Esta redondez cuadrada1 min de lectura

Livier Fernández Topete

La construcción cultural de los géneros nos limita y limita nuestras relaciones, pero lo mismo pasa con el rechazo o la negación de ciertas prácticas, de ciertas opiniones, por considerarlas de un modo o de otro, por pasarlas por nuestro juicio y creernos con La Verdad. Los prejuicios nos confinan, condicionan, y amurallan nuestras interacciones. Si la libertad no es genuina, entonces es simulacro. La falta de congruencia monta teatros de emancipación, vestuarios hechos a la medida de la moda pensamental, aunque acrítica, visceral y tendenciosa. Las preguntas, reflexiones y acciones comienzan de la puerta chica de la casa hacia adentro.

En esta redondez cuadrada en la que vivimos, somos buenos delatores, enjuiciadores y sentenciadores, pero malos mediadores y conciliadores, nos bricamos el diálogo porque ahora, la inmediatez virtual, nos permite en un solo clic hacer pedazos a alguien, capturar pantallas y recortar contenidos según intereses y obcecaciones.

¿Para qué construir a través del lenguaje si podemos destruir con imágenes? y claro, demoler suele ser más rápido, más simple y excitante que erigir algo con los otros; pues edificar implica tiempo, paciencia, dificultad, esfuerzo y apacibilidad, cualidades que no nos hacen sumar likes, cosas que no hallamos en ninguna red social.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

Imagen de portada: Pexels en Pixabay

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