El derecho de los lobos6 min de lectura

Horacio Cano Camacho

Aún quedan unos días de estas extrañas vacaciones, de manera que hay mucho tiempo para hincarle el diente a la novela que hoy les quiero presentar. Imagine una combinación de serie de abogados, con todas sus intrigas y complicaciones, testigos, personajes interesados en torcer un juicio, intereses políticos, entre otros entuertos; aderece con una descripción histórica muy sólida del contexto. Ahora mezcle una persecución policiaca al presunto responsable de un crimen atroz, y añada al batidillo humor negro, la vida disipada de algunos de los principales protagonistas y una corte de personajes muy extraños, pero muy sólidos. Para finalizar, añada calidad literaria y una conjunción muy buena de todos estos elementos. Para servir la sopa preparada, situé la historia en la antigua Roma.

La novela resultante es -a decir de la crítica- un thriller histórico mezclado con el hardboiled de burdel. Este último es un subgénero de la novela policiaca que mezcla la novela negra con componentes de violencia, asesinatos y persecuciones en un contexto erótico -digamos- duro.  Pero no se espante, los autores solo están describiendo una época. Históricamente, los momentos que preceden a los grandes cambios sociales se caracterizan por crisis de sociedades que viven al limite, sordidez y comportamientos “amorales”. Un ejemplo claro lo podemos ver en la transición de la República de Weimar que presagiaba la llegada del nazismo en Alemania, una época que podemos caracterizar como “el huevo de la serpiente”.

Roma vivió esta condición entre la república tardía y la instalación del imperio: asonadas en la colonias, levantamientos de caudillos, guerras civiles, intrigas y pleitos de las familias más poderosas, asesinatos y mucha, mucha disipación en sus conductas sexuales. Aquí se sitúa El derecho de los lobos (Alfaguara, 2021), primera novela escrita al alimón por Stefano de Bellis y Edgardo Fiorillo. Stefano Bellis es consultor informático, mientras Edagardo Fiorillo es biólogo. Ambos son fanáticos de la novela negra dura estadounidense y de la historia romana, además, dedican gran parte de su actividad diaria a la divulgación científica, lo que le da más sentido a este giro en sus vidas para escribir una novela que califica como thriller histórico.

Stefano de Bellis y Edgardo Fiorillo

La novela se sitúa en el año 80 a. C., un periodo tardío de la república que precedió al imperio. Roma es una metrópolis violenta en la que se entrelazan el dinero, el vicio y la política. En la oscuridad de los bajos fondos de la Saburra, cuatro asesinos irrumpen en el nuevo burdel de lujo La Vaina del Gladio (ya indagarán el juego que se esconde en este nombre tan extraño) y provocan una masacre; entre los muertos se encuentran, además de las prostitutas y el “chulo”,  un rico comerciante de telas Marco Vilio Cincio (una suerte de Versace antiguo), aspirante a senador. El dueño del lugar, Marco Garrulo, mejor conocido como Medio As porque por esa suma exigua vendería incluso a su madre, es el único superviviente de la carnicería y deviene en el principal sospechoso, por lo cual desaparece, y son muchos los que lo buscan, como el veterano centurión Tito Anio, quien hace las veces de un agente secreto.

En otra parte de la historia que corre paralela, la vestal Cecilia Metela acude al joven Cicerón para que defienda a su protegido, Sexto Roscio, de la acusación de parricidio: una causa delicada que oculta intereses perversos. La sombra del Cónsul Lucio Cornelio Sila Félix, cuyos enemigos están cada vez más inquietos, se cierne sobre ambos casos. Mientras que, para llegar a la verdad, Tito deberá enfrentarse a peleas, emboscadas y complicaciones sentimentales, Cicerón descubrirá que no solo está en juego el destino de Sexto, sino el suyo propio, e incluso la supervivencia de la República.

La novela es impresionante y la mezcla extraña resultó de lo más afortunada, te mantiene en vilo hasta la última página. Además tiene un documentación muy exhaustiva, yo me divertí consultando sobre personajes, los hechos narrados, mapas, ciudades, nombres. De la fase imperial de Roma se ha escrito mucho, hay cualquier cantidad de novelas, películas y series, sin embargo, de la tardo república se sabe muy poco, por ello es de agradecer. Una forma de aprender de esta etapa de un manera muy entretenida, incluso mis cuates abogados mirarán el derecho romado sin el sopor de las clases de la facultad.

Hay una discusión entre el joven orador Cicerón y el famoso abogado Hortensio en torno a la búsqueda de la verdad y la clara distinción entre la aletheia griega y la veritas romana: “Nuestra veritas -dice Hortensio- es lo que corresponde a la realidad. Lo que no quiere decir que sea necesariamente cierta. Esa es la clave, Cicerón; lo que nos importa a los romanos es lo veraz, lo verosímil. Lo que para la mayoría de los romanos responde a la verdad, en la percepción común corresponde a la veritas, un concepto en el que tienen un peso no desdeñable unas buenas dosis de fe. Es la herramienta práctica, un sucedáneo de la aletheia, por supuesto, pero mucho más común y útil en el mundo mortal”.

Yo no se si la discusión es real, pero nos remonta a la famosa posverdad de la ultraderecha moderna de cualquier lugar, incluido México, para la que lo importante no es la verdad, sino la percepción que la gente tenga de lo que es la verdad, y esta no es lo que dicen los científicos o los expertos, sino lo que sostienen los políticos, los medios o los influencers

Yo no pude evitar recordar mis excelentes clases de etimologías grecolatinas del español de la prepa… Así de buena, divertida y apasionante es esta novela. Creo que debe aprovechar y correr a la librería antes de que ómicron nos lo prohíba, o comprarlo como libro electrónico, más bara e inmediato y sin necesidad de usar mascarilla. Apúntese a descubrir que la política sigue siendo lo que es desde esas épocas en las que a veces sentimos que nada cambia.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el artefacto.

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