Hijo de la guerra11 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

“¡ Ah, el horror! ¡El horror!”
Kurtz, personaje de: “El corazón de las tinieblas “ de Joseph Conrad

Hace muchos años (tendría unos 12 o 13 años), cayó en mis manos un libro: “Los hornos de Hitler” de Olga Lengyel, una sobreviviente de los campos de exterminio del nazismo. En dicho libro, la autora narra su terrible experiencia, su lectura para mi fue muy impactante y me dejó una profunda huella: Durante muchas noches tardaba en conciliar el sueño o tenia pesadillas, las terribles imágenes de los hornos humeantes, de las cámaras de gas, de los crueles castigos infligidos a hombres, mujeres y niños, durante esa “noche oscura de la humanidad” me dejaron una huella indeleble; me hacia preguntas respecto a ¿como el ser humano era capaz de esas atrocidades ? ¿que se necesita para convertirte en un monstruo, en un verdugo? ¿como es vivir en carne propia este horror?, estas preguntas me han perseguido a travéz de los años y tal vez son el origen de mi gusto por la novela negra y la novela de no-ficción que hablan e indagan en estos temas. Recuerdo también, que a manera de alivio, siempre me decía que los terribles hechos narrados, habían ocurrido muchos años antes y muy lejos. Los habían cometido seres malvados con los que nada tenia que ver, y esto se convertía en un paliativo de la incertidumbre. 

La realidad se ha encargado de desengañarme y ha puesto en mis manos un libro que me inquieta de la misma manera que lo hacía aquel que leí en mi juventud y que nos toca directamente a nosotros los mexicanos, un libro que desnuda los hechos y los mecanismos que nos han llevado a una situación en donde, como Kurts, el personaje principal del Corazón de las tinieblas nos asomamos cotidianamente al horror.

Ricardo Raphael

De esto (principalmente) habla el libro que comento en esta entrega del Bufete Negro, se trata de: Hijo de la guerra (Seix Barral; 2019, ISBN:978-607-07-6181-2) de Ricardo Raphael.

Ricardo Raphael (Ciudad de México, 1968), es académico, periodista y escritor. Columnista del Universal, conductor de TV y escritor de varios libros entre los que se encuentran: Los socios de Elba Esther (2007), El Otro México (2011), Mirreynato: La otra desigualdad (2014).

Ricardo Raphael es un protagonista principal de la vida cultural y del periodismo en México, en diversas entrevistas ha dicho que una de sus inquietudes es entender “¿como se genera un monstruo?, ¿que lleva a una persona común y corriente a convertirse en un torturador, en un sicario?” y ha manifestado también, la enorme ignorancia que tenemos como sociedad de estos mecanismos, lo cual nos ha llevado en consecuencia, a ignorar, a minimizar y no comprender la dimensión del problema de la violencia actual; este libro es producto de una investigación de 2 años y de 2 años de escritura, que como el mismo autor afirma, lo cambiaron por completo y sobre todo lo llevaron a ver la violencia y el horror de los últimos años en México de una manera diferente.

El relato intercala la investigación periodística y la novela, pone sobre papel un año y medio de entrevistas semanales que el autor hizo en el penal de Chiconautla, Estado de México, a un interno, quien dice ser Galdino Mellado Cruz , el “Z9” , miembro fundador de la temible organización de los Zetas quienes definitivamente cambiaron el panorama de la violencia en México y la llevaron a niveles de sevicia nunca vistos en nuestro país.

El libro esta escrito en dos tiempos y con dos voces, se intercala la época actual con los años de juventud de Galdino y su ascenso en el ejercito y posterior incorporación a los Zetas, finalmente sus años en prisión, las voces son las del autor y las del entrevistado, de las cuales el autor ha dicho “Lo que expresa mi voz es totalmente cierto y verificable”, y dice Raphael “lo que esta en voz de Galdino Mellado, no todo se pudo verificar, y evidentemente hay fabulación y cierta dosis de ficción”, sobre todo en los pasajes de su juventud, sin embargo, el relato es totalmente coherente y el caudal de información vertida no pudo ser proporcionada sino por alguien que estuvo involucrado en los hechos relatados .

Galdino Mellado esta preso en Chiconautla, con una condena de 5 años, acusado el robo de una pistola. Durante su estadía en el Penal se entera de que el gobierno anuncia la muerte de “Galdino Mellado” en 2014, información proporcionada por Tomas Zerón (el celebre fiscal del caso Ayotzinapa). Sin embargo, la DEA deja abierto el expediente de Galdino (dato verificado por el autor), esto y otros datos más, indican que el verdadero Galdino es el preso de Chiconautla, quien decide contar su historia en una especie de expiación y redención personal, y que en su estado de “muerto vivo”, ya podía hablar sin temor alguno.

Galdino dice haber nacido en el epicentro del barrio bravo de Tepito, hijo de un asaltante y secuestrador que perteneció a la banda de Alfredo Rios Galeana, quien era conocido en los años 80 como “el enemigo publico No. 1”, desde pequeño destacó por su propensión a la violencia, y el ejemplo de su padre y amigos lo llevaron pronto a ser narcomenudista. Ya en la adolescencia, cometió su primer asesinato (en el relato dice que fue un cura con fama de pederasta); en esta etapa fue iniciado en la religión Yoruba (que seria un factor importante en la consolidación de los rituales e imaginario de los zetas); un pariente le recomienda entrar al ejercito en donde destaca rápidamente por su arrojo e inteligencia y es seleccionado para formar parte del grupo de élite del ejercito mexicano, conocido como  GAFE (Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales del Ejercito Mexicano), junto con otros compañeros, como Heriberto Lazcano (El Lazca), Jaime Gonzalez Durán (El Hummer), con quienes formaría el núcleo fundador de los Zetas.

