El imperio de la mediocridad3 min de lectura

Ismael García Marcelino

Con un reconocimiento para Yazmín David

La corrupción es un síntoma inequívoco de la incapacidad humana, escribió alguna vez Miguel Ángel Granados Chapa, para referirse a la falta de talento que algunas sociedades suelen disimular haciendo trampa. Lo asombroso es que se necesita el mismo esfuerzo para cultivar la habilidad de engañar que para desarrollar el talento y la disciplina, y los mexicanos sí que se pintan solos para sacar la casta, llegado el momento. ¿Qué es entonces lo que ocurrió?, ¿cómo vino a instalarse en nuestra sociedad tal imperio de mediocridad? Veamos si se entiende:

Si copiar en un examen es tema de discusión en los procesos de evaluación educativa, debe de ser porque hay quienes se apoyan en otro para superar una prueba; lo hacen por alguna razón, en algún lugar lo aprendieron; y no se trata solo de niños de primaria, estudiantes de secundaria o candidatos a licenciado en una facultad; también hay las personas que obtiene una licencia de manejo sin comprobar un nivel mínimo de educación vial, profesores que estudian y al mismo tiempo enseñan, pero copian las tesis de otros; transportistas que no se explican el sentido vital de una ciclopista o de un programa para revisar y afinar sus motores (que emiten gases contaminantes), que se oponen, se supondría que con razón, a verificar sus vehículos.

Si el combate a la corrupción es bandera de lucha de un gobierno de izquierda —y no me refiero al PRD, por supuesto, porque si este partido es de izquierda, entonces en el PAN son chavistas y de formación bolivariana— es porque limpiar y desinfectar tiene que ser lo primero, y eso no será simple ni sencillo, sobre todo porque la lucha contra la corrupción es de unos cuantos a quienes, por costumbre, se resistirán otros muchos. Por ejemplo: frente a la idea de devolverle al pueblo lo robado sometiendo a subasta las cosas que por opulencia del poder se compraron en las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña, o la de sortear un avión presidencial (tan lujoso como innecesario) que los hijos y acomodaticios amigos del presidente y su esposa usaron como el avión de la familia, se ha podido decir que es una ocurrencia, que es mala idea, que inviable, y todo lo que se ha vertido en redes sociales, pero todos olvidan que cuando se compró se quedaron callados. Poco se puede ayudar estorbando a quien, a su manera, está recogiendo el tiradero.

Los cambios duelen y los sindicatos, una vez que se les desenmascara, suelen ser quienes más se oponen al cambio, sobre todo porque, si se combate la corrupción, se hace visible la mediocridad y los hábitos que los trabajadores habían vuelto naturales recuperan su condición de cuestionables: llegar tarde a la oficina, abandonar el trabajo para ir a dormir la resaca, beber o drogarse en horas de trabajo, justificar sus faltas con el argumento de la actividad sindical, etcétera. Esas cosas se aprenden y casi siempre, cuando adultos, reflejarán una conducta anterior adquirida en la primaria, en la secundaria o como moradores en una casa del estudiante.

Los gremios sindicales que lideran Antonio Ferreira y Eduardo Tena, uno en el Gobierno del Estado y otro en la Universidad Michoacana, integran potencialmente una multitud, lo he visto en el Museo del Estado y en la Secretaría de Pueblos Indígenas, pero el daño que le hacen a las instituciones que los ocupan nunca será aceptable solo por mayoría de votos. Porque si pensamos que una actitud mediocre es correcta porque la mayoría piensa que es correcta, nomás por eso no estamos pensando.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

Notas relacionadas

Un comentario sobre «El imperio de la mediocridad»

  1. Alejandro Delgado

    Vivimos en una sociedad formada por grupos en trilogías, entre ellas se dan diversas clases de relaciones que van, desde el odio y la codicia hasta las lealtades incondicionales con sus fortuitas negociaciones, pasando por los grupos de situación intermedia (los que no se meten en problemas, que se hacen para donde sople el viento y uno que otro honesto que es, generalmente, repudiado o dejado de lado por los otros. Lo que está viviendo Jazmín David en Radio Nicolaita, lo viví en carne propia y sería necesario estar en nuestros zapatos para entender, lo posible permitido, los comportamientos de esas trilogías. Una de esas es la de la alianza de la eternizada mafia (protegida por la también eterna mafia del sindicato) con alguno o algunas de las autoridades. Historia larga la de las trilogías. La historia ignorada por décadas es que no son los empleados de RN los que han mantenido viva la programación, han sido los colaboradores, entre particulares y universitarios de algunas facultades y los programas grabados que envían embajadas e instituciones diversas, sin los cuales Radio Nicolaita simplemente no existiría. La lucha ahí ha sido siempre entre la mediocracia (de mediomediocres) contra el interés y entusiasmo de los colaboradores. Solo dos o tres directores quedamos, con las manos amarradas, entre la espada y la pared. Con empleados con plazas heredadas, otros que laboran tiempo completo en otras dos o tres instituciones (que checan de entreda en RN, se salen de sus labores para ir a checar de entrada en otra chamba -por ej. en la Sec. de Educación-, regresan a una y a otra a checar de salida de horario, otros cumplidores saboteando ldiariamente los programas de los colaboraddores. etc., lo digno no es negociar, no bajar la frente ante esa permanente ignominia de trilogías.

Danos tu opinión: