Contra la pared1 min de lectura

Livier Fernández Topete

La vida y la muerte no entran en conflicto. Los humanos luchamos contra estos dos impulsos. Vida y muerte son pulsiones que nos aterran, que nos hacen perder la cabeza, caer al o despegarnos del suelo, gozar o sufrir irremediablemente. La naturaleza muerta reviste a la naturaleza viva con sus ocres, la piel rozagante esconde su futura desintegración tras sus rosáceos. Savia y sequía son dos tiempos que se dan la mano sin protestas. Vida y muerte son una sola fuerza que se escinde aparentemente ostentando la máscara de afloración o de infertilidad, pero detrás de ambos antifaces habitan también sus opuestos. No existe el combate entre éstas, somos nosotros los que chocamos contra una u otra, casi siempre por miedo. El flujo de una lleva a la otra mientras nosotros nos atascamos en la marisma que significa ser. Jardín y desierto son un solo ente: basilisco mordiendo su propia cola. Nosotros esquirlas en pugna, astillas desprendidas (a fuerza de aprendizaje y voluntad) de la gran piedra universal.     


Imagen de portada: Autor desconocido, del documento «La Crisopeya de Cleopatra».

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