Antes que Reinaldo Arenas6 min de lectura

Caliche Caroma

Julian Schnabel se ha dedicado, entre otras cosas, a dirigir largometrajes sobre artistas de vidas más que intensas, muchas de ellas violentas, con finales trágicos casi todos ellos (los largometrajes), entre los más destacados de estos biopics se encuentran At Eternity’s Gate (a propósito de Van Gogh, 2018), The Diving Bell and the Butterfly (basado en las memorias de Jean-Dominique Bauby, editor de Elle, 2008), Basquiat (1996), etcétera fatal. Pero hay uno en especial que se deshojará en los párrafos siguientes, se trata de Before Night Falls (2000), pues las palabras quieren ser flores que se ahogarán bajo la lluvia interpretativa, sí, es Reinaldo Arenas.  

Antes que anochezca es el nombre original de la autobiografía de Reinaldo Arenas, escritor cubano que vio la luz el 16 de julio de 1943, en Aguas Blancas, Cuba, y se despidió del mundo el 7 de diciembre de 1990; murió por una sobredosis de pastillas en el pequeño departamento que rentaba en Nueva York. La película de Julian Schnabel es fiel al libro (tan fiel como se puede ser en dos horas quince minutos). Entre el nacimiento y el suicidio de Arenas son varias las penurias, calamidades y desgracias, así mismo, los libros, poemas y amoríos. Escribió como los grandes marginados, él es un pequeño gigante de la literatura cósmica, literatura escrita en la ínsula caribeña de donde también brotó el talento de José Lezama Lima, Virgilio Piñeira y Pedro Juan Gutiérrez.

“Tampoco he querido hacer de estas memorias un tratado de literatura ni de mis relaciones públicas con personajes supuestamente importantes porque, en definitiva, ¿qué cosa es lo importante?”, ésta es una de las citas de Antes que anochezca, en ella se descubre al escritor que se cuestiona a sí mismo y a los demás, frase apolillada la anterior, que intenta decir algo, sacudirse el lugar común, volver a preguntar lo obvio. Javier Bardem (junto al trabajo de los otros actores: Olivier Martínez, Andrea Di Stefano, Johnny Depp, Sean Penn) revivió a Reinaldo en la película de Schnabel, el parecido es asombroso, el actor español captó y reprodujo los movimientos de ese cuerpo caliente que pedía a gritos algo de cariño y que recibió, en cambio, muchos palos, tantos como su humanidad pudo soportar. Lo intentaron reeducar, pero sólo le dieron más motivos para huir, ¿hacia dónde escapar si todo es una jaula?

Aquí no hay mártires, sino sobrevivientes, más allá del Éxodo del Mariel y del frío de la Gran Manzana está el desprecio, el ostracismo y la ignominia, el sufrimiento es ubicuo. Parafraseo, todo es un parafraseo: “La única diferencia entre el sistema comunista y el capitalista es que en el primero no puedes decir nada y debes aguantarte, en cambio, en el capitalismo puedes gritar y decir todo lo que quieras, aunque nadie te escuche”. Reinaldo sentía paz por el adiós a Cuba, pero no se sentía en paz, sí, más o menos tranquilo por pasar sus últimos años en los Estados Unidos, la comparación con el escape de un incendio la hace él mismo: “uno se siente a salvo porque ha salido de la casa que se quema, porque se salva la vida, pero la casa se quemó”.

Entre la película de Schnabel y la obra de Reinaldo Arenas existe un puente poético, el director supo plasmar en su trabajo cinematográfico la sublimación que del dolor hizo el escritor cubano, cine y literatura conectados, comunicándose, incluso se puede escuchar la poesía en la heterogénea banda sonora del largometraje, Carter Burwell es el encargado de la selección. Por debajo del puente pasa un río furioso, la tormenta amenaza con desbordarlo todo. Before Night Falls comienza con árboles, la vasta tierra del monte, el regreso de la madre de Reinaldito a la casa paternal, mujeres infelices y una lluvia torrencial: “el acontecimiento más extraordinario de mi infancia vino del cielo, agua por todas partes, agua desbordándose en cascada, en un concierto de tambores, agua cayendo sobre agua”.

De la obra de Reinaldo Arenas sobresalen la ya mencionada autobiografía, Antes que anochezca, su ópera prima Celestino antes del alba, los tres cuentos de Viaje a La Habana (de una confección envidiable e imaginación desbordada, aquí el agua anda por doquier), El mundo alucinante (sobre el alucinante Fray Servando Teresa de Mier), Otra vez el mar, El portero (éxodo, pero de perritos, gatitos, aves, serpientes y otras amables especies). En las novelas restantes (El asalto, El color del verano, El palacio de las blanquísimas mofetas, et al), a pesar de su paso liviano, se siente la inquina de Arenas hacia el régimen castrista, el odio las hace cansadas en momentos, ese rencor contra aquellos que lo persiguieron y encarcelaron por su sexualidad, por su literatura, a veces se agría el néctar de sus flores que, haciendo un lado esta hiel, bien valen la lectura y relectura de estos otros textos.

Sus poemas, reunidos en Inferno, demuestran su gran sensibilidad y el profundo conocimiento de los clásicos que él tenía; la poesía nunca abandonó su prosa, Reinaldo Arenas leyó con cuidado a Manuel Gutiérrez Nájera, este fragmento de Para entonces podría ser el epitafio del cubano: “Quiero morir cuando decline el día, en alta mar y con la cara al cielo, donde parezca sueño la agonía, y el alma, un ave que remonta el vuelo”. Ya no en verso, convertidas en prosaicas líneas, las palabras del mexicano encuentran un eco en las del protagonista de Before Night Falls y/o autor de Antes que anochezca (¿quién es quién?): “No le pregunten de dónde viene, ¿qué no ven que proviene de la flor más bella de la luna?”.

Como fin, como suspenso, habrá que leer y ver y escuchar a Reinaldo Arenas, comprobar o desmentir lo que aquí se dice, “¡estás mintiendo, sólo eres un impostor, un mal comentador!”, y el mal comentador, el impostor, estará contento si el lector hace lo suyo y de lo suyo nace una nueva interpretación, una flor o un jardín:  “Donde florece el espanto, donde florece el espanto, allí está tu victoria; donde florece el espanto (¿dónde no?) allí está el inmenso arsenal donde todos, sin distinción de colores ni filosofías, podrán ir a beber”.

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