfactorio, independientemente de lo que tarde en editarse. Así que, me gusta mi inventario.

2. Tus cinco escritoras favoritas.

Taylor Caldwell

Patricia Highsmith

Marguerite Yourcenar

Ana María Matute

Marguerite Duras

3. ¿Hay un libro que te haya marcado?

Demian, de Hermann Hesse. Lo atrapé en la época de la preparatoria. Vivía en ese tiempo adolescente atormentado por el futuro incierto, y cuando conocí a Emil Sinclair me di cuenta que no estaba solo, que había alguien que estaba pasando por lo mismo que yo. Él me entendía. Desde entonces, Sinclair y Max Demian me han acompañado toda la ruta.

4. ¿Tienes un proyecto que no has podido terminar?

Varios. Empecé una novela sobre un joven periodista, proyectadísima. Pensaba escribir algo de corte juvenil, pero Lety Herrera me recomendó que escribiera sin etiquetas. “Haz literatura y ya. El libro solo va a encontrar sus lectores”, me dijo sabiamente. Lo dejé empezado, pero la voy a retomar.

5. El periodismo ¿cuándo, cómo?

Tengo 32 años de reportero y todavía no estoy seguro por qué trabajo en esto. Cuando empecé ni siquiera sabía que quería dedicarme a eso. Pero inconscientemente tendí muchos puentes para vivir escribiendo. Y aquí estoy. Sospecho que hago periodismo para explicarme el mundo. Reporteando sacio mi curiosidad y me obligo a entender lo que pasa a mi alrededor. Cuando me acusan de morboso, respondo que lo mío es interés periodístico. Además me da para vivir y me gusta que me lean.

6. ¿Y la narrativa?

Escribo ficción para sorprenderme, como si me contara chistes en el espejo. El mundo es un desatino, porque nuestras vidas están incompletas. La mía es bastante aburrida. Escribiendo satisfago ese apetito de aventuras que tiene mi imaginación. Me convierto en el Pirata Cojo, el de Sabina, y soy las personas que quiero. Pero si digo que vivo más hacia el interior, sueno bastante mamón, porque significa que me consideró muy espiritual y que desdeño los asuntos mundanos. Por eso solo digo que adoro crear nuevos universos a través de la palabra. Bah, terminé sonando mamón.

7. ¿Aguantas la crítica?

Totalmente. El periodismo que escribo es de vocación crítica. Además publico crítica de cine. Me la paso criticando gente. No soy guerrillero de Facebook. Mi forma de participar en el debate público es reporteando. Mis inquietudes las vierto en forma de notas críticas en los medios para los que trabajo. Entonces, es justo que aguante cuando me reprochan por lo que escribo. Cuando publico cinecríticas, en redes sociales recibo decenas de comentarios de los internautas. La mayoría me considera un asno, un lisiado para este asunto de las reseñas. Leer esto me divierte. Hay mucho encono gratuito, pero nunca respondo. El otro día me entrevistó una estudiante sobre mi trayectoria de reportero. Cándidamente le hablé de quién era pero, sobre todo, me puse didáctico y le mencioné algunos de mis trompicones en el periodismo. Error. La chica publicó en un medio impreso la entrevista sin avisarme, y transparentó mis resbaladas. Fue muy penoso. Pero guardé silencio, pensando en tantas veces que mis textos habrían hecho sentir mal a alguien. Tragándome el sapo equilibré mi universo.

8. ¿Cuáles son tus pasatiempos?

