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Horacio Cano Camacho

Un hijo consentido de la novela policiaca, primero, y luego de la novela negra, fue el cine que adaptó con gran contento los clásicos a la pantalla grande. De hecho, muchas novelas se beneficiaron -y lo siguen haciendo- de la exposición masiva que les brinda el cine y posteriormente la televisión. Muchas cintas consiguen nuevos lectores para el género. La “nueva televisión” no solo se ha beneficiado, el “boom” de las series ha permitido que muchas historias ganen en profundidad al independizarse un tanto de la tiranía del tiempo de pantalla.

Yo me declaro seguidor de muchas series, en particular las que han seguido los pasos de diversificación de estilos de la propia novela negra. Y una cosa que nos da la tele por streaming es la posibilidad de romper el monopolio de lo gringo y la horrorosa tele mexicana: Me encantan las series europeas, rusas, españolas, nórdicas y hasta las argentinas y brasileñas. Y tengo en mis listas a varias de las que temporada a temporada estoy atento, incluso algunas me han llevado a conocer a muchos escritores de tierras lejanas, que de otra manera seguirían (para mi) anónimos.

Hoy recomiendo una serie de lo mejor que he visto últimamente. Es una apuesta muy arriesgada. Primero, es multinacional. Se lanzó simultáneamente con producción de cuatro países, Inglaterra, Alemania, Francia y España. Cada uno con tres episodios, es un thriller que ocurre en un único escenario: la sala de interrogatorios, que además es la misma para todos los países. Esta característica hace que todo recaiga sobre la fuerza de la historia y desde luego, la calidad de las actuaciones.

No hay “acción” en el sentido clásico, no hay efectos especiales, solo diálogos en un espacio confinado. El formato, decía, es muy arriesgado: un(a) sospechoso(a) que está siendo interrogado; el equipo policiaco está integrado por dos expertos en interrogatorios frente al sospechoso, el abogado de este y un reducido número de técnicos que siguen el proceso detrás de un espejo, proporcionando el respaldo de las pruebas forenses cuando se requiere. Es todo.

Pero el formato alcanza cotas de tensión y drama muy interesantes, con varios giros inesperados y nos mantiene en vilo en todo momento: Primero sentimos empatía por el acusado(a), creemos en su inocencia, incluso nos resultan antipáticos algunos de los agentes, para luego sufrir desencantos y sorpresas. O no, por el contrario, el sospechoso lo es para nosotros desde el primer instante, tomamos posición y creemos o no en las evidencias, para luego, con un sinfín de preguntas y respuestas y la fuerza de los hechos, trastocan todo…

Cada capítulo es autoconcluyente e independiente. Yo temí al inicio que un capítulo de menos de una hora fuera insuficiente para profundizar en la historia o en el personaje. Creo que me equivoqué, por fortuna. Por la sala de interrogatorios va desfilando un espectro muy amplio de crímenes y potenciales criminales: el narco; el traficante de personas; el pedófilo; el proxeneta; la esposa celosa; el empresario decente y exitoso, pero con varios esqueletos en el closet, pero también el justiciero, aquel o aquella que se auto convencieron de tener la razón y la autoridad moral para acusar, juzgar y condenar a los demás, hasta el extremo.

Por cierto, personajes, que no obstante las claras diferencias culturales con nosotros no resultarán para nada ajenos a nuestro propio catálogo criminal.

La brevedad de cada historia también nos da otra ventaja, si bien se pierde algo del desarrollo de cada personaje, nos libra de muchos detalles innecesarios o que sobran luego en otras series, en donde meten cosas como la escena de sexo comercialmente obligada o la cuota de “apreciación” moral de curas, pastores o buenas gentes. La epidemia de lo políticamente correcto tiene en esta serie a un enemigo formidable: aquí todos caben, no importa su color, posición social, sexo, grupo étnico, cara de buenas gentes… bueno, ni los polis se salvan, pues todos cargan con sus pecados y estigmas que se amplifican con las historias que atestiguan. En ese sentido, Criminal es concisa y muy efectiva.

La serie lleva una temporada completa que se anuncia como Criminal Reino Unido, Alemania, Francia y España, es decir, de manera independiente y va iniciando la transmisión de la segunda temporada. Decía antes, que el formato le da una gran oportunidad al actor o actriz invitada como sospechoso, pues realmente es quien lleva la fuerza de la historia. En esta segunda temporada resultó de lo más interesante ver a Kunal Nayyar, el famoso Raj de The Big Band Theory como Sandeep Singh, un retorcido asesino serial en la segunda temporada del Reino Unido. Una actuación magnifica que realmente hace que nos olvidemos del papel que lo hizo popular por años, así de efectiva es la historia. O también miraremos a Kit Harington (Jon Snow en A Game of thrones), como el engreído hombre de negocios Alex, acusado de violar a una mujer que trabaja para él, este se los recomiendo mucho, se llevarán una sorpresa y tal vez sea uno de los más controversiales, pero todo en Criminal lo es en sentido estricto.

La serie funciona como un efectivo thriller psicológico y lo imagino más en un libro que en una sala de cine. Así que les convido a verla, seguro la disfrutaran estos días de estar en casa lo más que sea posible.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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