Ben Clark: Contra la literatura2 min de lectura

Ben Clark

Hijos de la bonanza

“Hijos de la bonanza” nos llamaban:
los que no conocieron ni la hambruna
ni las agudas larvas de estridencia
chillando en el oído por las bombas. 
Y cuando nuestras piernas tan delgadas
caían y sangraban porque el parque
era de un hormigón armado y frío,
se quedaban callados, observando
nuestro llanto con un gesto de sorna.

Debíamos vivir y dar las gracias
por la ocre rozadura en la garganta
que provocaba el aire al refugiarse.
Agradecer las flechas de las nubes
y que un fango lechoso a nuestros pies
—en un último gesto agonizante—
le mordiera las botas al progreso.
¿Y cómo agradecerles la alegría?
La risa provocada por los hombres
inocentes del mar
cuando se encaminaban hacia el río
dispuestos a bañarse entre excrementos.

También estaba el tedio
de tener que explicarles a los niños
palabras como pueblo indio, oso
pardo, ballena azul o lince ibérico.
Pero eso eran minucias, sacrificios
en nada comparables al sufrido
por aquellos que ahora nos decían
“hijos de nuestra sangre”, tan severos.

Aunque, a veces, es cierto, no era fácil,
simplemente intentamos ir viviendo.
Haciendo caso omiso al comezón,
al vacío que moraba en nosotros,
hijos de la bonanza;
los hijos de los hijos de la ira,
herederos de todos sus despojos.


Hoy

Hoy ha sido el primer día después.
Las plazas se han llenado de mazorcas
y la gente se acuerda, sin saber
muy bien por qué, del viaje de Colón,
y todo es ancestral y todo es nuevo.

Hoy ha sido el primer día de todos.
Los libros no leídos ya no importan,
los amores no amados son tan solo
nombres que se arañaron en la arena,
el recuerdo de un sueño en plena noche.

Hace falta volver a definir
el Tiempo, renombrar
los días —siempre y cuando sean días
y noches todavía separables—
porque hoy ya nada puede ser lo mismo.


Contra la literatura

No hay nada más inútil que escribir.
Nada más dependiente que los libros.
Pero Alberto me llama y me pregunta
«¿Qué te está pareciendo mi novela?»
Y yo le digo bien, salvo este punto
y el momento en que dice esto y aquello
y él escucha y anota y bien parece
que aquí estamos haciendo algo importante.

Quién pudiera vivir fuera de un libro,
juntar en un hatillo las palabras
y haciéndose a la mar decir «Adiós;
me voy para morir entre las fauces
de una auténtica bestia, les regalo
la curva de mi espalda, mis bolígrafos,
el impreciso sueño de la gloria,
la implacable derrota de mi olvido».


Ben Clark (1984), escritor español de origen británico. Algunas de sus obras son: La policía celeste, Mantener la cadena de frío y  Los hijos de los hijos de la ira.

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