Giraluna en primera persona10 min de lectura

Caliche Caroma

Recuerdo que le mandé un mensaje a Lucy Rodríguez diciéndole que me había encontrado con una curiosidad en el libro Ancla en el tiempo, del escritor michoacano Alfredo Maillefert, editorial UMSNH, la colección a la que pertenece el texto del de Taretan se llama Giraluna, esta segunda edición en donde leí la palabra mágica, lo común son los girasoles, es del 25 de febrero de 1963. Creo que fue el año pasado cuando envié dicho mensaje, en noviembre de 2019, no se sabía aún nada de la pandemia: “Hola Lucy, mira lo que me encontré, giralunas en el tiempo”, la emoción del que ignora la catástrofe.

Hace unos días, la página oficial de Giraluna Morelia anunció su inevitable cierre: “…nos llena de alegría haber sido tan afortunadxs estos casi 4 años de gozar la cultura junto con ustedes y tejer una red muy grande que trasciende las paredes”. El Covid-19, la enfermedad provocada por el virus SARS-CoV-2, no sólo mata personas, también proyectos culturales, uno de los sectores más afectados por la contingencia mundial; tal vez esto es un “ sobado decir”, porque todos los sectores y todas las personas han sido afectados, de alguna u otra manera (las cosas pasan de alguna manera, otra obviedad). El arte resiste, pero la renta y los salarios no pueden esperar, las cuentas se acumulan: «La falta de dinero es la raíz de todo mal», escribió Mark Twain.

Y no sólo en Michoacán los centros culturales están cerrando, o en inminente peligro, en toda la república mexicana se tambalea la escena artística. La economía es una cuerda floja a punto de romperse. El Multiforo Alicia hace circo, maroma y teatro para seguir adelante y aguantar, lo más que se pueda; entre otras cosas, venden sus famosos carteles y los discos que se grabaron en la avenida Cuauhtémoc #91-A, en la colonia Roma de la CDMX. En Xalapa, La Casa de Nadie no ha dejado de transmitir los cursos y conciertos en línea; Camil, también integrante de Sonex, diariamente invita por redes sociales a la gente, para que apoyen, difundan, compartan, algo de algo. Y, sin embargo, se sufre. De ejemplos están llenos los panteones.

De regreso al acá y acá. Giraluna quedará en la memoria y en el corazón sangrante de los que ahí tocamos, porque en mi faceta de músico chafísima (¡le echa ganas!) pisé ese escenario unas diez veces, por lo menos. Ya como pseudo periodista (Cf. Hunter S. Thompson), pude entrevistar o escuchar a grandes artistas como Los Chalanes del Amor, Chona Hernández, Ampersan, Muerdo (2-3), La Fronda de Marsyas, Los Jabalíes, Déjame Pensar, Colectivo-LAS, Riosentí, Tambor Hembra, Barrio Tingo, Chaneque Son, Chris Sánchez Blues Band, la lista me marea de tan grande que es.

El cliente que soy. Hace pocos días fui a comer, pedí la sopa tarasca que tanto me gusta, unos rollos de puras verduras con cubierta transparente (porque gordo soy) y de postre un pastel de elote, no es caro, nunca lo fue, ni lo será. No sabía que cerrarían, ni idea de la fatal noticia, muy orondo disfruté de los sagrados alimentos, dios bendiga a estos frijoles. Mientras tomaba mi refresco de jengibre, recordaba las exposiciones, presentaciones de libros, revistas, películas, debates políticos, conciertos, discusiones y reuniones con los amigos, tantas cosas que en Giraluna pasaron. El pasado, ¿cuándo regresarán esas colectivas emociones? Me pregunté en la tarde nublada del ayer, ese ayer lejano, la primera persona que añora. Ahora sé del adiós anunciado, y ni modo, el llorar es bueno, ¿quién dijo que no? Las lágrimas son símbolos, rastros de lo que se amó, «ésa no porque me hiere».

