Con el agua al cuello5 min de lectura

Horacio Cano Camacho

Yo tuve la oportunidad de conocer Venecia y mi impresión es que, si bien se trata de una de las ciudades más bellas que yo he tenido oportunidad de visitar, la sensación que me dio es que se está convirtiendo en un parque temático al más puro estilo de Disneylandia y eso es muy triste.

Alguna vez leí por allí que hay tres formas en las que una ciudad se puede morir, la primera es cuando las destruye un enemigo despiadado, basta mirar las imágenes de Siria o ya antes de Afganistán para entenderlo. Lo “bueno” es que los contrincantes se justifican en que la estaban defendiendo; la segunda es cuando un pueblo extraño o una potencia la toma por la fuerza y expulsa a los autóctonos, como sucedió en Tenochtitlán; o cuando un cataclismo las arrasa, y no sólo un fenómeno violento de la naturaleza como en Pompeya, también cataclismos silenciosos como las sequías, las enfermedades, el hambre, tal como sucedió en las ciudades mayas o Teotihuacán o más recientemente en los pueblos mineros…

Hay una cuarta y tal vez la peor: la desmemoria y la transformación y abandono por razones económicas. Y esto es lo que está sucediendo con Venecia. Su belleza, su estructura e historia únicas, la han convertido en un lugar a donde todos los que podemos, queremos estar. ¿Por qué y para qué? Esos son temas de otro tipo de columna. El hecho es que Venecia, como muchas otras ciudades, están muriendo, víctima de la voracidad de empresarios y del aumento de la capacidad económica de los viajeros. Hasta que la ciudad misma pierda la memoria de sí misma y se convierta en un gigantesco centro comercial o lugar de reventón de jovencitos adinerados.

Donna Leon

Y sobre esto trata la novela que ahora comento y en realidad toda la obra “negra” de Donna Leon. Ella es una escritora norteamericana, pero afincada hace décadas en Venecia. Y esto se nota en su obra noir. Ella ama y le duele la ciudad y su futuro. En los años 90 creó un personaje, el comisario Guido Brunetti, policía de Venecia que combate el crimen en su ciudad natal. Cada caso, cada libro, es una oportunidad para denunciar los males que están destruyendo esta joya de la humanidad: la corrupción, la gentrificación, la perdida de la memoria y la ambición por el dinero.

Venecia es un personaje más en todas sus tramas y seguro el más importante. El crimen que libro a libro investiga Brunetti solo es un pretexto. Como gran aficionada a la opera y la música barroca, cada libro es, además, un motivo para sumergirnos en la cultura y la historia de la ciudad. Todas sus historias son autoconclusivas, por lo que puede iniciar con cualquiera de ellas. Ahora llega, en estas novedades del verano Con el agua al cuello (Seix Barral, 2020).

En esta nueva aventura, el comisario Brunneti es convocado por Benedetta Toso, paciente moribunda de un hospital de beneficencia que solicita como última voluntad, hablar con la policía de algo que le atormenta más que el cáncer que en días acabará con su vida. Él acude acompañado de la commissario Claudia Griffoni. Débil y al borde de la muerte, la Sra. Toso alcanza a esbozar algunas frases que implican a su marido Vittorio Fadalto, recién perecido en un extraño accidente, en algo que parece ser turbio: Ellos lo mataron, alcanza a decir…

Estas frases sueltas y apenas audibles de una moribunda crean un rompecabezas que Brunetti debe reconstruir. Fadalto, el marido muerto, trabajaba como técnico que revisa la calidad del agua que la empresa Spattuto aqua distribuye a la ciudad.

De esta manera vamos asistiendo a una descripción de las complejidades para sostener a una ciudad como esa, afincada en islotes artificiales sobre una laguna y por lo mismo de una gran fragilidad. Brunetti y Griffoni poco a poco van imaginando que detrás de la muerte del técnico y de las ultimas palabras de su esposa, se puede esconder algo de consecuencias catastróficas para la ciudad, el asunto es probarlo…

En fin. Yo lo recomiendo ampliamente. Donna Leon refleja todo su amor por la ciudad; no es una autora que se solace en describir los crímenes y le dedica más tiempo al complejo proceso de investigación y sus ramificaciones. En ese sentido es más cercana a Fred Vargas o P.D. James y los y las autoras fundacionales de la novela policiaca. Yo debo confesar que cuando me enteré de que visitaría Venecia, me chuté varias novelas de Brunetti, así como otros libros que me permitieron ver la ciudad de otra manera y sentir mucha empatía (muy a mi pesar de turista) por los habitantes que la están abandonando cansados de los millones de extraños que bajan de los cruceros y el tren para estar un rato en ella, tomarse una foto y sumar un sello que diga ¡yo estuve aquí! Durante varios días visité museos, edificios, plazas, librerías, mercados y callejuelas que recorre el comisario Brunetti y créanme, a veces me sentí avergonzado de ser turista…

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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