25 Instantáneas de Luis Miguel Estrada o Mamá no tengo la culpa que a mí me gusten los bailes10 min de lectura

Héctor Alvarado Díaz

1. ¿Te has sentido solo?

Sí. Luego levanto la vista y hay un montón de gente twitteando sobre la soledad.

2. ¿Cuándo y cómo publicaste tu primer texto?

En el último año de la secundaria, en el Taller de Periodismo. Mi profesor, Abraham Mitre, tal vez el tipo que más me enseñó sobre literatura, nos guiaba para armar un periodiquito de ocho páginas en dos folios media carta. Le pusimos Éxtasis y quisimos que nuestro lema fuera “Un orgasmo periodístico”, pero se impuso la moral católica. Lo vendíamos en $2.50 para salir tablas con los costos y la estrategia de subsistencia era doble: había una sección de Sociales, sobre noviazgos, ligues y truenes adolescentes, y también había una sección para hacer chistes sobre profesores y burlarse delicadamente de la autoridad. No tengo talento para el chisme y la comedia nada más me sale en vivo. Así que quedé condenado a las secciones más impopulares: las páginas en donde aparecían columnas de opinión, poemas melosos y, perdido, de pronto, un cuento. El mío fue de ciencia ficción. Fue además el tercer o cuarto o quinto intento que hice por publicar. Mitre me rechazaba todo lo que le mandaba. Jamás se preocupó por corregir más que la ortografía y la moral de las hablillas y los chistes, pero a la ficción y a la poesía les dedicaba una atención devota. Con el tiempo, me di cuenta de que casi todo lo que iba a aprender sobre literatura, lo había aprendido allí, a los catorce años. Iba a enumerar las lecciones, pero con apenas ocho páginas, la primera siempre fue la brevedad.

3. ¿De contador a escritor?

Hay cosas que nunca se quedan atrás. Los oficios y las profesiones no se anulan, se apilan. Todavía hago presupuestos y de pronto ayudo a alguien con preguntas de tributación fiscal.

4. ¿Hasta dónde sirven las becas y los premios?

Entré a la literatura desde afuera y algo tarde. Nunca he sabido bien cómo funciona esto, pero entiendo que hay una edad en la que se hacen las primeras relaciones literarias. En mi imaginación, hay pactos de sangre, baños de alcohol, juramentos de lealtad a una figura tutelar y reuniones en callejones solitarios donde se fragua la traición contra los viejos maestros. Me hubiera gustado hacer algo así, pero estaba trabajando. Como contador. Las becas y los premios han sido relevantes porque han significado puertas abiertas. No sé si estoy hablando exactamente de premios y de becas, sino de lectores: esa gente que apuesta por un desconocido y apoya un libro o un proyecto, y que así, abre una puerta para nuevos autores, que significa nuevos lectores. No es un sistema perfecto, pero hay tiros que van derecho. Hay gente que se lo toma en serio. Aquí me refiero también a los editores que publican sin otra prioridad más que el manuscrito. Becas, premios y trabajo editorial, cuando van derecho, dejan una puerta abierta a lo imprevisto gracias a lectores que leen y que generan más lectores. A la larga uno quiere pensar que un buen libro se impone sobre casi lo que sea. Sin embargo, el recibo de la luz llega más pronto que la posteridad. Las becas y los premios también sirven para eso, y no es poco.

5. ¿Eres rencoroso?

Por fortuna para un desgraciado que todavía me la debe, no.

6. ¿Tranquilo o apasionado?

Apasionado, pero ahí nomás, sin alterarme.

7. ¿Cómo te ves en el futuro?

Con canas. Es de lo único que estoy seguro. Parafraseando a Mike Tyson, todo el mundo tiene un plan hasta que le pegan en la cara.

8. Cinco libros axiales para tu formación.

Simbad el Marino. Lo leí a los siete años sin saber o importarme que era parte de Las mil y una noches. Hace 30 años que releo la misma copia.

