Cristina Bello y las palabras para hacerse visible13 min de lectura

En entrevista, la escritora moreliana y ganadora del premio nacional “Dolores Castro” en la categoría de poesía, habla sobre “Pistola de Agua”, el libro que la hizo acreedora al galardón, su experiencia como autora y el lugar que ocupan la mujer en la creación de un mundo, no solo, el de la literatura.

Oscar Eme Mora / @asterioonn


Pidieron que fundara un país cristalino
 /cascada de agua
/ pozo de agua
/ un país de mi saliva.

Nos citamos a las 17 horas de un jueves en la librería “El Traspatio” en la ciudad de Morelia. Cristina, que había llegado un poco antes, se percibe animada y nerviosa. Minutos después, ya instalados para la entrevista, confiesa que es un poco tímida e indecisa. Eso de leer sus poemas en público, confiesa, tampoco es lo suyo. En cambio, su camino, parecería ser la escritura personal, íntima y cercana. Además no puede evitar, preguntarse acerca de la invisibilidad general y propia. Hasta ahora, dice, son muy pocas las entrevistas que se le han hecho. Y es que pesar de haber ganado uno de los premios más prestigiados en el circuito nacional, la noticia de su galardón, se ha difundido poco.

Comenzamos con lo más obvio. Nos dice que su nombre completo es Beatriz Cristina Bello Ángeles, tiene 25 años y es egresada de la carrera de Literatura Intercultural que cursó en la Escuela Nacional de Estudios Superiores (ENES) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), en el campus Morelia. Sus autoras favoritas son Enriqueta Ochoa, a quien considera su maestra, Rosario Castellanos y justamente Dolores Castro de quien el Instituto Municipal de Cultura de Aguascalientes (IMAC), retomó el nombre para el mencionado premio.

Asimismo, poco antes de comenzar de lleno, nos cuenta que sus tres escritoras contemporáneas favoritas, mismas que considera como pilares en su formación, son Diana del Ángel, Yolanda Segura y Xitlalitl “Sisi” Rodríguez. Poetas, casi todas, y también desconocidas en lo general por una cultura que las ha invisibilizado.

Fotografía: Celina Manuel

Cuéntanos un poco de tus orígenes en la literatura.

Bueno, mi primer acercamiento con la literatura fue desde temprana edad. En la primaria iba a casa de mis abuelos y me quedaba en las tardes yo sola. Para entretenerme mi abuela me mandaba a la biblioteca a leer. Creo que por ahí empezó todo. Luego ya en la preparatoria, una profesora me recomendó la compilación “Nocturna Palabra” de Elías Nandino y me llamó mucho la atención el efecto que tuvo en mí la poesía. Creo que a diferencia de la narrativa, la poesía tiene un impacto más repentino en el lector. La narrativa me hacía tarda más en dar con el punto, y lo que me gustó fue justamente, la brevedad y el poder que esconden los poemas.

¿Y cómo fue tu acercamiento a la escritura y la poesía de lleno?

Mi primer poema publicado seriamente fue en 2016, yo tenía 21 años. Antes de eso, me gustaba mucho escribir en libreta pero cuando nos invadió la tecnología, opté por escribir en la computadora. Ahora juego con ambas cosas dependiendo como me vengan las ideas.

¿Y decidiste estudiar literatura?

No tanto así. Antes de estudiar literatura, yo ya quería ser escritora. Desde la prepa ya tenía esa idea porque estudié en una “prepa artística”, entonces ahí en las clases de literatura, se fomenta mucho el asunto de la creación y también estuve en un taller literario porque ese deseo siempre estuvo ahí, latente. Ya después entré a estudiar literatura pero no porque pensara que me iban a enseñar a ser escritora, porque de hecho es lo primero que dicen en las escuelas de letras, “que ahí no vas a aprender a escribir, sino a investigar”, y pues ese lado creativo, se queda un poco de lado en las universidades.

Fotografía: Celina Manuel

¿Cómo es que decidiste participar en el premio “Dolores Castro”, cuál fue el trabajo que enviaste?

