Cruising Morelia, se presenta6 min de lectura

Oscar Eme Mora

Al sur de la capital michoacana, existe un lugar conocido como Las Escaleras de Santa María y donde se puede poner en práctica eso de ofrecer o recibir un cuerpo o favor sexual sin nada a cambio. Eso en teoría, es el cruising por definición, pero no así, lo que Erik Moya (Zamora, Michoacán), plasma en su libro Cruising Morelia

En cambio, Erik Gerardo García Moya expresa en su libro, un conjunto entrelazado de imágenes, voces, sensaciones e impresiones que reflejan y recogen las implicaciones estéticas, morales y políticas de practicar el cruising en una ciudad como la de la cantera rosa, esta Morelia doble moralina, capital de la provincia.

Escrito como un conjunto de poemas con posibilidades abiertas hacía el guion, el ensayo, la historia o la geografía, el autor desentraña el amor, el deseo y la comunión que se da en los lugares públicos donde los muchachos, hombres, bípedos desemplumados se dan cita. Lo hacen en algún recóndito rincón de los sitios públicos para realizar/mantener contacto sexual, casi siempre, entre homosexuales, pero también, entre heterosexuales con ánimo de explorar o con miedo a dejarse crecer el cuerpo. El libro puede entenderse como una especie de mezcla entre lo anterior y la articulación más allá de la anécdota o la denuncia morbosa. Hay un lenguaje en las palabras de Erik, que nos remite a esas influencias más obvias en la literatura LGBTTTI. Están ahí El Vampiro de la colonia Roma (Luis Zapata) el Cantar del Marrakech (Juan Carlos Bautista) y los versos de Sergio Loo, Alejandro Aura, Abigael Bohórquez, Rosario Loperena y muchos otros y otras, que seguro se me escapan y que el autor siembra en un territorio netamente moralino: una ciudad, que aunque sea capital, obliga a sus quimeras a extender las alas en los oscura periferia.

Hay también en Cruising Morelia, un mapa para estar en esos espacios de la llamada ciudad de la cantera rosa/Morelia/Mugrelia/Mochelia. Erik sabe que para estar en Las Escaleras de Santa María y sus 280 escalones, no se puede huir. Sabe que para dar con el pasadizo donde las envolturas de condones sustituyeron a los pétalos de rosa, hay que darse sitio. Ir y correr el riesgo. En el libro de Erik Moya, publicado en el estado de Zacatecas y reconocido con el tercer premio nacional de narrativa y poesía LGBTTTI, se hayan las rutas para encontrar esas voces que se comparten, ya sea a través de una felación en Tres Puentes, masturbación en los baños del Estadio Venustiano Carranza o un nombre en cualquier baño de vapor de la capital michoacana.

Todo eso y más, se puede excavar en la obra de Erik Moya porque no hay restricciones ni de lenguaje ni de imaginación poética. En sus páginas, además, se dan cita los hombres y los nombres que habitan y han habitado en esos lugares, las notas periodísticas y las historias de las que echó mano el autor para escapar a cualquier definición que intente agotar el contenido del libro. Cruising Morelia, más allá de su historia y lo que le costó al autor sacarla, destaca por invitar al lector a volver y volver y volver a cada uno de los renglones y versos que desfilan a lo largo de este exquisito recorrido.

Todo empieza con dos advertencias. Erik explicando el génesis creativo de su obra y las editoras, invitando a expandir el universo de la literatura que atraviesa al libro. Continua con “De los hombres que”, donde el autor, define al cruising y nos lleva, como ingenuos curiosos, por un recorrido inesperado. Prosigue con “Ciudad de Cantera Rosa” (Cantos de personas invisibles), donde el autor redefine al cruising, y nos presenta, como invitados a su casa, a los protagonistas de las historias. Finalmente en “Requiem de cuando Juluis”, Moya canta a largo aliento y trece partes, el cruising infecto, el que señala que siempre que no, que no es cierto.

Dueño de una potencia dotada de originalidad y gusto por la experimentación, el libro de Erik Moya emerge como un acto político, declaración de amor y reclamo de justicia al mismo tiempo. Para esto se vale de las aspiraciones más nobles que tiene (o debería de tener) la literatura. Y es que a través de la ficción, el recorte periodístico y la elegancia escrita, el autor se atreve a poner sobre la mesa un asunto privado, que por falsas y peligrosas moralidades, se ha visto refugiado en los rincones más clandestinos. Si no fuera así, ¿cuántos de nuestros amigos, primos, tíos o hermanos, estarían vivos sin necesidad de ocultarse a plena luz, sin enfermedades y sin miedo a vivir su vida? 

En Las Escaleras de Santa María, uno puede practicar deporte o bien, encontrar el camino que lleva al sitio donde se practica el cruising. Además de ese, Morelia cuenta con una decena más de lugares similares donde de todos modos, con o sin libro, hombres homosexuales, hombres heretosexuales y jóvenes/niños como los protagonistas, se exponen y disponen de sus cuerpos y los peligros que representa reclamar el ejercicio al deleite de la carne y el sexo. Por eso la obra de Erik Moya es necesaria, y para prueba, la lamentable suerte que tuvo al encarnar la persecución y el hostigamiento de aquellos que ven en esta práctica, un delito para castigar o exhibir con prejuicio. Por eso no basta con una o dos reseñas. Por eso, y por muchas razones más que no caben en un texto, vale la pena conocer, leer y sentir lo que conoció, sintió y escribió Erik Moya en Cruising Morelia.


Cruising Morelia se puede adquirir en la librería “El Traspatío” (Bartolomé de Las Casas 533, Centro Histórico de Morelia) o directamente con el autor.

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