Gerardo Suter: De la pureza en la fotografía a las imágenes sin autoría8 min de lectura

Raúl López Téllez

Cruzar la frontera, llegar hasta el vecino país del norte en un proyecto nutrido por  desplazamientos forzados desde Centroamérica hoy, es lo que intenta Gerardo Suter con “Origen y destino”, una visión en la que bajo las nuevas tecnologías, el fotógrafo intenta mantener el “purismo en lo fotográfico” en cuanto al valor documental de la imagen, pero también abierto a ser el mensajero, el transmisor de “esas imágenes sin autoría ni pretendido valor artístico” que dan cuenta en selfies y fotos de una historia contada por los migrantes mismos.

Gerardo Suter (Buenos Aires, Argentina, 1957), con una larga residencia en nuestro país, habla con el-artefacto durante su paso por Morelia para presentar esta exposición y en la que, por el “tema que no se termina”, está obligada a ser permanente, “irse de viaje” a otros estados e  incorporar en esa travesía nuevos elementos que nutran un fenómeno que, dice, “no se trata de buenos y malos, sino de situaciones en las que todos estamos inmersos, todos tenemos algo de bondad y maldad en esta historia”.

Suter mantiene con este trabajo la línea de búsqueda que lo caracteriza. Desde aquellas imágenes en torno a vestigios arqueológicos, donde máscaras, escudos y otros ornamentos volvían con su carga simbólica bajo los atrevimientos del fotógrafo o los experimentos sobre la urbe y sus espacios, el registro del autor insiste en captar y contar lo que se mueve. 

En Michoacán, tierra de migrantes, dice que el mejor desenlace que puede tener esta historia, es que en sus lugares de origen “encuentren una vida digna y puedan vivir realmente, sin ser explotados, sin ser utilizados”.

Norte y Sur

-¿Cuál es la aportación de una obra artística ante el fenómeno de la migración, ahora desde Centroamérica en tránsito por nuestro país y que ha despertado los prejuicios de la sociedad mexicana?

“En ocasiones me pregunto porque cambia el trabajo hacia cierta problemática, pero hay una constante en todo este, una revisión de la historia, de las culturas y en este caso, es un problema particular que no se había presentado con esta intensidad en América Latina, y sobre todo el problema del desplazamiento forzado, entendiendo la migración no como una cuestión fundacional, que probablemente en trabajos anteriores lo trabajé de esa manera, una cuestión de desplazarse para fundar una ciudad”, señala.

“Origen y destino”, la exposición abierta este pasado fin de semana en el Centro Cultural Clavijero, “tiene sus antecedentes en un proyecto que inició en el 2014, a raíz de una imagen que detonó un poco todo esto, a raíz de los textos de Bartolomé de las Casas acerca de la situación de los indígenas, y el desplazamiento en América Latina”, el cual define como una constante en América Latina.

Ante el cuestionamiento, alude a la postura “negativa de la sociedad ante un fenómeno como éste que, creo, aparentemente está controlado, pero está fuera de control porque como sociedad no sabemos cómo procesarlo, como atender la crisis migratoria, no sabemos cómo comportarnos con nuestros iguales, cuando en realidad México, o el caso concreto de Michoacán como un estado de migrantes, expulsor de gente que tiene necesidad de irse a trabajar a otro lugar, también tienen que dejar con mucho dolor, la propia tierra y enfrentarse a una realidad fuera de su país”.

La migración y este rostro predominante de desplazamientos forzados, dice, “me interesa abordarla desde el arte, tratar de contar una historia que está siendo contada desde distintas disciplinas, con distintos actores y ofrecer una historia en los términos que yo podría ofrecerla, a través de las imágenes, hay mucho texto, pero ese texto funciona también como grandes capitulares, grandes frases, emblemáticas, que también son una forma de imagen, y se vinculan con estos textos que no son solamente, en el caso de ´Origen y destino´ con un acento muy fuerte sobre México, pero en realidad es una problemática mucho más amplia”.

