Cine/9: Teorema cero4 min de lectura

Livier Fernández Topete

Una película de Terry Gilliam. Después de este enunciado, no necesitas nada más para imaginar el banquete cinematográfico disponible para al espectador.

Un tipo raro, de talento único para el trabajo con programas computacionales y cuya vida gira en torno a dicho empleo, es controlado por un encubierto jefe de nombre abstracto: «Dirección». Su labor consiste en la insistencia en solucionar un cambiante teorema, obsesión que ejerce enclaustrado en el interior de una iglesia en ruinas que hace las veces de casa; se trata de un resultado que podría descubrir la cosa más trascendental del humano. Una mujer joven y un adolescente acompañarán su desvelo, la relación que establecerá con cada uno de ellos, cambiará su mirada sobre el mundo, incluida la visión del misterioso teorema.

Según Mark Epstein, autor contemporáneo de la psicología budista, existe una diferencia entre el Yo concebido como una dimensión espacial y el Yo entendido desde una dimensión temporal; a sabiendas de que la idea del Yo es algo que esta corriente psicológica intenta erradicar. En el primer caso, adherida a este concepto, hay una fragmentación que tensa y que impide el estar presentes, mente y cuerpo disfuncionan como unidad. Parece que las personas que se viven como si sus mentes fueran lugares, se sienten frecuentemente alienados o distanciados, tienen una sensación de vacío, por lo tanto, un Yo estresado, apetitoso, encerrado entre la satisfacción y la frustración. Estas personas descubren un “pozo de soledad”, una especie de “agujero central”, se encuentran ansiosos, hambrientos y se perciben como inadecuados, mantienen una visión contraída de sí mismos, limitada por la vergüenza y la inseguridad.

Por otro lado, el Yo basado en una dimensión temporal, permite la fluidez y la espontaneidad. Como afirma la perspectiva budista: abrirnos a la transitoriedad de las experiencias hace que nos sintamos más reales; el Yo (No-Yo) capaz de rendirse al momento, de expandirse al espacio abierto con su dosis de incertidumbre, paradójicamente, se siente más tranquilo y contento.

Gracias a Freud es que entendemos al Yo (en realidad al No-Yo) en términos espaciales, él nos enseñó que es algo así como una entidad con capas, límites y núcleo, la mente como el lugar en el que ocurren las cosas, el Yo como algo compuesto de estructuras o partes constituyentes.

Tanto la psicología budista, como al menos una de las ramas de la psicología social, como el propio budismo y como Teorema cero, invitan a romper el concepto de Yo como entidad, a remediar las divisiones que impulsa la metáfora del Yo basada en el espacio.

La metáfora del espacio en este filme, a través de la esfera virtual, de los lugares pensamentales recurrentes para Qohen (el protagonista) y para Bainsley (la mujer joven que se relaciona con él), están claramente diferenciados por las emociones que provocan, por los colores, las temperaturas y las atmósferas.

El Yo no es una entidad para acomodarse en el espacio, es dinámico y complejo, por eso Qohen no puede resolver el teorema, se le derrumba lo que hasta el momento había construido al apilar “entidades” en el monitor, pero Bainsley y Bob (el amigo adolescente) le mostrarán a este genio obnubilado, “ventanas” temporales (con apariencia de espacios) soleadas y abiertas. Para pasar del otro lado, él habrá de cortar la vigilancia, apagar la cámara de “Dirección” incrustada en un cristo sin cabeza, y algo todavía más difícil: disfrazarse de diablo para atinarle al corazón virtual –luego real- de Bainsley (que comienza por el blanco de su sexo en la pantalla), dejarse salir, caminar por la calle junto a Bob, pasar del agujero negro a la playa, del azul al amarillo, jugar con el sol como si fuera pelota, arrojarse al temido vacío, entregarse a la aleatoriedad y abandonar la trampa irresoluble del teorema cero.

The Zero Theorem / Teorema cero (2013)

Tráiler: 2:25 min.

Dirección: Terry Gilliam
Coproducción: Reino Unido-Rumania-Francia
Largometraje: 107 min.
Guión: Pat Rushin
Productora: The Zanuck Company / Zanuck Independent /
Mediapro Studios / Voltage Pictures
Productor ejecutivo: Patrick Newall
Producción: Nicolas Chartier y Dean Zanuck
Coproductores: Christoph Waltz, Zev Foreman, Chris Curling, Phil Robertson, Andrea Stanculeanu, Jean Labadie y Manuel Chiche
Protagonistas: Christoph Waltz (como Qohen Leth), Mélanie Thierry (como Bainsley) y Lucas Hedges (como Bob)
Música: George Fenton
Diseñador de sonido: Andre Jacquemin
Fotografía: Nicola Pecorini
Edición: Mick Audsley
Efectos especiales: Nick Allder
Diseñador de vestuario: Carlo Poggioli
Diseño de peinado y maquillaje: Kirstin Chalmers

Selección oficial:
Sección oficial de largometrajes en el Festival de Venecia (2013).

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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