Cine, futbol, literatura y música. En cualquier orden. Practico todos, menos la música. Soy técnico en cinematografía, escribo crítica de cine y guión de corto y largo. Estoy en un equipo futbolero de rucos, y disfruto mucho tirando polilla en el campo. Soy aficionado de Tigres y veo los juegos con matraca y cerveza. Y, por lo que se refiere a la literatura, soy pentatleta de géneros. Vivo frente a un teclado. Pero para la música estoy negado. Una de mis mayores tragedias personales es no saber tocar un instrumento. Daría un dedo meñique por tocar la guitarra, de perdido. De chavo vivía en una ciudad fronteriza. Un día me propuse aprender a tocar el saxofón y compré uno, que remató un músico. Sonaba bien. Pero resultó que en el pueblo no había quien enseñara a tocarlo. Al mes se me quitaron las ganas de ser heredero de las glorias de Charlie Parker, y terminé por arrumbar el dorado instrumento de factura alemana, que luego regalé a un compa que sí le sabía.

9. Cinco películas esenciales.

Taxi Driver, 1976, Scorsese

Smoke, 1995, Wong

El Callejón de los Milagros, 1995, Fons

Once upon a time in América, 1984, Leone

The Wild Bunch, 1969, Peckinpah

10. ¿Hasta dónde conoces a tus personajes?

Poco. Les encuentro nombre y fenotipo, pero dejo que se desenvuelvan en el relato. Adoro que me sorprendan. Lo decía Rulfo: hay que soltar a los personajes dentro de la historia para que tomen su camino. Así me gusta escribir, dejando que esos desconocidos crezcan, se transformen y se deformen. Lentamente los voy descubriendo, enterándome de quién es un santo y quién un canalla. Es muy complicado darle tridimensionalidad al personaje. Cuando hago la escaleta de la novela, planeo que los personajes vayan de la A a la B, pero nunca terminan en el destino que les he trazado. Algo les ocurre en el camino que, afortunadamente, los hace extraviarse y terminar en lugares insospechados, traicionándome e ignorando el plan que había hecho para ellos.

11. ¿Cómo te preparaste para escribir El cóncord negro?

Con las armas del periodismo. Fue una buena mezcla de ficción y no ficción. Hubo un intento de atentado en la Cumbre de la ONU en Monterrey. Nadie lo supo. Había buen material. Era como El día del Chacal acá, de este lado.  Por puro gusto puse a la ciudad en el centro del mundo y a un policía de Nuevo León como el muchacho de la película. Me documenté mucho y salió un guión que, por ser caro, espera pacientemente un productor.

12. Un palabra para las siguientes palabras:

Macho – inseguro

Fútbol – sorpresa

Obrador – mesías

Control – angustia

Futuro – bienvenido

13. ¿Has tenido problemas por tu trabajo periodístico?

No. He publicado información caliente, de inseguridad, pero no ha recibido amenazas directas. Ocasionalmente yo me he metido en problemas por lo que publico, pero es parte de la naturaleza del oficio. Es sorprendente la cantidad de personas que leen y que son afectadas por lo que uno escribe. Me pasaba que cuando publicaba algo del narco, durante la crisis de inseguridad del sexenio de Calderón, me ponía muy nervioso. Veía acechanzas en todos lados. Espero que no regresen a Monterrey esos tiempos aciagos para la sociedad y para los periodistas.

14. ¿Eres metódico?

Sí, pero sólo en mis cuestiones creativas y profesionales. Hago escaletas, verifico datos, tengo el escritorio en orden, me apego a los horarios. Pero en mis asuntos personales no llevo agenda, ni programo actividades. Soy un metódico bastante estándar.

15. ¿Te irías a vivir  al extranjero?

Ya me fui, de joven, y no me gustó. Difícilmente me iría ahora, de viejo. Me reconozco como un animal de costumbres y querencias. No me seduce empezar la formación de nuevos afectos, otros círculos de convivencia. Me gusta estar en mi rancho regiomontano, con mi familia, amigos y compañeros de trabajo. Adoro las carnes asadas los domingos, las borracheras con mis cuates, apagar en familia velas de cumpleaños. Me fascinan los viajes, conocer otros países, pero siempre aseguro el boleto de regreso.

16. ¿Qué guion te hubiera gustado escribir?

