El dulce veneno del jazz4 min de lectura

Horacio Cano Camacho

Hemos dicho varias veces en este bufete negro que los caminos de la novela negra son insondables. Las tramas muy sencillas, aunque muy adictivas, de la novela policíaca clásica se fueron refinando hasta encontrar caminos que la convierten en historias nada predecibles y tramas muy complejas. Ya hemos hablado de novela negra y cocina, novela negra rural, “étnica”, tecnocientífica, ambientalista y un largo etcétera. Hoy quiero dedicarle un espacio para hablar de novela negra y la música.

Lo haré de la mano de una autora que escribe de manera muy sencilla e interesante usando una recreación del ambiente del jazz o el blues, unido a una curiosa trama que probablemente no sea lo más importante. Yo la encontré hace buen rato por que me atrajeron mucho sus títulos y la verdad me lleve una muy grata sorpresa.

Charlotte Carter es una escritora norteamericana, ella misma es una gran aficionada al jazz y la música bebop y autora de una serie de novelas policíacas protagonizadas por la saxofonista Nanette Hayes, interprete callejera en New York.

Nanette es todo un personaje: irreverente, bohemia, original y adorable. Vive al día tocando el sax tenor por las calles y estaciones del metro, cuidándose de los policías, la lluvia y los turistas que le piden interpretar a Ray Conniff y que sueña con convertirse en una estrella del jazz. En ese ambiente de las calles, convive con personajes variopintos y rocambolescos. Algunos incluso, que dan miedo… de esta manera termina siendo una detective aficionada, muy a su pesar.

En El Dulce veneno del jazz, un mal día, aparece un misterioso hombre que se las arregla para acompañarla a su casa y a la mañana siguiente… aparece muerto y resulta ser en realidad un policía encubierto. Nanette se ve así metida en una trama en donde tiene todos los elementos para perder en la “sociedad del éxito”: marginal, negra e interprete callejera. Esto la lleva a mezclarse con personajes curiosos y siniestros, como un narco amante del jazz, una extraña pareja que vigila cada uno de sus pasos y un enigma del mundo del jazz, el extraño Rhode Island Red (si, como las gallinas y no le cuento más…).

En su segunda aventura, Negra melodía del blues, Nanette se va a París, en busca de una tía desaparecida, oveja negra de la familia y su roll model de la infancia. En esta ciudad se completa un recorrido por los bajos fondos y la historia de los músicos que tuvieron que salir de su país en búsqueda del reconocimiento que se les negaba en casa. Viejas leyendas del jazz y el blues, exiliados como Josephine Baker o Chester Himes y una historia que nos recuerda inevitablemente al El perseguidor de Julio Cortazar y su descripción de un viaje al infierno con Charlie Parker. Con todos esos elementos a la mano, Nanette Hayes debe reconstruir un rompecabezas para localizar a la tía y en realidad para reconstruir sus propios orígenes.

De regreso de París, luego de un tremendo mes de abril, Nanette busca trabajo y calma cuando recibe una muñeca de vudú, realizada por la misteriosa artista de Harlem Ida Williams. Cuando Ida es asesinada a tiros en el restaurante donde Nanette ha sido contratada para tocar, nuestra heroína se lanza a investigar el oscuro pasado de Ida y, sin quererlo, también el asesinato, nunca resuelto, de una joven promesa del rap… Esta es Rapsodia en Nueva York, el tercero de la saga.

Luego de estos tres libros, Carter creo otro personaje, la detective Cassandra Lisle con quien publicó Arde Chicago y En primera línea de fuego, pero ya con otro estilo, digamos más alejado del de Nanette Hayes, aunque también muy recomendables y todas publicadas en español por Siruela en su colección policíaca.

Me gustan los libros de Charlotte Carter, en particular la serie que comento por que además de leerse se pueden escuchar. El rimo es muy musical, con infinidad de referencias a dos géneros que me encantan y el personaje central por si mismo es muy adorable. No es literatura negra light pero se le fácil y con una sonrisa de satisfacción. Acérquese al dulce veneno del jazz…

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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