El día que se perdió la cordura3 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia 

«En el centro de Boston, a las 12 de la mañana del día 24 de diciembre, un hombre es encontrado caminando desnudo con la cabeza decapitada de una joven». De esta manera brutal, comienza la novela que hoy recomendamos en este Bufete Negro, se trata de El día que se perdió la cordura de Javier Castillo, un joven escritor malagueño que publicó esta novela por primera vez en formato digital en el famoso espacio Amazon, con cerca de cuarenta mil ejemplares vendidos, se convirtió en un éxito inusitado, por lo que más tarde una editorial decide imprimirlo, repitiendo la misma popularidad en ventas.

Javier Castillo

Esta novela no se parece a nada que yo haya leído antes de este género, la trama se desarrolla en tres momentos que abarcan un arco temporal de 17 años, los capítulos son de extensión pequeña pero van encajando desde el primero, formando un rompecabezas macabro: ¿Quién es el misterioso “decapitador”? ¿Quién es la víctima? ¿Qué hay detrás de este horrible crimen?. El autor nos adentra en una historia compleja y más terrible de lo que parece; vamos descubriendo que nada ni nadie son lo que aparentan.

El director del centro psiquiátrico de la ciudad, el doctor Jenkins, y la joven agente del FBI, Stella Hayden, quedan a cargo de la investigación del extraño caso, e intentan descubrir la identidad de la mujer asesinada, así como la del extraño hombre, apodado el «decapitador», lo que pronto los llevará a una historia cada vez más espeluznante y que lleva escribiéndose desde hace 17 años en un pueblito llamado Salt Lake.

Los recursos narrativos de este thriller psicológico están muy bien construidos, los diálogos son bien documentados y de acuerdo a la historia que nos narra; el ritmo sin ser trepidante mantiene al lector en vilo a lo largo de la novela. Algo que me sorprendió, es que el “amor” tiene un papel protagónico, un elemento poco usual en la novela negra, pero que convierte a esta en una moderna tragedia griega.

Los diversos personajes de esta novela, como Steven, prominente abogado de Nueva York que pasa sus vacaciones acompañado de su esposa e hijas en Salt Lake; Jacob, dependiente de una vinatería en el pueblo, que viene huyendo de un padre alcohólico y criminal, la joven agente del FBI, el doctor del psiquiátrico, el propio «decapitador» y protagonista de esta historia, que no deja de sorprendernos en lo real que puede llegar a percibirse. Cada personaje tiene un peso clave, y es que este pequeño pueblo pequeño tiene un pasado oculto y muchos esqueletos en el armario.

En fin, no les cuento más para no arruinar el suspense, les recomiendo mucho esta novela que pese a lo escabroso de los hechos que narra, hace que el lector no deje de armar sus propias conjeturas, de investigar, y sobre todo de dudar.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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