Aunque sea de fina piel II3 min de lectura

Ismael García Marcelino

A ver si ahora sí alguien voltea a ver la violencia que representan los concursos de belleza en las escuelas de bachillerato en México.

Hoy es lunes, el día después de la marcha de las mujeres que gritaron basta, en una clara consigna generalizada de parar de una vez y para siempre la violencia física, los muchísimos feminicidios y de lenguaje cada vez más naturalizado contra las niñas, las morras y las señoras. Siglos de cultura pesan ya sobre nuestra sociedad, que no acaba de entender lo lesivo de las normas que un día instaló para separar al pobre del rico, al indio del mestizo, al negro del blanco, al ranchero del citadino, al campesino del industrial, a quien roba por hambre y viste ropa barata de quien roba por ratero y viste saco y corbata. Zapatos de fina piel que someten a los huaraches en una idea clasificadora basada en que “hay niveles”.

Hay más que decir sobre la lucha de las mujeres y sobre el flaco favor que chicas embozadas le hacen al reducir la marcha a improperios contra el presidente en un discurso de odio que, basado en una valentía digna de sospecha, no abona a la lucha legítima y verdadera; pero hasta aquí le dejamos, por respeto a su propia solicitud de que “más allá del choro, los hombres deberán cambiar su actitud”, en lo político y en lo cultural.

Entre sociedades diferentes, siempre hay un sector que se jacta de ser superior de alguna forma. En América todo comenzó cuando el Papa, por sus pistolas (nótese la connotación machista), instruyó a la Corona para que expedicionarios viajaran a América y, al grito de “¡muerte a los infieles!”, se apropiaran de territorios que no eran suyos. La virgen María que cuidaba la vida de los soldados de Santo Santiago contra los moros, es la misma que, desde el cielo, una hermosa mañana, cuidó a quienes mataron a millones de indígenas americanos.

Para culminar con el tema de los comuneros de la Meseta, habrá que agregar que las congregaciones de autoridad en una comunidad están formadas por adultos, de acuerdo con la opinión de miembros del cabildo de la cabecera municipal de Paracho. Según estas fuentes, el alcalde tiene “serias dificultades” para instrumentar una maquinaria de comunicación interna y no hay manera de saber si coincide con la idea de que los indígenas afectados por los excesos de la policía son personas adultas y no necesitan de mayor preparación, más allá de un profundo sentido de la democracia y la participación fraterna. El cabildo piensa que sí; que merecen la misma atención que todos los ciudadanos.

El presidente José Manuel Caballero, sin embargo, podrá no estar interesado en asistir a una fiesta del pueblo que gobierna, podrá no sentir entusiasmo por sentarse con ellos en una banca y escuchar la banda de música tocando sones y abajeños de tata Juan Escamilla, no estar dispuesto a aprender la lengua o comprender su cultura; pero no tiene ningún derecho de ningunear a la población de su municipio y sí, la obligación de atender sus requerimientos, vigilar los procedimientos institucionales para dirigirse a ellos, incluso en su propia lengua, y cumplir con los preceptos constitucionales que le ordena la ley. Bueno, por más que de fina piel, un zapato es un zapato.


Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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