Quedan pues (el pues moreliano) estas palabras, soy tan pobre, ¿qué otra cosa puedo dar? Palabras con mucho cariño para el equipo de Giraluna, Dream Team, les rêveurs: Alicia, Damariz. Daniela, Elías, Ernesto, Lucy, Noé, Miguel y Yannick, el orden alfabético es de ellos mismos. Estarán abiertos, puertas y espíritu, hasta el 29 de agosto, todavía hay oportunidad de visitarlos en la calle Héroe de Nacozari #190, Centro Histérico de esta ciudad michoacana que se desmorona e inunda, de tres de la tarde a nueve y media de la noche. (#aiquir)

Ahora sí llegó la hora de la despedida, que la fuerza acompañe a los giralunos, quizá vuelvan en otros formatos, tal vez la esperanza es un reencuentro. Hicieron lo que pudieron, ningún esfuerzo se menosprecia, fueron felices en el ínterin. Resistieron, pero llegó la noche y con ella los sones tristes: «Dicen que no se siente la despedida / Dile a quien te lo dijo, que se despida».

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Daniela Parra habla a nombre del equipo de Giraluna

Mira, así de entrada, primero agradecerles a ustedes, equipo de el-artefacto, que hayan estado cerca. Ha sido interesante la reacción, algunos medios nos han buscado para hacer notas sobre esta situación, desde la perspectiva de “la crisis económica se lleva a otro espacio cultural independiente”. Aunque esto es cierto, pues el cierre deriva de este golpe de la pandemia, tampoco queremos ser la nota amarillista, además esos medios nunca hicieron un reportaje de los eventos que hicimos en Giraluna. Con ustedes es otra cosa porque siempre han estado, está chido que puedan contarlo desde otro lugar.

En cuanto a los sentires, tenemos sentimientos encontrados. Por un lado, tristes de tener que concluir este ciclo, este proyecto al que le pusimos todo nuestro corazón. Y también está la impotencia… Sí queríamos continuar, había muchos planes, pero tuvimos que hacer un análisis basado en nuestro contexto y en la realidad, la vida cotidiana, el día a día del espacio y de las implicaciones que tiene en los que conformamos Giraluna. Fue una decisión muy meditada, pensada profundamente. Sentimos que hicimos demasiado para lograr sostenernos, y nos sentimos orgullosos del esfuerzo, contentas y contentos. Creemos que lo logrado es algo importante, así lo demuestra la respuesta de la gente cuando anunciamos el cierre, las muestras de cariño, el apoyo y el reconocimiento del trabajo realizado. Esto es muy importante para nosotros.

Nos damos cuenta que nos convertimos en un referente, que vino a cubrir una necesidad de la comunidad de tener un espacio seguro, limpio, digno. Hablo de la comunidad artística y del público, esa gran comunidad. Estamos muy orgullosos de todo lo que provocamos en este tiempo. Nostalgia, claro, bastante nostalgia. Vamos a extrañar lo que sucedía en Giraluna, la magia de encontrarnos, de estar ahí, en este espacio. Ojalá que esto pueda inspirar a otra gente a construir, a replicar lo que ofrecimos en los casi cuatro años de vida del foro.

¿Aprendizajes, con qué nos vamos? Giraluna nos enseñó tanto. Cuando tienes un proyecto genuino, honesto, transparente, se pueden hacer maravillas. Nosotros no sabíamos cómo gestionar un lugar, nunca lo habíamos hecho, tampoco entendíamos de qué va y cómo funciona un restaurante, un foro cultural. No somos de Morelia, no conocíamos a casi nadie. Fuimos construyendo este sueño cotidianamente, con la mejor de las intenciones.  Se sumó un montón de gente, se dio un magnetismo que atrajo a más personas, pasaron por aquí varios, cada quien le aportó algo importante. El equipo que formamos demostró ser comprometido, logramos crear una ética de trabajo que generó redes de confianza con los artistas, el público, las colectivas, todos aquellos que se integraron son la prueba de que se puede trabajar bien. Mientras haya organización y tenacidad, es posible otro tipo de encuentros. Gracias, mil gracias, les mandamos un gran abrazo.

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