Jugando a ser héroes2 min de lectura

Livier Fernández Topete

No somos educadores, pero debemos instruir en estos días.

Nuestra casa no es una escuela, pero cada vez más se parece a una, van quedando menos espacios para los juguetes.

La casa no suele ser oficina, pero para la mayoría es necesario crear un espacio para ello.

Un buen número de quienes no estudiaron medicina o enfermería, han tenido que cuidar a sus parientes enfermos en casa.

Nuestros hijos necesitan jugar con otros niños, pero la generalidad ha tenido que lidiar con la dinámica familiar en jaulas de 4 paredes.

Nuestros hijos no pueden acompañarnos a los supermercados ni a muchas de las tiendas comerciales, los que ya saben leer han tenido que ver muchas veces leyendas en las que son excluidos, incluidas las tiendas de juguetes.

No éramos cibernautas empedernidos, pero este río de locura nos ha llevado a conectarnos desconectándonos de los de carne y hueso, nos ha llevado a fantasear que lo virtual es la nueva forma de vida, que la vida está allá y no acá, del lado de los nuestros.

La nueva normalidad es psicótica.

La nueva normalidad: jugar contra nuestra voluntad a la ruleta rusa.

Estamos obligados a responder a una pantalla que, aunque a veces nos acerca a los que están del otro lado, a veces también complica las interacciones.

Se espera de nosotros paciencia y más paciencia en medio de la inquietud constante; se espera orden en medio del caos; tranquilidad en medio de la incertidumbre; entereza en medio de pusilánimes.

No tenemos permiso de desconectarnos del ilusorio mundo de la internet, somos peces atrapados en sus redes. Imaginamos que el mar está ahí, en el minúsculo cuadro contra el que choca nuestra cara, pero se trata de una enorme retícula, de un fragmento oceánico, somos presas, no animales libres.

Se nos pide aguantar, soportar el peso de los días, sostener lo insostenible hasta que pase lo anhelado por todos, pero no hay fecha milagrosa en ningún calendario, tampoco sabemos si estaremos ahí, si los nuestros nos acompañarán.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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