-¿Qué podría cambiar este “catálogo de horrores” -como definió el curador Carlos Palacios, el sentido de la muestra-, cómo podrían cambiar estas historias?

“Que efectivamente en cada uno de esos países de donde la gente está siendo desplazada, de esos lugares o pueblos desde lo más pequeño hasta lo más grande, encuentren una vida digna y puedan vivir realmente, sin ser explotados, sin ser utilizados, pero es un proceso larguísimo que dudo que se pueda dar dentro de sociedad inmersa en un sistema capitalista, es una contradicción propia del sistema lo que estamos viviendo, una reacción del propio sistema que hace crisis y hoy por hoy, con las herramientas que tenemos, no podemos curar de raíz el mal, tenemos que acostumbrarnos a encontrar formas más humanas de tratar el problema.

La exposición, dice, se presentará en varios estados, con la idea “que viaje, que se mueva y se va a ir modificando en cada una de sus estaciones, para esta exposición (en Morelia) incluí una última pieza del 20 de enero (de 2020), con la segunda caravana, y así como nos vayamos acercando hacia el norte, ir actualizando la información, no de toda la exposición, pero sí ir incluyendo nuevos hechos y que den cuenta de que este es un problema que no se termina, cada vez mucho más complejo”.

Destaca que “más que para nosotros, que conocemos la historia”, esta exposición es “para que crucemos la frontera, eso para mí sería muy interesante, pensar no tanto en una galería comercial, estoy pensando en espacios universitarios, que también permitan un diálogo que vaya más allá de un diálogo artístico, más hacia un lado político, antropológico, social”.

Ríe cuando se le sugiere que sería bueno invitar a los políticos de este país a ver “Origen y destino”, y no sólo éstos, dice, “hay muchos actores. El mismo padre Solalinde, que hizo mucho trabajo en Chiapas, ahora se encuentra en una situación difícil; no se trata de buenos y malos, sino de situaciones en las que todos estamos inmersos, todos tenemos algo de bondad y maldad en esta historia”.

Selfies y universos reales

En alusión a la “pureza en lo fotográfico”, que consideró en una entrevista para un diario de la CDMX no le quitaba el sueño, Suter afirma que cuando trabajó la serie sobre símbolos indígenas o precolombinos, “era un purista de la fotografía; la fotografía era para mí un medio del que tenía que aprender, entender lo que era una buena imagen en términos estéticos y técnicos, pero con el correr de los años me he vuelto un poco más purista en cuanto a la idea de la fotografía como un documento; el gran valor de la imagen es ese valor documental, más allá de la pretensión estética que pueda tener”.

Documentar hechos “que nunca más se van a poder repetir, en lugares que nunca se van a repetir, eso es para mí el gran valor de la fotografía; hoy día con la tecnología, no solamente en cuanto a la tecnología como la forma de producir, sino en cuanto a la circulación de las imágenes, tenemos un universo imágenes que se mueve paralelo al universo real y tangible, y en esa síntesis de lo real, están las redes sociales, la red en su conjunto son imágenes y hay una riqueza impresionante; lo que estoy haciendo es tratando de encontrar esas imágenes sin autoría, en el sentido del artista o pretendido profesional que está atrás, como yo mismo en mi carácter autoral, la selfies que ellos (los migrantes) se hacen en el camino, que no son más que memoria de primera mano que ellos toman y es con el material que a mí me interesa trabajar, porque ahí no hay una pretensión estética y allí el valor del documento fotográfico o videográfico es impresionante”. En ese sentido, dice, “el dejar de ser purista no me quita el sueño; al contrario, me ha permitido entender la fotografía de otra manera”. 


“Origen y destino”, Gerardo Suter, Centro Cultural Clavijero, Nigromante 79, Centro Histórico, exposición abierta hasta mayo. Horarios: 10:00 a 18:00 horas. Acceso libre y gratuito. Público: Jóvenes y adultos.

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