Historias guadalupanas en el año de la pandemia7 min de lectura

Caliche Caroma

“La Virgen de Guadalupe es esa larga caminata en la que nos encontramos unos con otros”. Lo que antes fue algarabía desbordada de un pueblo en efervescencia, hoy son vallas: Entre puestos de cañas, fritangas varias, fayuca, avanzan los religiosos, los fieles, algunos compungidos, con el rostro inclinado, otros van alegres, mirando el cielo con fruición. El escándalo de los futbolitos, los equipos de sonido que compiten en decibeles con los juegos mecánicos no merman la fe y la esperanza de los guadalupanos que visten, la mayoría, como “inditos”, con pantalones de manta, jorongos, rebozos y huaraches. Trenzas, las mágicas. Pagan sus mandas, los favores que les hizo la Reina de las Flores («Naranjas y limas, limas y limones, más bella es la Virgen que todas las flores»). Este año todo fue diferente, la Virgen de Guadalupe se quedó esperando la alabanza multitudinaria, la pandemia ahogó el canto a Lupita.

Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, 2020

Esta frase: «La Virgen de Guadalupe es esa larga caminata en donde nos encontramos unos con otros», la dijo doña Isabel, anciana sonriente que se trasladó en 2018, una parte a pie y otra en carro, desde San Juan Nuevo Parangaricutiro con destino a la CDMX, una primera parada la hizo en San Diego, Morelia. Aquella vez, la octogenaria estaba decidida a llegar el 12 de diciembre al Tepeyac. Su frase resuena en los templos vacíos. En 2020, muchas abuelitas no llegaron ni a la calzada de San Diego, los policías no las dejaron, quizá doña Isabel se guardó en su casa para evitar la enfermedad Covid-19: «No vaiga a ser el chamuco».  

Tales visitas en riada, peregrinaciones, formaban parte de la mística decembrina que daba inició al maratón Guadalupe-Reyes. Pero eso fue antes del terrible virus. La Basílica de Guadalupe en la Ciudad de México, el templo de San Diego, y otros tantos puntos de lo sagrado-gudalupano simplemente callaron, ni penitencia ni albricias. Atrás quedó: «Venimos a pagar una manda, le pedimos a la Virgencita que sanara a mi mamá de un cáncer en el pecho, ¡y lo hizo!, ella está bien ahora, logró vencer la enfermedad, con ayuda de la Morenita. Por eso toda la familia vino hasta acá, paso a pasito, le rezamos sus rosarios y le prendimos sus veladoras, y también al indio Juan Diego, porque él fue quien trajo el mensaje bendito». Imaginemos a un Juan Asunción, padre de familia, que dejó sus rodillas por la Calzada Fray Antonio de San Miguel, el verdadero nombre de este paso moreliano que hoy cerrado permanece. ¿Dónde andará Juan Asunción ahora, ya se le habrán curado las rodillas?  

Calzada de San Diego, 2017

En Morelia se encuentra la iglesia de San Juan Diego, este recinto sagrado en realidad se construyó por los franciscanos en honor a Diego de Alcalá, seguidor de il poverello d’Assisi, que fue hecho santo en 1588, o al menos eso dice la historia. La confusión, la ignorancia o simplemente la falta de interés ha hecho que se tomen «costras por ostras», pero a pocos les importa el dato duro, la mayoría sólo se preocupa por agradecerle, o pedirle, a la Virgen de Guadalupe, patrona de los mexicanos. El templo de Juan Dieguito se quedó muy solito, pero pronto volverán los peregrinos y las cañas y ese fiesta que es uno de los pocos momentos en el que los mexicanos se olvidan de tanta chingadera.

Cada año, miles de personas acudían a este templo moreliano para rendirle pleitesía al Cuauhtlatoatzin, o como lo mal nombran, maldito dejo despectivo, «el indito», quien es adorado por extensión del culto a la Virgen de Guadalupe; no se entendería el uno sin el otro: «Aquí está tu hijo, el más humilde de todos». Fue Juan Pablo II quien beatificó, 1990, y canonizó, 2002, a Juan Diego, el paupérrimo mexicano que tuvo la visión guadalupana, el mensajero de la Madre de Dios, de la Virgen Morena, Mater, matriz, mamá, mamacita, nantli.

Av. Madero, 12 de diciembre, 2019

1531 es el año en que apareció la Virgen de Guadalupe, o al menos en eso coinciden varios especialistas (católicos y no). Lo importante es la fe, “…esa larga caminata”. Tonantzin tuvo un encuentro bochornoso con Fray Servando Teresa de Mier, ¿iconoclasta? A los seguidores de aquella Virgen oficial novohispana, no les gustó nadita la interpretación de Servando. Después vendría Francisco de la Maza y compañía. Lo cierto, aquello que no se puede negar, es el fervor del pueblo mexicano hacia la Morenita. El respeto y el amor por la Virgen de Guadalupe, los lábaros patrios y la cerveza victoria (y/o corona, en el norte Tecate light) son los pilares de la identidad nacional. Disculpe las molestias que esta peregrinación de peregrinas frases le ocasiona. Regresemos a Servando y la Virgen.

El doce de diciembre de mil setecientos noventa y cuatro, Fray Servando Teresa de Mier, de la orden de los Predicadores, pronuncia un explosivo sermón en el Tepeyácac (Tepeyac), lugar favorito de Tonantzin, Juan Diego, Marcos Cipac de Aquino, Boturini, Herzog y la raza prendida y agradecida. La primitiva crítica al mito. No entendió Servando que los mexicanos ya llevaban bien adentro, clavada como espina de cardenche, la creencia en la Virgen de Guadalupe. La fe en las entrañas.

José Servando de Santa Teresa de Mier, Noriega y Guerra, no se lleva bien con la Santa Inquisición. ¿Dónde está Servando? España, Francia, Roma, Portugal, Estados Podridos de Norteamérica, Cuba. El fraile se atrevió a dar una nueva interpretación de la aparición de la Virgen de Guadalupe, esto es un crimen imperdonable, la iglesia católica debía castigar. «¿Cuál Tomás? Déjese de tonterías». Teresa de Mier da su ofensivo y famoso sermón y se gana una rica dotación de chingadazos (Miñero dixit). San Juan De Ulúa, hotel de cinco estrellas, castillo de la esperanza, el porvenir es una cárcel. Los detalles en Memorias, Fray Servando Teresa de Mier, ed. Porrúa, 2 tomos, México, 1971.

En fin, ésta es solo una historia entre historias, de las miles y miles que se pueden contar sobre la Virgen de Guadalupe, de la fe a la sospecha, de la crítica al apropiamiento capitalista: «Antes que en dios, yo creo en la Virgen de Guadalupe». Libros como Quetzalcóatl y Guadalupe de Jacques Lafaye, o el documental de Herzog titulado Pilgrimage (2001), nos hablan-recuerdan del tamaño y el alcance de la Guadalupana. Qué decir de la Virgencita Kawaii o kitsch, la Virgen Zapatista, la Virgen Feminista (de verde), la de cada esquina en donde los borrachos expían sus crudas, la Virgen del cobertor, Virgencita tatuada en la espalda de un cholo, la de José Asunción o la de doña Isabel. Virgen de Vírgenes. Porqué no: ¡Viva la Virgen de Guadalupe y viva México, cabrones!

Aureliano Alvarado,
Sin título (Narcos con Virgen kawaii),
óleo sobre papel, 2019

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