Oscar Eme Mora: Aburrido en cuarentena5 min de lectura

Oscar Eme Mora / @asterioonn

Estoy; caminando por calles semivacías, entre miradas directas, entre rostros cubiertos de tela y de válvulas respiratorias, sonriendo o apretando los dientes, estoy en una eterna fila de banco bajo el recalcitrante sol, es un martes o cualquier día, respirando mi propio aire, riendo en silencio por un meme, contestando y conteniendo la crisis existencial de algún amigo, estoy por teclear mi NIP, estoy por quedarme en ceros.

Estoy; todavía, despertando sin alarmas, con la luz que entra puntual por mi ventana, tirando la basura tres días por semana, llevando una rutina diaria; estoy yendo al trabajo y cumpliendo un horario, descansando del (des)cansancio diario, cobrando un sueldo entero, estoy en riesgo, expuesto, estoy como millones, viviendo al día aún con todo esto.

Estoy leyendo mi time line en Twitter, escribiendo mi opinión sobre cualquier tema, pensando en el último artículo que compartí sin leer completo en Facebook, conectándome como el resto, pasando de una a otra historia, deslizando mi dedo, estoy tratando de evitar las últimas noticias al mismo tiempo que las replico.

Estoy; alimentándome bien, o muy mal según el ánimo, estoy buscando un libro nuevo, aplicando una capa más de pintura a la habitación, tirando a la basura un montón de restos y despojos, sufriendo la peor de las ansiedades, emprendiendo un negocio en línea, retomando las riendas de mi vida, estoy gastándome el dinero en lo que pueda, en lo que ocurre algo más, en lo se me antoje también según mi ánimo y modo, estoy re-conociendo a mi madre, afianzando mi arraigo, tomando el sol en la azotea, fotografiando el mejor de los atardeceres posibles, mirando al cielo mientras le pregunto por fechas y días, viendo la conferencia diaria, pensando en las cifras, en los contagios, estoy tratando de mantenerme al tanto.

Estoy; destronchando marihuana y escuchando Three Six Mafia, estoy malviajándome solo en mi cuarto, hablándole al gato que maúlla cada que pronuncio su nombre, manteniendo la cordura posible, siguiendo tutoriales de ejercicio en casa.

Estoy; siguiendo uno a uno, todos los pasos para hornear galletas, estoy bailando electro pop en español sin calzones, escuchando a lo lejos otras voces, otros cantos y gritos; estoy armando un rompecabezas de dos mil piezas, investigando autocultivos, comprando local como dice el gobierno, dando un poco más de propina, engorgando, estoy agotando todos los filtros de mi Instagram.

Estoy llenando ausencias, metiendo en saco roto más tareas domésticas, fumando más, bebiendo menos, estoy comparando mi reflejo a diario, despertando tarde y durmiendo mal, maldiciendo al horario de verano, estoy extrañando en una fiesta clandestina, sintiéndome fuera de lugar, tratando de seguir el ritmo.

Estoy; descubriendo discos, releyendo a mis autores favoritos, recitando lo primero que encuentre, estoy en mi clase on-line con micrófono apagado, estoy con el wi-fi libre, acumulando plantas, limpiando como maniático depresivo, estoy con un inusual dolor de espalda.

Estoy; lidiando con el miedo, escéptico y precavido, aceptando que el mundo no se trata de uno mismo; estoy resolviendo asuntos pendientes, posponiendo otros, estoy, porque no lo estaba, a punto de licenciarme y conseguir una beca, estoy en el país de los chistes involuntarios, tomándolo como el resto, riéndome cuando se puede, llorando como todos, estoy dándome palmadas a la espalda contrario a lo que recomiendan; estoy cogiendo con mi chica, sino es ahora no sé cuándo; estoy discutiendo el último reporte epidemiológico, acordándome de mis distopías favoritas, haciéndome la mejor chaqueta de la semana, estoy comiendo otra vez maruchan, sincronizadas, bebiendo el café más espumoso que puedo, estoy destruyendo telarañas, moviendo otra vez la distribución de mis muebles, terminando mi clase de yoga, suspirando porque ya se acaba el día, saboreando la última ración de cerveza, super drinkie con licor añejo, erizo desde los pies y hasta la punta de mi lengua, estoy yendo a un lugar desconocido.

Estoy; buscándole sentido, expandiendo mi universo interno, odiando al virus por arruinar mi cumpleaños; estoy tomando cursos para ayudar desde mi casa, hablándole a una pantalla que cabe en la palma de mi mano, triste por la muerte que siento cercana, decepcionado de la democracia, harto del desprecio ajeno, hastiado del deseo que nos carcome lentamente, ansioso otra vez, estoy a punto de gastarme todos mis puntos electrónicos en una súper oferta.

Estoy explorando el catálogo de Netflix, buscando un nuevo corte de cabello, pellizcándome la cara frente al espejo, estoy por conseguir el sazón que debía heredar de mi madre; estoy tramitando un crédito, pidiendo una despensa, estoy en economía de guerra según el noticiero; estoy navegando en la deep web, eliminando la última suscripción registrada en mi correo, cargando la pila de mi teléfono por segunda ocasión en el día, estoy saliendo a caminar aunque ponga mi vida en riesgo, cediendo al perdón, libre de recibos con citatorios para liquidar abonos, estoy de gris, muy zen, más sereno de lo que incluso yo hubiese esperado.

Estoy, como dice la canción, perreando cual bichote, ultra relajado calzando unas crocs que compré en mi último viaje a la playa, tirado panza arriba en el campo, sin ruido alguno, dibujando dinosaurios en las nube, estoy esperando a “la nueva normalidad”, la vida sigue, la vida es una bola disco eterna, estoy un poco aburrido y confundido, estoy viviendo una pandemia.

Oscar Eme Mora (Uruapan). Cursó estudios de lic. en Filosofía (UMSNH). Suele colaborar en revistas y publicaciones digitales con crónica, cuento, poesía y ensayo y se ha desempeñado como reportero en una decena de diarios y medios locales.

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