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Wendy Rufino, Caliche Caroma y Carmen J. Cohen

A la ciudad le fue bien, siempre reparables y sustituibles piedras, maderos y cristales. Para el enojo generalizado, mínimo el daño a la urbe. Paráfrasis de la historia: ¡Uei, mi cantera rosa! La calzada de San Diego (Fray Antonio de San Miguel), en Morelia, se ha vuelto el punto de reunión, bajo los árboles la furiosa concentración. 5:15 de la tarde, para esa hora ya había suficientes personas, por supuesto, más mujeres, jóvenes, muy jóvenes la mayoría, aunque estaban ahí de todas las edades, niñas y abuelitas, señoras, hombres, el señor que defendió la fuente de Las Tarascas porque le entintaron sus turbias aguas, el chavo que le respondió “Eso no es violencia”, el de la camioneta verde que se quedó atrapado y casi no la libra por querer ganarle a la Marcha por Jessica González Villaseñor

Quizá 5:45, más-menos. Justicia Jessica. Avanza la familia, atrás todas en un reclamo que las incluye a todas y a todos. Una vida menos, una muerte más a la hipertrofiada lista. Dos mil, tres mil, cuatro mil, en el camino se van integrando, sentimientos que se acumulan, materializados en una marcha que no tendría que ser, que no debería existir, pero los acontecimientos borran las esperanzas, pisotean las sonrisas, escupen sobre los sueños. Los colores: negro, verde, morado, azul. Unos vidrios que se rompen con la intensidad de los gritos de guerra: ¡Señor, señora, no sea indiferente, se mata a las mujeres en la cara de la gente! Después de la calle Sor Juana Inés de la Cruz, contra esquina del Jardín de Villalongín, son ocupados los cuatro carriles: Es un gigante y pisa fuerte. Muchas cámaras, nadie se quiere perder el registro de este momento histórico, se comparten en las redes sociales las transmisiones en vivo, las reporteras toman partido por la causa: ¡Únete, únete, que tu hija puede ser!

En otra oscura conmemoración del 26 de septiembre de 2020, los seis años de la desaparición forzada de los 43 estudiantes de la Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerrero. Horas antes, la marcha por los 43 dejó los recordatorios, las pintas, el rastro vivo: “A mí también me duele”. Por eso cuando las chavas llegaron al Palacio de Gobierno e intentaron darle candela a la puerta del recinto, los granaderos y el Grupo de Operaciones Especiales salieron rápidamente para dispersar la protesta. Se escuchó: ¡Muy machitos con las chavas, culeros! y ¡A los policías les pagan para defender los muros y las puertas! Tensión de un sábado por la tarde, los calendarios contienen una tremenda tristeza. Dato: A Raúl Morón, actual presidente municipal de Morelia, se le relaciona con uno de tantos intentos de incendiar el mismo pórtico vallisoletano. De regreso al presente que no se olvida: ¡Ni una asesinada más!

Había humo, pero no era lacrimógeno. Algunas corrieron, hubo un momento de confusión, pero la mayoría de las morras se quedaron, alguien pidió que se agacharan para retomar el control de la situación. La confrontación se dio, los escudos de los granaderos quedaron decorados, al final un muro más, volaron latas de pintura. Gritos, patadas, enojo. Colateral repuesta, lo importante es frenar de una vez por todas la barbarie en contra de las mujeres, el reclamo tiene un fundamento, sustento manchado de sangre. No es gratuita esta reacción que se replicó en otras ciudades como Uruapan, Apatzingán, CDMX… Ya es escandaloso (siempre lo será) el número de feminicidios y desapariciones en Michoacán y el resto de la república mexicana. Memoria reciente: El cuerpo de Nilda Rosario fue encontrado la primavera pasada, apenas pasaron unos meses. (Quien no crea que hay odio contra las mujeres que se dé una vuelta por los comentarios de las redes sociales en las publicaciones sobre ésta y otras marchas.)

Voces. El asesinato de Jessica González Villaseñor sigue impune, y lo mismo pasa, desgraciadamente, con muchas más muertes de mujeres, niñas, abuelas y en general de miles de seres humanos que son víctimas dos veces, de sus asesinos y del injusto y torpe (¿a propósito?) sistema de justicia. La Fiscalía difundió el mensaje del hallazgo del cuerpo de Jessica por sus redes sociales y entre la prensa antes de comunicarse con la familia. La protesta social aumenta ante la desbordante ineptitud de las autoridades, ¿o es complicidad? Esto es parte de lo que se leyó en las pancartas, de lo que se gritaba en la marcha, antes de que limpien, no está de más darse una vuelta por el Centro Histórico de Morelia para leer la historia contemporánea de esta ciudad que no necesita que nadie le prenda fuego porque ya está ardiendo. Al final de la concentración afuera del Palacio de Gobierno quedó un grupo reducido pero no pequeño, cayó la lluvia y alguien dijo que el cielo estaba llorando por las mujeres asesinadas.

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