Escorzo de una fenomenología del ocio2 min de lectura

Josué Bustos López

Hacerse pendejo no es un trabajo fácil. Incluso, se podría decir que es una actividad cansada, sobre todo porque no hay un horario determinado para ello. A veces, requiere horas y horas de atención para poder lograrlo de una manera efectiva. A muchos nos ha tomado años dominar ese escorzo de la atención en la distracción fragmentada.

Las condiciones para hacer pendejismo son muchas y variadas, una de las más importantes se dirige a torcer la focalización de la atención hacia la nimiedad. Uno jamás se hará pendejo en la ejecución de algo importante, importante para el sujeto que realiza tal actividad de modo prioritario; ciertamente podrá cometer errores, pero de primera mano esa no es la intención. Por el contrario, en el hacerse pendejo lo que está en juego son los niveles del yo más relajados, las tensiones de la actividad yoica están considerablemente disminuidas.

El cúmulo de las preocupaciones pasan a segundo plano y dejan de cobrar la importancia requerida. Sin embargo, la consecuencia de este apendejamiento genera un incremento inmediato de las preocupaciones cuando termina ese estado de aparente inactividad productiva. Aclaro que es aparente porque justamente una de las posibilidades que permite esa liberación de la atención focalizada, es la necesaria distancia perceptiva requerida en ocasiones para reorganizar con claridad nodos de experiencia. En el caso creativo, un tiempo distendido que relaja contracturas cerebrales o bien, en términos coloquiales «bloqueos».

No obstante, independientemente de cualquier aplicación, en toda latitud y en toda cultura hay muestras de esta pendeja experiencia vital. A raíz de ello, uno puede aventurar que sin duda es una expresión constitutiva y necesaria de nuestra instancia mundana.


Josué Bustos López (1983). Poeta egresado de la Facultad de Filosofía (UMSNH), recientemente publicó su libro: Fantasista, Escorsos del poem(t)a.

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