Mataría por haber escrito un episodio de la serie Mad Men. Me torturo pensando por qué no se me ocurrió Media Noche en París, antes que a Woody Allen. Me enfurece saber que anda por ahí la excelsa Things to do in Denver when you’re dead (Asuntos pendientes antes de morir), y que nunca voy a poder igualar los diálogos que hizo ahí Scott Rosenberg.

17. ¿Qué papel juega la memoria?

La memoria lo es todo para mí, en el proceso creativo. El disco duro de mi cabeza está lleno de datos inútiles, de montañas de desechos informativos, como basura cognitiva que, sin embargo, a la larga, me es útil como material reciclado de la imaginación. A mis alumnos de clase de guión de cine las digo que, como escritores, tienen qué ser coleccionistas de imágenes, diálogos, sonidos, olores, de todo. Échense todo al morral. Para el escritor no hay experiencias malas. Las peores pueden ser las mejores, para un texto. De las percepciones y de la buena observación se alimentan las historias. Tengo muy mala memoria a corto plazo, pero recuerdo muy bien el incidente del plato que mi madre tumbó de la mesa cuando yo tenía cuatro años. Quienes conviven conmigo reconocen, en mis textos, retazos de la historia de mi vida. Soy pepenador de momentos.

18. ¿A qué hora lees y a qué hora escribes?

Por lo general leo en la noche, cuando termina la jornada laboral. Pero hay libros con los que me envicio y no puedo soltarlos. Me pasó, hace un par de años, con Los Asesinos del Emperador, de Santiago Posteguillo. Me fumé mil 324 páginas en cuatro días. Y escribo a todas horas, entre notas. Redacto las noticias de a diario, y me doy tiempo para ir avanzando en el texto literario en turno. Tengo qué aislarme, para mis ficciones.

19. ¿Al escribir te conviertes en otro?

Los personajes son mi avatar. Me convierto en ellos. Cuando escribo y entro en el trance, cruzo al otro lado. Algunos escritores dicen que, en su momento de creatividad, entran a la zona; otros dicen que sale el duende, o que entran en estado flow. Yo voy al otro lado. Ingreso en ese lugar geográfico y sensorial donde ocurren las peripecias de los personajes, y me meto bajo su piel. Recuerdo muy bien que cuando escribía El Paria Mexicano, alguien me interrumpió. Pegué un salto, en el asiento, porque en ese preciso instante el personaje iba corriendo por el bosque escapando de sus perseguidores. Yo era el perseguido.

20. ¿Quién o quienes te han influido?

Mario Vargas Llosa. Me conmueve su devoción hacia la ficción, la creación de historias y la lectura. Me hechiza cuando habla de la fantasía. Me he apropiado de su forma de ver la literatura como un elemento que nos salva, que nos defiende contra las dictaduras y que nos hace prosperar como personas, haciéndonos ensoñar en un mundo mejor. Me refiero a Varguitas el escribidor, no el político.

21. ¿Amiguero?

Soy de amistades largas, y soy el mejor amigo de varios. Conservo amigos de la primaria y del barrio. Mis cuates me buscan, así que creo que me he desempeñado bien como camarada. Saben que mi pecho sí es bodega y que no me peino. Siento tristeza por los que se refieren a sus amigos y hablan de la cantidad de los dedos de su mano. En lo particular tengo un buen de amigos, y me gusta pensar que me junto con gente interesante. Mis amistades son uno de mis principales activos afectivos.

22. ¿Sabes prender un buen carbón?

Soy pésimo. Gasto medio litro de aceite para hacer una brasita. Soy la deshonra de la familia. Tampoco sé distinguir entre flechitas, sirloin y costillas o Rib Eye y bistec del 7. Para mí comer es un trámite. Una vez llevé a una carne asada unos paquetitos de pulpa negra. El episodio se convirtió en un clásico de las reuniones dominicales, por las peores razones. En conclusión, me gusta participar como espectador en el ritual del encendido en el carbón, no como oficiante de la misa.

