De cobre o Somebody that I used to know2 min de lectura

Livier Fernández Topete

   Para Grecia, Erika y Pablo

Las canciones son de todos o de nadie, pero no de quien las compuso. Hay canciones que son de uno o de dos aunque sean de todos o de nadie. Y aunque sean escuchadas por todo el mundo, ochenta veces al día, siguen siendo de uno o de dos, en exclusiva. Este tipo de canción no cansa ni al uno ni al dos, así esté muy de moda y retumbe en cada rincón de la ciudad. Es el caso de todo contenido que logre decir con sencilla y profunda claridad lo que a ese uno o dos acontezca.

Alguien a quien solía conocer.

Alguien a quien, de pronto, uno desconoce.

Debe haber muchas historias de dos o de unos que quedaron despojados de otros, que puedan verse espejeadas en esta letra tan común y al mismo tiempo tan única y contagiosa.

Una de las (más de siete) maravillas de las canciones o de uno respecto a ellas, es su capacidad de mutar –o la de uno-. Lo que tenía un significado, así como cuando algo se rompe entre dos y uno deja de conocer o conoce algo que le resulta insoportable del otro, así de rápido y frágil es el giro de un concepto. Las palabras son como cobre, dúctiles, potencialmente cálidas y buenas conductoras de la electricidad de la gente.

Hay canciones que ya no son lo que fueron, que pasan de ser de uno o de dos, a ser de uno o de dos, pero nuevos elementos.

Somebody that I used to know es tuya, mía, de nosotras dos, de nosotras dos que somos otras dos, de nosotros que somos otros, y también de ellos, aun la sienta mía y de nosotras. Es una canción que Kuhn me presentó, la sentí suya y luego fue mía (por muy diferentes razones), un poquito más tarde de mi hermana menor y, finalmente, de estas dos parejas en las que me incluyo y me desligo para dejarlas en exclusiva, cantando muy alto y al unísono, junto a Kimbra.

Resuena nuestra canción en cualquier sitio, nos hace coincidir; entonces estamos juntas mas no imbricadas; resuena el significado actual y no el primero; lo que fue ya no es; es de otro modo. Esto es una de las (más de siete) maravillas de las canciones o de uno respecto a ellas: sus letras están hechas de cobre, nuestra mirada también.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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