El Palabrero o como darle la vuelta a la pandemia con la creación5 min de lectura

Raúl López Téllez

El Palabrero es un proyecto literario y de creación animado por alumnos y exalumnos del Centro de Educación Artística Miguel Bernal Jiménez (CEDART) de la capital michoacana.

El proyecto integra desde su fundación en el año 2019 la versión en fotocopias de ocho números y un noveno en pleno proceso de impresión. La pandemia, señalan sus fundadores, obligó a trasladar la revista al medio virtual, espacio en el que “se le dio la vuelta” a la emergencia por la covid-19 y en el que se mantendrá a la par de persistir en las ediciones en papel.

“La idea fue heredada de una generación anterior a la mía, que fue la de 2014 a 2017, la de crear una revista interna, pero nunca se concretó, hasta que en el específico de Literatura, con el maestro Francisco Prieto Huesca, se retomó con el propósito de tener un espacio para registrar lo que se hace en el Centro de Educación Artística”, señala Julissa Bolaños Calderón.

Los primeros ocho números de El Palabrero fueron editados artesanalmente, con 200 ejemplares mediante fotocopias y con el empleo de papel bond y cultural para su sección central. En esta etapa, señalan, fueron apoyados por la dirección escolar con el pago de las fotocopias y la compra del papel, aunque las limitaciones financieras impidieron que se mantuviera este subsidio.

Ante esta interrupción en el apoyo, dice el maestro y también narrador, “las generaciones (de alumnos) deciden vamos a echarle ganas, para esto ya íbamos en el cuarto número”, en los que se solicitaba cooperación voluntaria, pero a partir del número cinco, “decidimos ponerle un precio fijo, que es de diez pesos”, complementa Julissa.

El Palabrero a partir de entonces se abrió a colaboraciones de jóvenes de otras instituciones, como la Facultad de Letras de la Universidad Michoacana, donde, afirma Prieto Huesca, sorprendió que desde el CEDART sus alumnos impulsaran una publicación en tanto que la dependencia universitaria carecía de ella.

Con medio año de suspenderse el formato impreso, el noveno número será editado en offset, gracias a lo que Prieto llama “un encuentro con la suerte”. Durante la presentación de la publicación en el café Kistch de esta capital, narra, uno de los asistentes les ofreció al término del evento apoyar con la impresión, incluso con una portada y contraportada a color.

De acuerdo con el catedrático, El Palabrero se puede considerar una continuidad a otro proyecto que le antecedió, El Caracol, un periódico interno que dirigió Irina Sapovalova, “que llegó a imprimirse incluso en dos tintas en la Editorial Universitaria de la Universidad Michoacana, pero después se extinguió”.

El primer número de El Palabrero, cuenta Prieto, se presentó en Mérida, Yucatán, durante un encuentro nacional de literatura de los centros de educación artística.

Los contenidos de El Palabrero se nutren de colaboraciones de estudiantes regulares y ex alumnos, así como de colaboradores que desde otros espacios han mostrado interés desde la edición digital, respuesta que de acuerdo a Julissa obedece a “la diversidad de temas que abarca, no lo limitamos a sólo creaciones literarias o artísticas, sino a un poco de ciencia, explicaciones etimológicas, más abierto y quizá eso sea lo que anime a la gente a mandar sus colaboraciones.”

Desde el 2020, agrega Julissa, se inició con la edición digital en redes sociales en el contexto de la pandemia, “y a falta de condiciones para distribuir el impreso, pero no queríamos dejar esta parte del impreso, por lo que mantenemos las dos vías”.

Ciencia ficción, el café, mujeres en la literatura, identidad mexicana, el amor y el tiempo, han sido los temas que El Palabrero ha abordado temáticamente en sus números. Los contenidos, dice Julissa, se plantean abiertamente a la comunidad estudiantil para recibir colaboraciones, las que son seleccionadas y trabajadas para su edición colectivamente.

Cada quincena, señala Prieto, “nos reunimos virtualmente y analizamos las colaboraciones, igual que se reciben propuestas sobre los temas siguientes, los primeros cuatro o cinco números no eran temáticos, eran abiertos”.

-¿Qué tan importante es este proyecto cuando la pandemia nos ha sumido en el silencio?

“Muy importante, de hecho el primer número digital fue con el tema de la pandemia, para abrir este diálogo sobre cómo nos estamos sintiendo desde casa con esta nueva normalidad”, opina Julissa.

De la pandemia y sus enseñanzas, Prieto refuerza la idea de que en El Palabrero fue una motivación “para darle la vuelta al editarlo digitalmente”, además de que aun con limitaciones impuestas por las medidas sanitarias, cada día 30 del mes están planteando una reunión en el Jardín de las Rosas, de interesados en participar.

El maestro destaca la “mucha pasión” de las integrantes de El Palabrero para mantener la publicación, al grado de que aún siendo algunas ya ex alumnas, se mantienen en el proyecto que ahora de manera impresa busca una periodicidad bimestral y darle continuidad a presentaciones y lecturas virtuales abiertas. 

El equipo de El Palabrero:

Kenari García Álvares
Yunuen Parra Herrejón
Diana Martínez Dagnino
Guillermo García
Lucía Nieto
Marisol Anguiano
Edgar Augusto Piña
Valeria Camarena
Juan Francisco Prieto Huesca
Julissa Bolaños Calderón

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