El Quijote. Cervantes lo sabía todo.

Moby Dick. Melville lo sabía casi todo.

El principio de Peter. Laurence J. Peter y Raymond Hull. Es un libro de administración de empresas. Lo pongo porque me ayudó a entender una de las cosas que más detesto, la incompetencia, y su relación con otra de las cosas que más me sacan de mis casillas, las jerarquías de oficina.

Céfero. Xavier Vargas Pardo. Fue mi tesis de maestría. Cuando me mudé de ciudad, de estado y de carrera, me fui a la aventura apostando por un michoacano desconocido.

9. ¿Has escrito historias que alguien te ha contado?

Sí. A veces porque pienso que se pueden contar mejor. Otras, porque me entra el horror vacui al pensar que ciertas historias fascinantes no volverán a escucharse si no algo al respecto. En cada caso, siempre pienso en lo que implica contar historias ajenas. Las herramientas, las perspectivas, el estilo: la estética que uno usa al escribir se convierte en una postura ética sobre lo que uno escribe.

10. ¿Son buenos amigos los escritores?

No genero expectativas basadas en lo que la gente hace para pagar las cuentas. No sé qué habría sido de mí si alguien me hubiera tirado la primera medida por ser cualquiera de las cosas con las que he pagado la renta, la despensa o un seis de cervezas: cajero de supermercado, dependiente, cobrador, auxiliar contable, vendedor de puerta en puerta, capturista de datos, cajero en un banco, editor de periódico, profesor, intérprete. Espero, ahora mismo, que no se dude de mi capacidad para la amistad y la decencia por dedicarme a lo que me dedico.

11. ¿Cuáles son los temas que más te interesan?

No tengo carta aborrecida. Dar clases y tener amigos que votan por rivales políticos lo hace a uno versátil. Además, andar siempre sobre los mismos temas aletarga. Las mentes más despiertas que conozco son curiosas. En el espectro opuesto están los que mi papá llama los “químicamente puros”, esos que no tienen otro tema de conversación más que sus propias áreas. Ingenieros químicamente puros, literatos químicamente puros, médicos químicamente puros. Es un gran modo de ser medio huevón pero decirle a todo el mundo que uno es un especialista.

12. ¿Escuchas música?

Sí. Y canto. Desafinado, inventando pedazos de la letra, y casi nunca mientras hago algo más. Cuando trabajo, la música me distrae demasiado. En reuniones, me desentiendo de la gente y me pongo a cantar. Más que la música, me gustan las letras. Eso explica por qué no tengo géneros favoritos.

13. ¿Duermes demasiado?

Por supuesto. Desde que era adolescente, pero luego se me fueron sumando estudios, trabajos, lavar, planchar, cocinar, hacer posgrados, enseñar, escribir… Esto me redujo las horas de sueño. Felizmente me encontré un consejo de Arnold Schwarznegger que funciona de maravilla: Sleep faster! Así que he vuelto a dormir mucho, sólo que ahora lo hago en menos tiempo.

14. ¿En qué momento sabes que terminó el relato?

Desde mucho antes de escribir la primera línea. En la práctica, dar con el final de una narración es apenas el principio de la reescritura, de la corrección. ¿En qué momento sabes que hay que dejar de corregir? Ahí se separan los adultos de los niños.

15. ¿Te rindes fácilmente?

Todo el tiempo. Luego lo vuelvo a intentar.

16. ¿Cantas al bañarte?

No. No tolero el desperdicio de agua ni las gárgaras jabonosas.

17. ¿Eres fan de las redes sociales?