Cuando estudiaba la Universidad, empecé a enterarme de las convocatorias de premios, congresos, etc., pero hasta este año me decidí a enviar algo porque ya tenía el tiempo suficiente para acabar un proyecto que tenía. Ya tenía un par de años que quería hablar de la cultura japonesa y una deidad llamada Izanami que tiene una historia particular donde todo el tiempo el mundo la silencia por ser una diosa que engendra a todos los hijos de Japón. Cuando ella va a procrear y dar vida junto con su hermano, le dicen que no tiene que hablar porque ya una vez tuvo hijos malformados a causa de que rompió el silencio. Entonces en esa segunda vez, habla su hermano el varón, porque la mujer no debe hablar primero. A partir de eso me resonó mucho esa historia y me pregunté ¿por qué ocurre eso siempre, por qué a quien silencian primero es a la mujer? Eso me llamó mucho la atención, quizás por la cercanía o el contexto que vivimos ahora, porque aunque sea una historia de mitología y genealogía japonesa, no deja de ser vigente. En aquel momento, tenía la intensión de escribir de eso, pero me di cuenta de que no podía hablar de algo tan gigantesco, y al ser una cultura oriental y yo verlo desde mi pensamiento occidental, me costaba más trabajo poder asirlo. Fue así que pensé en atraerlo hacía a mí y decidí contar la historia desde la visión de una niña con cualquier diosa o mujer, pero que ésta, viviera en la costa de México.

Así nació “Pistola de Agua”…

Sí, por ahí va el libro. Tiene tres partes, la primera se llama “La Inundación”, la segunda “Neptuna” y la tercera “Pistola de Agua”. Y bueno, en el libro, juego con la narrativa y la poesía porque me interesaba el asunto de las voces. Por ejemplo en la primera parte, es la historia de la niña que va contando cómo esta mujer que se llama “Neptuna”, se aparece en la ciudad portuaria donde vive y todo el descubrimiento de su vecina que llega con un grupo de hombres que es un grupo delictivo. Todo eso es narrativa, y ya en la segunda parte, se explica un rapto y un silencio que le exigen al personaje japonés que yo traje al libro. Ésa está contada en verso, y ya en la tercera parte, juego con los dos estilos.

¿Por qué traerlo al puerto mexicano, alguna historia particular de tu infancia?

Siempre me ha gustado la cultura japonesa y siento que tal vez reflejé ciertas cosas aunque fueran ficcionadas. Mi abuelo paterno era de Veracruz, y ese asunto de las historias del mar y del agua, están muy presentes en el libro por eso mismo. Es como una reminiscencia de eso y de esa violencia que está vigente.

En “Pistola de Agua” mezclas, como tú lo dices, la narrativa con palabras y figuras poéticas, ¿esa es la escritura qué estás buscando, es la que quieres seguir explorando?

Creo que justamente me gustó mucho tomar elementos de narrativa y poesía en este libro porque a lo mejor sí es doloroso lo que estoy contando, pero también fue un proceso muy divertido porque me di el tiempo de jugar con otros elementos que están fuera de la poesía y la escritura como tal. De pronto agarraba plastilina y la moldeaba, o a veces, hacía dibujos porque estaba explorando para contar esta historia pero sin renunciar a la lírica o poesía.

Fotografía: Celina Manuel

¿Qué significó para ti ganar el premio, de qué tipo de galardón estamos hablando?

Bueno, para empezar, el “Dolores Castro” me parece un premio único y hermoso porque es hecho para la escritura de mujeres. Su primera edición, creo, fue en 2012 y lo han ganado escritoras gigantescas como Verónica G. Arredondo, Nicté Toxiqui, Iza Rangel, por mencionar algunas, y que son chicas que leo y me fascina su trabajo. Mi perspectiva del premio es que no solamente se premia un libro, sino que se reconoce el trabajo que hay detrás y que es un espacio único en el país para las mujeres escritoras. Ganarlo me cayó de sorpresa, y de hecho cuando contesté el teléfono, solo podía agradecer y así estuve varios días. Hasta llegué a pensar que habían dicho mención honorifica y no era yo la ganadora [ríe nerviosamente].

¿Y te convertiste la primera escritora michoacana en ganarlo?

Sí [vuelve a reír].

¿Y qué ventanas crees se abrirán después?

Creo que la visibilidad es importante. Que uno siempre cuente con una publicación que circule a otras manos para decir, aquí estamos, y estoy escribiendo esto.

“Pistola de Agua” narra la invisibilidad de una voz femenina, ¿ése ha sido tu caso, es lo que le sucede a otras mujeres en la literatura, hay menos espacios para ustedes?

