Materia oscura: Delirio de control: ingredientes para una distopía real4 min de lectura

Emmanuel Alcalá

Si crees que otra persona o institución controla lo que haces o piensas, probablemente termines en un hospital psiquiátrico. Sin embargo, si crees que todo el mundo piensa como tú y que tu cosmovisión es estándar, eres una persona normal. Te vas a pelear con tu prójimo en las redes, lo tratarás de imbécil, y querrás tener la última palabra. Estarás frustrado cada vez que entres a Facebook o Twitter y veas que no lo has silenciado, que sigue dando batalla. ¿Pero qué le pasa, si es tan obvio que tienes razón, si un gran porcentaje de noticias y publicaciones de otras personas coinciden contigo?

Mil millones de moscas comen mierda. Pero no pasa nada malo con ellos, o les pasa lo mismo que te pasa a ti: vives en una cámara de eco cuidadosamente confeccionada por terceros que desean que pase exactamente lo que está pasando, donde tus preferencias y preconcepciones resuenan en pequeños mundos que son el Mundopara ti.

Esta es la brevísima historia de cómo pasó.

Los satanizados conductistas del siglo pasado crearon una ciencia estrictamente empírica y extremadamente eficiente para «controlar y predecir» (Skinner dixit) la conducta de humanos y animales, basada en lo que un psicólogo (Thorndike) aún más viejo llamó la Ley del Efecto. Dice lo siguiente: una conducta que satisfaga una necesidad aumenta en probabilidad; luego la probabilidad de la consecuencia aumenta también.

Un sistema de retroalimentación perfecto, un bucle cuya entrada es su salida y viceversa. Luego, los ingenieros hicieron lo suyo: abstrajeron los principios del aprendizaje por refuerzo en modelos matemáticos eficientes, ejemplificados en los algoritmos que nos recomiendan libros, películas, nuevos contactos y noticias. Le das clic a una noticia, el algoritmo recomienda más de lo mismo. A veces, para aumentar la diversidad de noticias que recibes, te puede dar otras opciones.

Jaron Lanier, científico informático detractor de las redes sociales, explica: «Lo que es diferente de formas anteriores de medios y de publicidad es que puedes medir constantemente todo, desde tu expresión facial, con quién hablas, lo que dices, y por supuesto lo que buscas. Y metes eso en algoritmos con los que decides qué tipo de alimentación recibe esa persona, en redes sociales o información, y buscas correlaciones, de qué forma el cambio en el feed cambia su comportamiento. Más concretamente, buscas esas correlaciones en millones de personas que parecen compartir algún aspecto con esa persona. Y gradualmente, por estadística, sin ni siquiera entender por qué, te das cuenta de que puedes cambiar a la persona a través de cambios en el feed«[1].

¿De repente encuentras publicaciones que te hacen querer devolver la comida? ¡Dale duro a ese cabrón! Hazle saber lo equivocado que está. ¡Oh, mira cómo esta publicación recibió tantos «likes» de tus decenas de contactos que piensan como tú! ¡Haz más similares!

En este mundo en que todos tienen libertad, los monopolios de la información arreglaron las cosas para que libremente hagamos lo que ellos quieren. Porque, sí, la libertad no es algo por lo que hay que luchar, es algo dado, algo que necesita ser tomado y ya. Nadie debería coartar la libertad de nadie, ni siquiera de esos monopolios, o especialmente no la de esos monopolios. Nadie va a pisar un psiquiátrico mientras se sienta libre. Curiosa paradoja. La era de la información y de las conexiones masivas ha fragmentado nuestro mundo en cientos de mundos, lo que nos impide una de las más fundamentales capacidades humanas: la empatía.

Para más historias como esta, sígueme en Materia oscura.

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[1] https://elpais.com/cultura/2018/09/13/babelia/1536838060_368784.html

Foto: Autorretrato, Steffen Brinkmann

Emmanuel Alcalá

Licenciatura en Químico Farmacobiólogo en Universidad de Guadalajara Graduado con tesis en Organismos Genéticamente Modificados. Maestría en Análisis de la Conducta en el Centro de Estudios e Investigaciones en Comportamiento (CEIC), Universidad de Guadalajara. Graduado con tesis de Redes Neurales Artificiales. Doctorado en Análisis de la Conducta en CEIC, UdeG (2017 – 2020). Investiga mecanismos de aprendizaje en formación de hábitos usando modelos animales.

Sus intereses van de la química a la psicología experimental, las computadoras, las ciencias cognitivas, neurociencias, economía y modelación matemática en psicología. También le interesa el Software libre, la comunidad hacker de Linux y el código abierto, Ciencia Abierta y gratuita y en general cualquier iniciativa de conocimiento libre que combata los monopolios editoriales que lucran con el conocimiento realizado con dinero público. Tiene un fuerte interés por la filosofía y, fuera de lo académico, por la literatura, el cine y el café bien cargado.

“Como en La Fundación de Asimov, creo que, para bien o para mal, la sociedad está sujeta a leyes estadísticas, como las moléculas de un recipiente, y nuestra conducta puede ser manipulada a gran escala”. 

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