Hosne, incorrectamente político II8 min de lectura

José Agustín Solórzano

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La cultura o el conocimiento aislado no significa un carajo. ¿Qué brinda gente como Domínguez Michael o Alberto Manguel? Su visión conservadora y convencional de la literatura es una invitación a no leer un puto libro.

No esperaba menos de ti, Ale. Una “respuesta” que me invita a hablarte de un montón de cosas, pero hay que pensar en el lector, ¡carajo! Y quién va a querer leer una charla tan larga, unos pocos seguro, pero la mayoría seguirá navegando sin detenerse a mirar con calma. Un esfuerzo difícil en estos tiempos, dices tú, yo creo que la literatura es también un compromiso y pocos hoy están dispuestos a comprometerse con algo. La propia opinión es algo que puede (y casi nadie lo vería mal) cambiar de un día al otro, de un post al otro. El escritor mismo ha dejado de opinar realmente, para volverse un “eco” de las tendencias o de “su generación”, que es un eufemismo para decir: “mírenme, yo también tengo algo qué decir sobre lo mismo”. Pero la literatura habla de eso, ¿no?, de lo mismo, es forma y no fondo, o ¿será algo de ambos? Lezama, Joyce, Perec, pueden ser unos arquitectos de la forma, pero sin el fondo contextual, ¿qué es su literatura? Pienso en Alfonso Reyes, él decía que la literatura debía ser forma y fondo, hablaba de la función narrativa, la poética y la dramática y decía que toda literatura tenía algo de las tres, un Qué y un Cómo. El escritor hoy asiste a talleres, va a seminarios, hay incluso escuelas que te dan una licenciatura en Creación Literaria, porque pareciera que la técnica (como en todo oficio) debe primar sobre el contenido, para decir algo hay que saber cómo decirlo. ¿Se debe escribir para los Dioses del arte o para los Mortales de la cotidianidad? Sé que la pregunta es tramposa y también bastante compleja, porque al fin no somos ni tú ni yo quienes decidimos qué es “la verdadera literatura”, pero en un mundo de no-lectores, en el mundo post-Farenheit 451, en el que se habla más de las bondades de la lectura mientras se lee cada vez menos literatura, ¿escribimos para los ya conversos o para los que, inocentes, viven libres del yugo de la literatura? 

No podría hablar del lector ideal porque me parece una abstracción. Uno escribe lo mejor que puede y supongo que trata de ubicarse como lector al mismo tiempo. ¿O qué es la corrección sino eso? Ver de lejos el texto como si fuera de otro, para mejorarlo, pulirlo, reescribirlo con (inalcanzable) objetividad, etc. Cuanto mejor uno logre esta parte del trabajo de la escritura, mejor quedará el texto. Para un escritor, ser escritor y lector es parte de la misma cosa. En mi caso, cuánto más escribo y más pasa el tiempo menos me importa cómo pueden leerse mis libros, y no por soberbia sino porque comprobé que cada uno lee como quiere y puede. Es impredecible lo que puedan decirte de tu trabajo, así que es un peso menos, ja. Y cuánto más pasa el tiempo, más me interesa justamente eso, el paso del tiempo, la vida que va cambiando y nos va cambiando. La escritura siempre corre detrás de la experiencia, de los sentimientos, de ansias no cumplidas, de esperanzas a medias o ya muertas. Es una herramienta para manejar lo inmanejable, y aunque sea una ilusión creer que puede llegar a tanto, el libro, cuando existe y está ahí disponible, puede ser un gran alivio. No es poco. Por eso podemos discutir sobre la literatura y el mundo literario actual y etc pero siempre seguiremos trabajando en solitario, creyendo en lo que hacemos aunque nos pongamos la máscara de cínicos, porque la literatura para nosotros/as es vital, es esencial. Así que, ¿para qué resistirse?

El libro es un gran alivio. De muchas maneras, ¿no? Alguna vez leí en un artículo, no recuerdo el autor -creo que era un paisano tuyo, pero no Fresán, no te preocupes, ja- que el libro físico seguía siendo un fetiche para los lectores consuetudinarios porque siempre es un alivio tener los ejemplares “a la mano”, es decir: estar rodeados físicamente de los libros que nos han marcado o que nos han “conformado” nos da cierto alivio. Como animales simbólicos necesitamos íconos de barro (en este caso de papel) que nos protejan de las inclemencias naturales. La mayor inclemencia natural para el lector podría ser la ignorancia (qué más natural que eso) y sentimos, no sé si inútilmente, que el libro nos protege de ella. Hosne, el Alejandro Hosne que conocemos en las redes, en sus ensayos y al menos en una de sus novelas, es un tipo cínico dispuesto siempre a lanzar sus dardos sardónicos contra la ignorancia y la candidez, ¿qué papel juega la ignorancia hoy? La gente lee, y se dice en todos lados, para evitar la ignorancia, pero ambos sabemos que leer no es como tomarte una píldora o beber un antídoto. Dices que la escritura (ya la lectura creo también) corre detrás de la experiencia, pero qué pasa si se busca la escritura y la lectura sin buscar también la experiencia, ¿qué hay que decir sobre la ignorancia y la estupidez y su relación con el libro, con la lectura?