Para empezar este premio es exclusivo para las mujeres porque se tuvo que generar así. Un espacio y premio único. Quizá es necesario porque existe cierta prevalencia de que los hombres se lleven todos los espacios. Recientemente sucedió un asunto en los talleres literarios en el proyecto “Para Leer en Libertad” donde no hubo ninguna mujer como tallerista. De repente uno se pregunta si no hay escritoras que puedan impartir los talleres. ¡Y claro que las hay! Pero existen instituciones que siguen optando por invisibilizarlas y por eso hay que meternos o generar nuevos espacios. Eso es un poco de lo que ocurre con este tipo de premios.

Fotografía: Celina Manuel

¿Qué sigue después, qué plantes tienes en mente?

Quiero seguir jugando con la narrativa y la poesía. Creo que fue algo que me gustó muchísimo y quiero seguir experimentando por ese lado. También quiero escribir un poco sobre el pueblo de mi abuela materna, Panindícuaro, porque ahí hay historias escabrosas y felices que me gustaría trabajar para un siguiente libro.

¿Ves cierta conexión con tus abuelos, con tus antepasados?

Claro, cuando uno empieza a escribir es un poco como deshago pero no todo se queda ahí. Hay un esfuerzo por ordenar el pensamiento, lograr el efecto poético y claro el desahogo. Y sí, quizás sí hay conexión con mis orígenes, pero no dejo de hacer ficción con eso. Son historias que me contaron o que otros vivieron pero siempre busco ficcionar sobre ello.

¿Cómo trabaja Cristina Bello, hay proceso distinto en la poesía al del cuento o la novela?

Hace dos años empezó todo como verso libre pero sentí que no tenía pies ni cabeza. Después busqué ese largo aliento de la narrativa para hablar de lo que quería y necesité asirme de otras cosas, y por eso, opté por la historia de la mitología japonesa. Entonces fui escribiendo el libro entre terminar la carrera y la tesis. Al final le dedicaba unas tres o cuatro horas, unos cuatro días a la semana, escribiendo en la computadora y en libreta, sobretodo, al momento de corregirlo para tachar la hoja y sentir que el texto era visible en la hoja. Buscaba esa comodidad que no me daba la computadora.

¿Qué le recomiendas a los chicos, a las chicas, a toda la gente que lleva años tratando de publicar y trabajar su escritura?

Creo que son varias cosas las que juegan en eso. Sonará cursi pero creo que hay que abrirle el corazón a la literatura. Un poco o mucho de disciplina y también mucho de ensayo y error. En mi caso, fueron muchos los premios a los que había mandado algo y de los que me rechazaron. Entonces es eso, no desistir, ser autocrítico y tener a otras personas que te lean. No sirve de nada quedarse con la perspectiva propia. Y claro, leer muchísimo, tanto clásicos como actuales porque el lenguaje siempre está cambiándose y uno tiene que ir a ese ritmo.

¿Hay que leer a más mujeres, qué piensas de las llamadas cuotas de género?

Creo que el asunto no debe ir por tener cuotas de género sino por lo genuino de su escritura. Alguna escritora hizo un ejercicio y revisó en su librero. Encontró que la cantidad de autores y la cantidad de autoras no era la misma. Ahí fue que opté por leer a más mujeres y así llevó dos años. Ahora lo hago de manera inconsciente; ya sé de sus nuevos libros, y de pronto llegó a mi casa ya tengo más autoras que autores. Ése es el interés genuino. No hay que incluir a las mujeres por cuota, que de pronto sí sucede, sino que debería suceder por su calidad. El género no debe influir en eso. No hay que dejar que las niñas dejen de escribir y por supuesto, hay que leerlas. Tenemos que meternos en todos los espacios, y sino, generarlos para hacernos oír y ver. En todos. Siempre está presente el estigma de “la escritura como mujer” pero para mí es lo mismo.

Fotografía: Celina Manuel

¿“Pistola de Agua” es poesía feminista?

No necesariamente. No me atrevería a ponerle esa etiqueta aún. Simplemente es la historia de una niña que vive en la costa.

¿Finalmente, cuándo podremos leer “Pistola de Agua”?

El próximo 23 de octubre será la ceremonia de premiación en Aguascalientes, y ya luego de eso, supongo que me darán algunos ejemplares. Ya pensaré después en donde presentarlo.

*Agradecemos al Traspatío Cafebrería por las facilidades otorgadas, a la autora por el fragmento y al, las y los responsables de las distintas plataformas, para publicar el presente texto.




Imagen de portada: Celina Manuel

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