Convivio con cubremotas5 min de lectura

Caliche Caroma

Había más reporteros que marihuanos en la Convivencia Cannábica del 26 de noviembre de 2020 a la que convocaron organizaciones michoacanas a favor de esta planta mágica, los periodistas de los diferentes medios locales conocían a varios de los consumidores de cannabis, los entrevistaron con sospechosa familiaridad en el corazón de la Plaza de Armas, ahí donde está el quiosco moreliano, ante las miradas y cámaras de media centena de policías que apretaban los puños y se mordían los labios (“Cuántas ganas de partiles la madre a estos drogadictos”, paráfrasis del encono). Taparle el ojo al macho (¡muera el macho!), se preguntó como diez mil veces: “Hola, señor, ¿me puede dar su opinión sobre esta actividad?”, a lo que los consumidores de enteógenos más experimentados contestaron al unísono: “Tanque y rol”.  

A las cuatro de la tarde ya estaba una mesa instalada, cartulinas con frases motivacionales sobre la regulación del consumo lúdico de la marihuana que hace poco legisló y aprobó el senado de la república mexicana, se mandó a los diputados la Ley General para la Regulación del Cannabis, a ver qué le ponen y le quitan los calienta-curules de la cámara baja. 27 gramos permitidos para el marihuano de a pie, un gramo más significa sanción, patadas y coscorrones, ¿los policías traerán básculas? En la mesa, dos jóvenes con batas blancas repartían periódicos informativos, otro de pelo largo hablaba por el megáfono, unos diez más estaban ahí, entre mujeres y hombres, se veían tristes, con los ojos hinchados, rojos, como si hubieran llorado los pobrecitos. Una planta de mota maltratada le daba contexto al asunto.

El problema principal de la concentración era a priori, los organizadores exigieron el uso de cubrebocas, y que no se compartieran los toques de mota, cada quien el suyo, el personal, tampoco se permitía la venta de hierba (weed). ¿Cómo fumar con tapabocas? Dieron las 4:20 de la tarde y los churros se prendieron, la nube de la felicidad cubrió a los asistentes con sus vapores. La creatividad salió a flote y al final sí se compartieron algunos carrujos, llegaron unos músicos norteños y cantaron corridos de los grandes héroes nacionales, mal llamados narcotraficantes. Luego sonaron los tradicionales tambores jipitecas, ritmos de convulsión y fornicación que los más atrevidos bailaron como pudieron. “¡Préndanse, banda, a danzar!”, fue el grito de guerra de un marihuano alfa que se hace llamar El Termita, también conocido como Dj Droga en el bajo mundo de los bares morelianos. Una señora que se dirigía a la catedral se persignó al escuchar la arenga de El Termita.

Curiosos sin quehacer se acercaron al “convivio con cubremotas”, se notaba que querían pedirles las tres a los pachecos que disfrutaban de sus cigarrillos verdes, una fumadita para los nervios, el famoso “desestres”, pero no lo hicieron, sólo aspiraron profundamente el humo de la combustión, los mirones son de palo y el que no habla, pues dios es medio sordo. Los árboles sonrieron, la cantera se puso más rosa, a las palomas les dio la seca y tomaban agua en la fuente más cercana. Uno que otro se quitó el disfraz de periodista y se puso el ajuar de marihuano (dejaron el chaleco de la empresa y se pusieron lentes oscuros), sacaron su guato de mango kush y se dieron unos pipazos de la paz, tras.

Como no hubo tanta convivencia y sí mucho desmadre organizado, a saber, la fumadera de mota, las peroratas y advertencias a la ley cannábica con altavoz, los norteños plazeros y los escandalosos jipitecas, poco a poco se fueron yendo los marihuanos a sus casas o a fumar a otra parte, ahuecando el ala, la plaza quedó apestosa no sólo a los meados de siempre, ahora huele a libertad (“la mota es de quien la siembra”). La sociedad mexicana ha dado un paso adelante en el tema de la marihuana, opinan los que están a favor de la macoña, aunque sus detractores aseguran que esto sólo incrementará la delincuencia en el país, aún se sigue asociando el consumo de marihuana con los actos criminales. Sea lo que sea, un fragmento del poema El caballero de la yerbabuena, del escritor José Juan Tablada que escribe marihuana con ge:

En la más sincopada de las rumbas

préndeme tu vacuna, oh mariguana,

universalizando el incidente.

Para más información visitar este aburrido link: Gaceta del Senado

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