Yo creo, de verdad lo creo, que una buena lectura siempre es una experiencia. Es un compromiso, y eso en sí mismo es una experiencia. Después, lo que te dé el texto depende de muchas cosas, si perdura, si realmente te parece bueno al cabo de un tiempo y todas esas cosas. La lectura también se hace en retrospectiva. Para mí fue una gran experiencia leer El Señor de los Anillos a los catorce años, fue un verdadero viaje de imaginación, vívida, estimulante. Hace unos años me puse a ojear uno de los libros y noté que era tedioso, que los diálogos parecían escritos por un chico de primaria, y cosas así de feas, ja. Por suerte, lo leí en el momento justo, cuando me pudo dar tanto, y eso es lo que queda. Otros autores, como Jack London, los vuelvo a leer y me parecen igual de impactantes que cuando los leí a esa edad. Pero si uno lee desde el cinismo o la estupidez, como se enseña a leer hoy a todos esos escritores/as inventados en 24 horas, apegados a modas o tendencias creadas por las grandes editoriales y que ni siquiera son capaces de lograr una sana mediocridad o una narrativa pasatista, entonces es más grave. O lamentable, no sé cómo llamarlo.

La ignorancia es algo que ataco siempre que puedo, me parece el gran cáncer de la humanidad, aunque suene pomposo. No hablo de la ignorancia del que carece de educación, eso es inimputable, hablo de los que tienen herramientas al alcance de la mano y prefieren elegir la estupidez, no pensar. No me refiero al pensamiento como una cosa elevada, sino a cuestionar, a evaluar, a decidir. Todos tenemos nuestra cuota de necios y de soberbia, pero vivimos en una época en la que ser ignorante es una virtud, entonces hay que atacarla con toda la artillería. El auge de la autoyuda tiene que ver con lo mismo: que alguien más te pase su experiencia (sea lo que sea eso) y que uno la asimile como propia sin haber pasado por la angustia y la incertidumbre que te ocasiona vivir tu propia experiencia. Creo que el terror a la incertidumbre, (que obviamente existió siempre porque que es muy humana), es moneda común. Es patético ver a tanta gente negando a la vida y a la muerte con la excusa que haya a mano, sea la boludizada tecnología de los celulares, plataformas llenas de contenidos vacíos, charlas sobre el emprendimiento, etc.

La lectura sincera siempre agrega algo a nuestras vidas, a nuestras experiencias personales, pero hay que involucrarse, por eso es imposible hablar de lectores ideales, de objetividad en la lectura, es algo totalmente personal, y eso es lo valioso. La otra cara de la moneda es la gente de la llamada alta cultura, que suele estar llena de prejuicios y vive con miedo de dar su opinión, si la tiene, sobre lo que lee, lo que ve, etc. Los académicos/s de las letras dan vergüenza ajena, vengo de un país, Argentina, donde está lleno de ese tipo de seudo intelectuales que no aportan nada a nadie. La cultura o el conocimiento aislado no significa un carajo. ¿Qué brinda gente como Domínguez Michael o Alberto Manguel? Su visión conservadora y convencional de la literatura es una invitación a no leer un puto libro. La sensibilidad del lector/a, posea una vasta cultura o no, es lo que vale. Esto que digo es una obviedad, pero a pesar de ser obvio sigue pesando el prejuicio de “tener cultura”, que es otra forma de la ignorancia, la ignorancia ilustrada. Como se ve, me enojan más esos especímenes que el que cree que J.K. Rowling es lo mismo que Ursula K. Le Guin, ja.

Mientras escribo esto veo que alguien posteó un comentario de Clarice Lispector en un programa de tele de 1977: “el papel del escritor hoy en día es hablar lo menos posible”, y me arrepiento de todo lo que dije más arriba. ¡Qué importa si la alta cultura o si el lector necio! Pero ya lo dije, me hago cargo, cuác.

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