Catedrales8 min de lectura

¿Para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
Que cada hombre construya su catedral.
Jorge Luis Borges

Horacio Cano Camacho

Hace unos días se publicó el libro más reciente de Claudia Piñeiro, Catedrales (Alfaguara, 2020. ISBN 9789877386875). Como sucede con todas sus anteriores novelas, la compré de inmediato. No corri a la librería, por la contingencia, pero lo adquirí en formato electrónico y me dispuse a leerla, posponiendo otro libro que estaba revisando en ese momento.

Así me pasa con los libros de esta autora argentina. Debo decir que me encantan. De ella he leído con la misma avidez Las viudas de los jueves (con el que la conocí), Tuya, Las grietas de Jara (Novela ganadora del Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2010 de la FIL de Guadalajara), Betibú, Elena sabe, Las maldiciones, Un comunista en calzoncillos, Una suerte pequeña, entre otras, todas disponibles en Alfaguara y todas también en eBook.

Claudia Piñeiro

En 2019, Piñeiro fue galardonada con la edición XIV del Premio Pepe Carvalho de Novela Negra, galardón que han obtenido algunos de los más grandes escritores y escritoras de novela negra contemporánea como James Ellroy (2018), Dennis Lehane (2017), Donna Leon (2016), Alicia Giménez Bartlett (2015), Andrea Camilleri (2014), Maj Sjöwall (2013), Petros Màrkaris (2012), Ian Rankin (2010), Michael Connelly (2009), P.D. James (2008) o Henning Mankell (2007).

Claudia Piñeiro es una escritora muy especial en el género. Es difícil encasillarla como autora de novelas policíacas en el sentido tradicional. Ella hace literatura en la que se presenta la comisión de algún crimen, pero este puede resultar secundario. En realidad es un pretexto para diseccionar a la sociedad argentina, en particular a la clase media acomodada, sus relaciones sociales, sus prejuicios, sus aspiraciones, sus miserias, y la manera en que miran al mundo que se derrumba en su vecindad.

Sus historias gozan de la dosis necesaria de suspense, sentido del humor, acción y denuncia para tomarse como un retrato muy fiel del mundo en que se sitúan. Dada nuestra afinidad cultural y nuestra visión del mundo, su trabajo perfectamente podría situarse en México, Chile, Colombia o en la misma España.

Ahora vamos a Catedrales: Hace treinta años, en un terreno baldío de un barrio tranquilo de Adrogué, ciudad conurbada del Gran Buenos Aires, apareció descuartizado y quemado el cadáver de Ana, una adolescente inteligente y sensible, tercera hija de una familia de clase media, educada y muy católica. A pesar de los indicios claros de un feminicidio, la investigación fue cerrada al poco tiempo sin culpables. Este suceso marca a su familia y la hace entrar en una espiral que la destruirá. Pero, pasado ese largo tiempo, la verdad oculta saldrá a la luz gracias al persistente amor del padre de la víctima.

Lía, la hermana más cercana de Ana, declara frente a su familia y ante el féretro: …esa salvajada me hizo ver con claridad que mi fe estaba construida sobre el miedo, sobre la sospecha de que si no creía en ese supuesto Dios en que creen los que me rodean -o en cualquier otro dios-, podía pasar algo malo, terrible: el fin del mundo. Así fui educada, en el temor reverencial a Dios. Pero ahora han matado a mi hermana ¿qué cosa más horrorosa puede suceder si yo dejo de creer?” Y se declara atea. Esta declaración resquebraja finalmente a su familia, quienes asumen que la muerte fue la voluntad de Dios, el llamado a su regazo de la más joven e inquieta, o un castigo por su mala conducta, hasta convertir el hecho en una cicatriz, pero una que dejó un asesinato…

Lía se aleja y en secreto se va a vivir a Compostela, en España, en donde rehace su vida al frente de una librería llamada The Buenos Aires Affair, en un claro homenaje al gran Manuel Puig (libro que escandalizó a la conservadora sociedad argentina de los años 70´s). En esta ciudad, Lía solo mantiene correspondencia con su padre a quien le solicita no recibir nada, ni noticias de la familia, a menos que sea para comunicarle que han dado con el culpable.

Treinta años después, Carmen, la mayor de las hermanas, catequista, teóloga y una fundamentalista católica, cruza la puerta de la librería para solicitar a Lía su colaboración, ya que su sobrino ha desaparecido. Este hecho marca la entrada a una crónica de los sucesos que rodean la muerte de Ana, contados a muchas voces, donde cada uno de los protagonistas, directos o indirectos, van narrando los hechos desde su propia óptica.  Este estilo crea una fábula coral que nos permitirá, a los lectores, encontrar las pistas hasta dar con el culpable.

Catedrales no es una novela negra canónica en donde hay un proceso sistemático de investigación hasta dar con indicios que conducen al o los responsables. Es la narración de los últimos días en la vida de la víctima, contados por su propia familia, en declaraciones que muestran cómo miran el mundo a través de un solo filtro del catolicismo, evidenciando con crudeza lo que se esconde detrás de las apariencias, de la devoción, la obediencia y el fanatismo religioso al tiempo que nos muestran la soledad de quien se revela contra esos “mandatos divinos”.

Claudia Piñeiro no construye un manual sobre la violencia de género, o la participación directa de la iglesia católica en sostenerla alegando folios inmemoriales, pero a través de lo que cada uno cuenta nos vamos adentrando en este mundo que declara: “Padre, aparta de mi esa copa. Pero hágase tu voluntad y no la mía como una forma de afirmar que todas nuestras acciones, hasta las más deleznables, son simple y llana voluntad divina.

Finalmente es Alfredo, el padre quien sostiene la memoria de Ana y afirma que “La verdad que se nos niega duele hasta el último día…” y de esta manera se compromete con saber lo que ha sucedido y así recuperar a Lía, su otra hija. Ese amor revelará una verdad terrible, pero sanadora.

Arturo Pérez Reverte dijo alguna vez, a través del capitán Alatriste, que debemos desconfiar del lector de un solo libro y Catedrales cumple perfectamente con esta máxima. He intentado, con una enorme dificultad, no revelar alguna pista, pero les recomiendo que lo lean. Sin exagerar, debo decir que es una de las mejores novelas negras que he leído en los últimos años, dura, terrible, conmovedora y valiente, con una enorme capacidad de movernos el piso…

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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