No. Uno envejece cuando surge un trozo del mundo con el que es incapaz de interactuar. Eso me pasa con las redes sociales. Intento seguirlas. Intento poner cosas. Intento mantener contactos, pero no se me da, principalmente porque no las entiendo. Entiendo la conversación: puedo hablar hasta el agotamiento a la luz de un tema interesante. Entiendo el trabajo: puedo pasar horas en proyectos con colegas a quienes no les invitaría un vaso de agua. Entiendo la burocracia: puedo intercambiar llamadas y correos con instituciones sin rostro hasta destrabar un nudo oficinesco. Pero lo que sea que se hace en las redes sociales, no lo entiendo. No sé hacerlo.

18. ¿Se te ha ido una historia por no escribirla?

Varias. Scott Fitzgerald tiene un texto maravilloso, “Cien salidas en falso” (“One Hundred False Starts”) que es como si describiera una parte de mi método de trabajo. Trato de anotar ideas al vuelo, pero cuando regreso a ellas, muchas veces me encuentro un balbuceo que me frustra. El problema es que recuerdo la trama que quería escribir, pero ya no me emociona. Sin emociones, no vale la pena ni siquiera intentarlo.

19. ¿Qué guion hubieras querido escribir?

Dos. Die Hard. Rocky. No, tres. Before Sunrise (también tengo mi corazoncito).

20. ¿Tienes buena memoria?

Una de mis estudiantes en México me decía “el Wikipedia”. Lo decía por el repertorio temático, aunque la implicación también podría ser la inexactitud bienintencionada.

21. ¿Regresarás a Michoacán?

Nunca me he ido. En cualquier momento tarareo “Juan Colorado”. Cada aguacate que como lo juzgo bajo el estándar regional. Creo que las únicas carnitas son las que se hacen en esa franja de sabor que va desde Zitácuaro hasta Sahuayo. Todo lo demás, tendría que llamarse diferente. En los últimos diez años me he mudado seis veces de casa, tres veces de ciudad, y una vez entre dos países, pero no me he ido de Michoacán.

22. ¿Aguantas la crítica?

Sí. Después de las oficinas en iniciativa pública y privada, la crítica en la literatura o la academia parece hasta cordial. Crítica, sí. Jueguitos detrás de bambalinas, no.

23. ¿Le vas a la novela o al cuento?

Para leer, decide el tiempo. El cuento pide concentración total. Trato de no empezar a leer uno si es posible que algo me interrumpa. Con la novela uno puede darse el lujo de hacer pausas, siempre que haya suficientes días para no soltar el libro hasta acabarlo. Para escribirlos, la cosa cambia. Uno puede sentir como una anécdota en apariencia sencilla se le empieza a salir de las manos como si tuviera levadura. Igual, uno se da cuenta cuando le está sacando páginas a una historia como si le tratara de sacar un relincho a un caballo muerto. Hay que ser honesto y hay que ser justo con la historia, que es lo mismo que ser justo con el lector.

24. ¿Puedes escribir bajo presión?

No hay otro modo de escribir.

25. ¿Lees poesía?

Sí, pero no la busco. Sólo leo la que me recomiendan con las tripas personas en las que confío.  

Luis Miguel Estrada Orozco (Morelia, 1982).

Es Contador Público por la Universidad Vasco de Quiroga, Maestro en Literatura Mexicana por la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y Doctor en Lenguas y Literaturas Romances por la Universidad de Cincinnati. Beneficiario del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico de Michoacán en 2005 y 2010.

Autor de Colisiones (Premio Nacional de Cuento Juan José Arreola 2008), Alain Prost (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2012), Journeymen (Premio Nacional de Literatura Gilberto Owen 2013) y Bartolomé (Paraíso Perdido, 2016). En 2017, su novela Las renuncias recibió una mención honorífica en el Certamen Literario Internacional Sor Juana Inés de la Cruz. También ha publicado el libro sobre boxeo Crónicas a contragolpe (La Dulce Ciencia Ediciones, 2014).

Actualmente, es profesor asistente invitado en Brown University, en Providence, Rhode Island, Estados Unidos. Es miembro de la Sociedad de Escritores Michoacanos, A. C. Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

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