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Livier Fernández Topete

No necesariamente se es honesto por decir la verdad, siempre habrá cosas que se ocultan; no necesariamente se es deshonesto por mentir, la mentira es a veces una forma (con rostro poco confiable) de la verdad, en ocasiones el que miente resguarda una verdad más profunda que la que está en la superficie de su engaño, como la de la certeza de lo que el otro (a quien está mintiendo) alcanza a soportar, puede incluso haber una verdad de peso y no de autoindulgencia en el embustero: como su deseo de no lastimar a quien le importa.

El traicionado con el embuste, puede ser cómplice de quien lo engaña, en el sentido de que su fragilidad en torno a un esquema moral, repele la sinceridad.

El mentiroso es señalado por el supuestamente pulcro bajo la ilusoria mirada de incorruptibilidad. El honesto es vanagloriado y repudiado al mismo tiempo por una sociedad que simula preferir la verdad, pero a través de múltiples formas, opta por la mentira para obtener a cambio lo que conviene. La cultura castiga tanto al que miente como al que dice la verdad, por deslealtad o por exceso de franqueza, engañándose a sí misma y alimentando toda contradicción.

La congruencia admite, procura y abraza la verdad por incómoda que sea, la incongruencia se siente malherida cuando se le dice o presenta la realidad con su desnudez.

A veces el mentir de uno es la señal de los límites del otro para tolerar la verdad. A veces la verdad de uno es la señal de los alcances del otro para recibirla.

No es tan injusto el que miente, ni tan justo el que dice lo que considera cierto, pues hacer una u otra cosa, depende en parte de la interacción con el otro, de su madurez y apertura.

Verdad y mentira son relativas, lo mismo que honestidad y deshonestidad.  A través del otro nos encaminamos en una o en otra dirección, dependiendo de lo que hallamos en el espejo de sus ojos.

Desde nuestra construcción social, parece haber belleza en la verdad y fealdad en la mentira, pero estas son las dos caras que nos conforman. Dolos y Aleteia como nuestro ser monstruo de dos cabezas.

Nadie es completamente veraz ni completamente impostor, sino completamente humano.

Imagen de portada: Hide and seek, por Elena Kraft

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el artefacto.

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