Flores sobre el infierno6 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

Una de las características mas importantes de la novela negra, así como de la literatura en general, es la construcción de personajes; cuando leemos un buen libro, algo de lo más destacable es el impacto que dejan en nosotros -lectores- algún (o algunos) de los personajes desarrollados en la trama. Al paso del tiempo en nuestro recuerdo también son los que dejan huellas que nos permiten evocar y darle forma y cara a la experiencia de la lectura y su irremediable incorporación a nuestra memoria y experiencia.

Es por ello que los buenos novelistas -maestros del oficio- son como escultores que van creando paso a paso personajes únicos, tridimensionales, que en su verosimilitud y en su carácter logran que nos identifiquemos con ellos, a veces por lo que proyectan y otras por diferenciación con las características que nos son propias, nos brindan un espejo que nos acerca o aleja, según sea el caso con lo que somos y con lo que quisiéramos ser.

Así es como ya forman parte de nuestro patrimonio cultural y emocional personajes como Charlie Parker (el detective), Lizbeth Salander, el inspector Wallander, Jean Baptiste Adamsberg, el comisario Verhoven y muchos otros que conforman la galería de personajes entrañables que le han dado una nueva dimensión a la novela negra y que la han acercado a millones de lectores que nos identificamos con ellos, con sus demonios, con sus problemas, con su dimensión humana; cabe decir que este fenómeno también funciona con los villanos, de los cuales hemos conocido a seres verdaderamente extremos: asesinos despiadados, racistas, pedofilos, corrutos, terroristas, psicopatas y una amplia gama de seres que actúan como némesis de nuestros héroes y que a veces en su complejidad e interacción se tocan, se trastocan y comparten personalidades y circunstancias. Inevitablemente a nosotros como lectores también nos tocan y dejan su impronta en nuestra memoria.

Hoy quiero recomendar un libro que ha sido una grata sorpresa para mí, pero incluso mas que el libro quiero hablar de su personaje principal, Flores sobre el infierno (Alfaguara negra, 2018 ISBN 978-84-204-3328-8) de Ilaria Tuti (1976, Gemona del Friuli, Italia).

Ilaria Tuti antes de ser escritora ha sido pintora y fotógrafa, con un éxito relativo en su natal Italia. En una entrevista reciente comparte que desde pequeña escribía y ahora que publica su primer libro se está constituyendo como toda una sorpresa en el panorama europeo de la novela negra. Está rompiendo récord de ventas con los amantes del género y se perfila como una referente y digna exponente de la gran tradición del noir italiano. Esta, su primer novela, se desarrolla enteramente en la región alpina que se encuentra entre Italia y Austria, en un pueblo (ficticio) llamado Traveni que es arquetípico de los pueblos alpinos de la región.

El descubrimiento de un cuerpo brutalmente mutilado y con una puesta en escena macabra es el detonante de la trama de la novela. Se encarga la investigación a la comisaría Teresa Battaglia quien desde su incorporación en la historia se adueña de la escena. La inspectora Battaglia es una mujer a punto de entrar en la tercera edad, con sobrepeso y diabética, en sus palabras: “con arrugas en una cara que los ojos masculinos ya no buscaban cuando se cruzaban con ella”. Tiene una historia personal de maltrato y abandono que la hacen impermeable a cualquier muestra de ternura y le condicionan un carácter arisco, autoritario y sarcástico. Con un código ético a prueba de balas, dirige con mano de hierro un equipo de investigadores (hombres) que la siguen con devoción y temor a partes iguales hasta la resolución de los casos que les tocan. Dueña de una inteligencia privilegiada, conoce a profundidad los elementos de las “ciencias de la conducta” que le permiten elaborar perfiles criminales con un nivel de efectividad sin igual .

La capacidad de la comisaria y su equipo se ponen a prueba en la investigación del crimen en cuestión y de los subsecuentes, en una historia que hunde sus raíces en experimentos realizados durante la segunda guerra mundial y en los secretos de un pueblo hermético que no ve con buenos ojos a los forasteros y que guarda como su mayor tesoro sus tradiciones y costumbres, mismas que han pulido a través de décadas, el peculiar carácter de los montañeses, quienes en palabras de la propia Teresa “Preferían proteger a un asesino que sentirse objeto de observación y de juicio por parte de quienes consideraban, a todos los efectos, como forasteros”.

En esta novela, la montaña, el invierno, la nieve, que son personajes tan importantes como los humanos, crean una atmósfera que nos transmite opresión y misterio. Nos habla de secretos ancestrales y pecados compartidos; el pueblo y sus tradiciones también son fundamentales en la novela y así se va construyendo una trama impecable en la que la inspectora Battaglia comanda una investigación inteligente y basada en evidencias psicológicas que nos recuerdan a las enseñanzas del libro “Mind Hunter” .

Este libro también es la historia personal de Teresa. Su angustia existencial ante la vejez, la enfermedad y la incipiente perdida de la memoria por el Halzheimer. Es la lucha de la protagonista contra su deterioro y el aferrarse a su inteligencia y recuerdos para poder exorcizar sus temores y solucionar un caso que se complica mas en cada capitulo.

Libro fresco y humano, nos brinda una visión sin concesiones a rincones oscuros de la mente y de la “conciencia colectiva” de un pueblo. La autora retrata con detalle preciosista la región en donde se desarrolla la trama (ella es de esa zona) y hace un homenaje a la voluntad y a la inteligencia en el personaje de Teresa que se sobrepone a los imponderables de la edad y la enfermedad y que hace que podamos apreciar las “Flores sobre el infierno”.

Se los recomiendo ampliamente.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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