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Livier Fernández Topete

Tarot y Arte son sistemas simbólicos de interpretación de la realidad, el primero puede entenderse como una herramienta psicológica que a partir de proyecciones (y otros mecanismos según el enfoque), desata el viaje hacia adentro y por ende, la reflexión; el segundo recrea la realidad con una finalidad estética o al menos, conceptual, tomando como medio de expresión cierta idea, materia, imagen (visual, dancística, sonora, etc.).

Ambos sistemas nos invitan a leer imágenes artísticas. El detonante introspectivo de un mazo de Tarot está compuesto de arcanos/arquetipos traducidos a imágenes, creadas por un artista. Para leer arte es necesario conocer el microuniverso simbólico de su productor o indagar alrededor de este.

Descifrar arcanos del Tarot requiere conocer el significado de los símbolos de la escuela a la que pertence el mazo (Marsella, Waite-Smith o Thoth), existiendo así, tres grandes “idiomas” para las “gramáticas” de su interpretación, sin dejar de lado los matices que aportan los cocreadores conceptuales y artísticos de cada mazo, aunque estos se ven obligados a respetar la simbología general de la escuela de la que se desprenden; es decir, hay libertad en la línea estética y restricción en la simbología según la escuela: símbolos como común denominador y particularidades en estilos a partir de colores, trazos, técnicas, etc.

Tarot y Arte también son métodos mayéuticos, en el sentido de su empuje para generar preguntas y descubrir respuestas o verdades (provisionales).

Un mazo de Tarot es una galería de la condición humana condensada. A través de sus arcanos se nos revela el trazo de la ruta existencial de cualquiera. Las pautas del ascenso o descenso evolutivo del ser están plasmadas en este tipo de imágenes. Los arcanos relatan la narrativa de lo humano, el antiquísimo cuento de quienes somos en esencia, el Tarot es un libro que ilustra los rostros y las facetas de lo humano.

Woman Shooting Cherry Blossoms de Nick Szasz

¿Acaso no es lo mismo el arte? su historia es nuestra historia, sólo que menos estructurada y más vasta que la del Tarot, más dispersa en el tiempo, en el espacio y entre sus diferentes manifestaciones.

El Tarot es una labor de síntesis, un espejo más limpio para miranos, un sistema que nos facilita leernos independientemente del tiempo y de la cultura en la que nos haya tocado nacer, porque a lo largo de su historia hasta llegar a su depuración, el Tarot se nutrió del inconsciente colectivo, ese tejido extraño que está más allá de la consciencia, pero que al mismo tiempo es común a la experiencia de todos. Los arcanos (que encarnan arquetipos: símbolos e imágenes universales y primarias que provienen del inconsciente colectivo y nos permiten comprender motivaciones y personalidades) retratan esta naturaleza humana.

Tarot y Arte son sistemas de recreación, interpretación y comprensión de la realidad, ya sea a partir de microuniversos simbólicos cerrados o abiertos, colectivos o subjetivos. Y al decir “comprensión”, no me refiero al cabal entendimiento de nada, más bien a su aproximación, porque comprender algo no es agotarlo, sino penetrarlo para vislumbrarlo apenas desde otro lugar.

Tarot y Arte son buenos espejos que, aunque nacidos del juego, transforman su digresión, su lirismo o trasgresión en cosa seria, para ser a veces incómodos o hasta hirientes, otras compasivos, pero nunca complacientes; son cristales nítidos y elocuentes para repensarnos y repensar al mundo.  

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el artefacto.


Imagen de portada: Woman Shooting Cherry Blossoms de Nick Szasz

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