Cos’è la persona non grata?3 min de lectura

Ismael García Marcelino

Está claro que en América ­–el continente, no solo en los Estados Unidos de Norteamérica– hay una supremacía racista que ha buscado, busca y buscará ansiosamente una manera de deshacerse de las formas culturales de existencia de aquellas sociedades que se opongan al aprovechamiento y la explotación inconmensurables de todo, todo, lo que se pueda transformar en dinero y poder político.

Declarar persona non grata a quien se opone a nuestros propósitos, como la hizo el gobierno de facto en Bolivia, es el berrinche formal más absurdo y ridículo que el mundo político ha creado, sobre todo si nos atenemos a que el recurso casi nuca resulta del consenso y sí, casi siempre, es el gesto de grupos de poder integrados por personas que se sienten dueñas de una rara hegemonía que los “coloca en un nivel superior”, de acuerdo con parámetros ad hoc, harto inciertos a pesar que suficientemente xenofóbicos. Veamos por qué:

¿De qué naturaleza divina, fina y superior serán la composición sanguínea, las exudaciones, las secreciones urinarias o las heces de un diputado del Congreso del estado de Aguascalientes, en México, como para declarar persona non grata a Evo Morales y al mismo tiempo sentir que proceden acertadamente? ¿De qué naturaleza será el Dios que encabeza los personajes de la Biblia sobre la que el gobierno de facto en Bolivia basa su odio a los indígenas y hostiga así a la representante diplomática de la República Mexicana?

¿Será verdad que la bancada panista en el Congreso de la Unión tiene gordos bonos con la Iglesia para que sus diputados se sientan seguros de poder declarar que Nicolás Maduro es lo más parecido al diablo, y en un gesto de fuchi como argumento tener suficiente para negarle la bienvenida al presidente de Venezuela?

No hace falta mucha sagacidad para saber que el golpe de estado en Bolivia obedece a que las riquezas –que los indígenas no pueden, y quién sabe si no quieren, explotar–, durante el gobierno de Morales, dejaron de estar en manos de los gobiernos derechistas y de grupos industriales comprometidos económicamente con los gobiernos de Estados Unidos, Europa y Asia. Está claro que la explotación del petróleo, la plata, el oro y las maderas finas –y ahora del litio, indispensable en la industria de la telefonía celular–, son negocios que, si pudieran estar bajo el control y la explotación moderada y democrática de los indígenas, eso es algo que los bancos del mundo no están dispuestos a permitir.

En tanto los gobiernos de izquierda impulsen mayor igualdad en la distribución de la riqueza, hagan visibles la corrupción y los abusos de las empresas transnacionales contra el planeta, que devastan, contaminan y abandonan; que usan obreros y operarios como usan tornillos y clavos; que pagan ridículas licencias para trasformar bosques de pinos en huertas de aguacate, en esa medida los poderes fácticos irán perdiendo de facto su poder.

Ser grato es apenas una señal de parecer no malo; pero una sociedad aficionada a los disfraces y al maquillaje enfrenta serias dificultades para saber qué es una persona non grata, sobre todo si esa persona es desagradable para todos o solo para un puñado de afectados en sus bienes.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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