El tiempo de los emperadores extraños5 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

«Y comprendió que eran ellos, ellos eran los nuevos emperadores.
Extraños para si mismos y para el mundo, sin nociones de pasado o de futuro;
niños egoístas y solitarios jugando en un purísimo cielo de crueldad,
matando sin odio, sin motivo, inaugurando así para el mundo una época implacable.»

El tiempo de los emperadores extraños

Hoy voy a recomendar en este Bufete Negro, un libro muy especial, El tiempo de los emperadores extraños (2016, Penguin Random House) de Ignacio del Valle, que se clasifica según la crítica como novela negra histórica o thriller histórico. 

Durante la Segunda Guerra Mundial, España participó como aliada de Alemania a través de la División Azul, conformada por voluntarios españoles para luchar en contra de la Unión Soviética y como deuda que Franco “Caudillo de España por la gracia de Dios”, tenía con Hitler por el apoyo que recibió de él durante la Guerra Civil. Sin embargo, Franco (astuto como era) nunca les otorgó el rango de ejército o batallón regular (quizá curándose en salud ante el posible juicio de la historia), esta división siempre se presentó como un grupo formado por “voluntarios”.

Ignacio del Valle

La división es enviada al “corazón de las tinieblas”, el frente ruso donde estos voluntarios comenzaron a vivir en carne propia lo que sin duda fue la etapa más sangrienta y terrorífica de la Segunda Guerra Mundial, estuvieron específicamente en el sitio de Leningrado donde pelearon codo con codo con la Wehrmacht (fuerzas armadas unificadas de la Alemania nazi), donde hubo varios desacuerdos entre españoles y alemanes, así como diversos testimonios del valor de los soldados españoles en esta gesta donde se caracterizaron por su fiereza y entrega (aunque no por su disciplina, hecho que siempre se los echaban en cara los alemanes).

En los alrededores del monasterio ortodoxo de Molewo y sobre la congelada superficie del Río Slavianka, un grupo de soldados españoles comandados por el sargento Espinoza se encuentran con una escena totalmente tétrica: entre una veintena de caballos atrapados en el hielo, sobresale el cuerpo de un hombre también enterrado hasta el torso. Esta escena  le recordó al sargento una imagen de la Divina Comedia donde Lucifer está semi enterrado en un lago de hielo en el último círculo del Infierno. El cadaver tenía la garganta abierta de lado a lado y sobre su clavícula izquierda una inscripción hecha a cuchillo “Mira que te mira Dios”.

La investigación de este crimen le es asignada al Mayor Arturo Andrade, quien en este momento está sin su rango y es un simple soldado raso (guripa, les dicen). Arturo tiene fama como investigador privado pues resolvió en España el caso de “El arte de matar dragones “, obra robada del Museo del Prado, pero también tiene un pasado oscuro que lo llevó a las mazmorras del franquismo y a la División Azul; su ayudante será el sargento Espinoza quien descubrió el cadáver. 

Lo primero que se pregunta Arturo y también nosotros es ¿qué tanto puede importar un asesinato, en un escenario en donde están muriendo miles todos los días? Sin embargo, la comandancia de la división y el enlace alemán le dan prioridad este caso, que será el primero de muchos crímenes y transitarán por una serie de misterios, que los llevarán a un lugar donde prevalece el horror, el sinsentido y la venganza.

En la historia aparecen una serie de personajes entrañables y muy sólidos que van enriqueciendo la investigación y la trama, así tenemos a un cura fanático que tiene la “divina misión”, a una bella y gélida oficial de la SS de nombre Gertha, un pequeño huérfano ruso en manos de las siniestras brigadas de exterminio Nazis, mejor conocidas como Einsatazgruppen, y muchos más.

El autor se revela con un gran conocimiento de este periodo histórico y en particular de la División Azul, nos habla a detalle de sus penurias a  menos 30 grados centígrados, el miedo permanente a los ataques rusos, de una velada y fatal sensación de que están perdiendo la guerra. Nos adentramos en antiguos ritos masónicos y de la terrible vida en las trincheras, donde somos testigos de la “violeta” nombre que le pusieron los españoles a la ruleta rusa.

Esta novela es una honda tragedia secular, para mí  no hay un escenario más brutal y extremo en el siglo XX que el frente soviético de la Segunda Guerra Mundial, ya que a la postre definió la geopolítica del mundo en el que vivimos actualmente, por ello se agradece al autor el riesgo tomado así como su rigor y sobriedad para construir su historia sin demérito alguno del hecho histórico.

Como en toda buena novela negra, después de una buena trama que nos mantiene en vilo, llegamos a la resolución totalmente inesperada del caso en cuestión, que evidentemente llega sin final feliz porque ¿quién pudo serlo en esa vorágine de la guerra?

¡La recomiendo mucho!

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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