23. ¿Te pones nervioso en las presentaciones?

Siento que me voy a desmayar. Estoy al borde del pánico. Me aterroriza hablar en público. La mejor manera que tengo para expresarme es escribiendo, así que no soy bueno hablando, y mucho menos ante desconocidos. Desde días antes, vivo una agonía terrible. Y ya en el evento, cuando me dan la palabra, creo que me voy a congelar o que voy a salir corriendo. Nunca ha ocurrido nada extraño en las presentaciones, pero temo que algún día pase. Toc, toc, toco madera.

24. ¿Tienes nostalgia de algo?

Soy muy nostálgico. Extraño mucho la plenitud de la niñez. La vida es cruel, al hacernos subir a esa meseta de energía, pureza, alegría e ilusión en el inicio del trayecto. Lo demás es merma. Si pudiera regresar en el tiempo, estaría otra vez jugando futbol en el patio del Colegio Benito Juárez, donde la pasé de chico, en el Centro de Guadalupe. A veces pienso que mi nostalgia por la niñez ida se me viene de golpe con las películas infantiles. No soporto ver Up, la de Pixar, porque me la paso gimoteando. No soy de lágrima fácil, pero solo lloro en los funerales y con algunas películas infantiles.

25. ¿Hay un libro próximo?

Todo el tiempo estoy escribiendo. Nunca me he detenido. Estoy actualmente a la mitad de una novela. Había empezado otra, pero el deseo por escribir esta fue más fuerte y tuve que obedecer el instinto. Así que resulta cierto eso de que uno no elige el tema, es el tema el que lo elige a uno. Me debo una novela erótica, y la voy a escribir, pero al decirlo me sonrojo. Ya publiqué algo del mismo género, una especie de cuento largo o novela corta. Siempre promociono ese texto con pudor. Mis hermanos, entre risas, me acusaron de pornógrafo. Uno de ellos me dijo que era el Larry Flint guadalupense. Lo que estoy haciendo ahora va por el drama. No me gusta hablar de la historia que escribo, porque siento que quiero resolver charlando lo que no puedo expresar con letras. Solo diré que hasta ahora entiendo que la idea de lo que estoy escribiendo me había dado vueltas durante años, pero por una extraña razón no había emergido. Ya apareció y me doy cuenta de que ya la tengo en la cabeza. Así es que ahí voy, sabiendo muy bien hacia dónde va y en qué termina. Aún y con eso, cada vez que me siento frente a la computadora, entro en pánico unos segundos, pero ya cuando empiezo a dar porrazos en el teclado, todo toma su lugar y me sereno. Entonces cruzo al otro lado y dejo que los personajes cuenten solos sus historias.

Luciano Campos Garza (Nuevo León, 1969).

Autor de los libros El Paria Mexicano; El Manantial en Casa; El Anhelo de la Sombra; El Cóncord Negro; El Bronco; Rubén Inquisidor; La hinchada más pasional: La Adicción.

Dos veces ganador del Premio Nacional de Cuento Ubaldo Ramos, de Tamaulipas, 98 y 99. Primer lugar del concurso de guión de largo de Conarte 2009, con Operación Chiyama. Ganador de taller de guión de largo IMCINE 2007, con El Cóncord Negro. Guionista del programa de terror “Leyendas de Nuevo León”, de TVNL.

Técnico en cinematografía y profesor de guión por The Film Workshops Monterrey. Becario del Centro de Escritores de Nuevo León 2011. Mención honorífica en el segundo premio nacional de cuentos deportivos Pedro “Mago” Septién 2011. Conferenciante en el VII Encuentro Internacional de Escritores 2014 en Tarija, Bolivia, donde fue nombrado Embajador Universal de la Cultura, por Unesco.

Actualmente es corresponsal, en Nuevo León, de la revista Proceso. Escribe crítica cinematográfica para el portal de Proceso (proceso.com.mx) y para la revista Hora Cero.

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