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Livier Fernández Topete

El boxeador lanza ganchos de izquierda al aire. Entrena en una playa desierta, lucha contra fantasmas de sombra. Del otro lado del mar, donde se gesta el tiempo de lo que llegará, se forma la larga fila de contrincantes de carne y hueso.

Nosotros, también boxeadores, seguimos marcando un ritmo de vals, bailando -aunque a veces sin ganas- con olas de oscilación, de traslación o sísmicas, tocando o no fondo, contando hasta diez en la interminable cuenta de las resistencias.

The boxer, de Peter Hallam

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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