El ejercito escogió a los 45 mejores expedientes y los llevó a entrenar al fuerte Hood en Texas (El mayor y mas importante fuerte en USA) y ahí fueron entrenados en técnicas de supervivencia, antiterrorismo y sobre todo en técnicas de interrogación (eufemismo para la tortura). Este es un momento crucial del relato, ya que podemos identificar en este entrenamiento con manuales militares de la tristemente celebre “Escuela de las Américas” (donde se entrenó y capacitó a todos los militares golpistas y torturadores de Latinoamérica, en la segunda mitad del siglo XX): en este sitio, verdaderamente se despoja de toda humanidad y sensibilidad ante el dolor ajeno, a este grupo de militares, y nace el “espíritu criminal” que haría famosos a los Zetas por su brutalidad; la descripción de las técnicas de interrogación enseñadas, por momentos es prácticamente insoportable.

En este punto, el relato intercala los recuerdos de Galdino con los comentarios y apuntes del autor. Atestiguamos de primera mano como los zetas en esencia fueron creación del estado mexicano que acabaron saliéndose de control , nos enteramos de como comenzaron como judiciales comisionados al Noreste y terminaron como brazo armado del Cartel del Golfo, dirigido por Osiel Cardenas Guillén y como fueron extendiendo su domino a los estados del fronterizos y como poco a poco entraron en un franco enfrentamiento por el control de las plazas con el cartel de Sinaloa: Todo esto es historia, y quienes somos observadores de la vida nacional, recordamos como fue escalando el nivel de violencia, llenando el país de decapitados , descuartizados , quemados , secuestrados, familias enteras masacradas en una alucinante espiral de violencia que aún sigue ensangrentado al país. El México de los ochentas y noventas definitivamente cambió, de ser un país con niveles de violencia “normales”, pasamos a tener ciudades como Juárez y Acapulco que en su momento ostentaron el vergonzoso titulo de “ciudad mas peligrosa del mundo” .

Todo esta presente en la novela, digamos en el “macro relato”, el que nos lleva de la mano y pone en contexto la historia reciente del país, pero es el “micro relato”, la confesión intima y personal, la que nos pega de manera brutal, pues nos lleva de la mano a los rituales de iniciación , a la tortura y muerte de un soplón, a la venganza contra un homicida (contra el y toda su familia), a las muertas de Juárez, a la degradación y humillación que conlleva la trata de niñas y mujeres, que se convirtieron en negocios y actividades “paralelas” al negocio principal del trafico de drogas.

Esta novela de “No ficción” nos pone también en el lugar del “malo”, del “otro”, del criminal, y nos hace participe de sus motivaciones, de sus temores, de sus aspiraciones y de su proceso de degradación. Descubrimos nuestro parecido y sentimos -con un escalofrío en la espalda- su cercanía con nosotros, comprendemos al fin, que los resortes que mueven a estos individuos (ambición, poder, placeres, lujos), son los mismos que mueven a la mayoría y al fin caemos en la cuenta del porque el país esta poblado, hoy día, de “Galdinos”, de sicarios dispuestos a matar y torturar por un puñado de pesos . Al fin, la lectura de este libro nos deja con una sensación de fragilidad e indefensión al constatar que el verdadero creador de estos “monstruos” no es otro que el corrupto e ineficiente sistema de procuración de justicia en México que aún estamos sufriendo.

Este libro, junto con “Una Novela Criminal “ de Jorge Volpi y “El vendedor de Silencio” de Enrique Serna (ya reseñados en este bufete) forman la trilogía de lo que yo llamaría la “Tragedia mexicana”. El de Volpi , nos lleva a los abismos de la corrupción en la impartición de justicia, ejemplificados en el caso Cassez; el de Serna, nos sumerge en la historia del periodismo corrupto y complice del poder, que apuntaló durante muchos años la superestructura del estado mexicano y mucha de la cultura machista que hemos reproducido. El reseñado hoy, nos hunde en los abismos de la violencia que en los últimos quince años han costado casi 300 mil muertos y millones de damnificados con su cauda de deudos, desaparecidos y feminicidios, con el agravante de la casi total impunidad con la que se cometen estos crímenes, dejándonos con una sensación de vulnerabilidad y orfandad terribles.

Este no es un libro agradable, pero sí es un libro necesario. Necesario para comprender los resortes del terror y poder vislumbrar mecanismos para salir de él, bajo la premisa básica de que no podemos solucionar lo que no entendemos.

Como muchos años antes (con el libro de “Los hornos de Hitler”), no pude dormir al terminar la lectura de “Hijo de la Guerra”, pero a diferencia de aquel, aquí no tuve paliativos, ni excusas de tiempo y espacio, aquí “¡El Horror!” está en casa y sigue impune.

En estos días de tomar medidas preventivas ante la pandemia, en que tendremos más tiempo en casa, recomiendo ampliamente la lectura de “Hijo de La guerra”, muy dura pero imprescindible.


Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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