Ilusos1 min de lectura

Livier Fernández Topete

Según los límites de nuestra tolerancia hacia los otros, la decepción llega con facilidad o de manera poco frecuente a la isla que en el fondo somos.

Si poco comprensivos, esperamos por ejemplo, las formas más explícitas del agradecimiento, del amor, del contacto, de la alegría; si el respeto a la diferencia está en nuestra cosmovisión, entonces somos capaces de ver en modos sutiles cualquiera de los anteriores.

Somos monstruos voraces de otros, los mordemos, nos los comemos vivos.

Nunca sabremos a ciencia cierta lo que los otros piensan de nosotros, de vez en cuando se nos revelan sus interpretaciones, nos desengañamos y al mismo tiempo hacemos un esfuerzo enorme por entenderlas, sabemos leer un idioma, pero fallamos una y otra vez en nuestras lecturas humanas, más bien fantaseamos, especulamos, rumiamos.

Caemos en el desencanto como en un pozo sin fondo, nos desilusionamos por ilusos, por habernos hecho ilusiones, perdemos la confianza, sobre todo en nosotros mismos, en nuestras percepciones.

La seguridad es un terreno de difícil acceso, dando tumbos hacemos como que nos quedan certezas, verdades con apariencia de hierro que devienen alcohol que se evapora apenas nos miramos al espejo, ese objeto quebradizo que sabe devolver a nuestros ojos los innumerables espejismos que nos constituyen.

Imagen: Water Underwater Digital Art divers octopus

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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