La Colmena Casa Colaborativa, dulce como la miel11 min de lectura

Caliche Caroma

La dirección es Dámaso Cárdenas #616, colonia Jardinadas, Zamora, Michoacán. En este lugar, desde hace más de un año, un grupo de mujeres se organizó para vender diferentes productos (miel, ropa, libros, calzado, arte, et al), la mayoría creados por ellas mismas, marcas originales, además ofrecen servicios como masajes, tatuajes, bordados, estilismo, diseño, ilustración, etcétera. Esto más las actividades culturales que incluyen talleres, trueque, charlas, conciertos, círculos de lecturas y lo que vaya surgiendo. Fuimos a entrevistarlas, gracias a la gestión de Gladys Morales, una buena amiga, para conocer este proyecto que surge en una de las ciudades más violentas del noroeste michoacano, Zamora es tristemente famosa por el alto índice de feminicidios. Aquí nació La Colmena Casa Colaborativa. Mientras esta entrevista se realizaba los balazos sonaban cerca, las chicas se han acostumbrado a las detonaciones, bromean sobre el asunto y una que otra acepta que sí les da miedo. Pero, ¿qué se puede hacer ante esto? Trabajar en equipo, emprender, colaborar.

Al entrar a La Colmena se encuentran los aparadores, muy monos todo ellos, donde se posa la vista hay detalles que hipnotizan, el acomodo atrae, los rinconcitos te invitan a comprar lo que ahí se ofrece, para el regalo o para disfrutar uno mismo esa taza para el café o la vela en forma de cactus, el libro extravagante, las calcamonías de gatitos, las botas de alucinantes diseños; subes las escaleras y encuentras un salón de belleza, un estudio de tatuajes, en la parte más alta el taller de costura, la máquina de coser antigua, un laberinto de sorpresas en los que da gusto perderse. En resumen, un acogedor espacio que está construido con cariño, y esfuerzo materializado. Abierto de lunes a sábado, de 10 de la mañana a 2 de la tarde y, después de comer de 4 a 8 de la noche. Su eslogan lo dice todo: “Somos chidas, no mordemos”.

La Colmena Casa Colaborativa integra a quince mujeres y están conformadas en dos grupos, uno es el colectivo, el corazón de la organización, cinco mujeres fundadoras, y la otra parte o sección son las colaboradoras, diez productoras y/o distribuidoras que le aportan la variedad al lugar; las colaboradoras se renuevan constantemente, lo que le da frescura a La Colmena. Las cinco principales son: Laura Patricia, de profesión auxiliar visual en una empresa local, ella supervisa las tiendas y las pone “guapas” para que la gente compre, labor que ha hecho con creces en La Colmena; Rocío Ramírez, que se dedica a emprender, comprar y vender, es la más “bisnera” del colectivo (risas y guiños); Andrea Martínez, Cisne Negro, diseñadora gráfica, trabaja en una imprenta, en La Colmena lleva los inventarios, parte fundamental de la organización; Karla González, entusiasta licenciada en ciencias de la comunicación, actualmente trabaja con niños en el fomento a la lecturas y escritura creativa, en el colectivo impulsa la marca de ropa interior Loretito, además ofrece los masajes relajantes y es la amanuense, hace los escritos para la gestión; Isabel González, el cerebro y la creatividad detrás de Manos de Bruja, muñecos de tela, ella es licenciada en derecho, pero lleva muchos años metida en los bordados, apoya en las cuentas y la administración, es decir, regaña a las otras cuando hay tropezones económicos.

La Colmena se creó hace año y medio, un poco menos, y surge de la necesidad de un grupo de amigas para tener un espacio en donde exhibir sus productos y ofrecer sus servicios. Así rentaron la casa que actualmente alberga el proyecto. El nombre surgió después de varias sesiones, al principio el grupo fundador, el colectivo, estaba integrado por doce mujeres, las múltiples voces proponían una cosa, luego otra, discutían, hasta que apareció el nombre de La Colmena, por el símil del trabajo de las abejas, donde todas tienen un solo objetivo y diferentes funciones: “Aquí puedes llegar y sentirte bien, en un panal, dulce como la miel y en comunidad. Y así se ha ido dando este trabajo de todas y por todas, la administración y la organización se va tejiendo en el camino, aún hay cosas que estamos arreglando, cambiando, La Colmena es algo en construcción constante”.

El proceso de La Colmena, según sus propias integrantes, ha sido como el de otra familia, la alternativa: “Una relación particular la que se tiene entre cada una de las integrantes, conocerlas en todas las circunstancias, y con estas hormonas se han dado algunos encontronazos, lo que es normal y hasta saludable. Así se reflexiona sobre los errores, la deconstrucción que cada una trae, el diálogo al convivir con otras formas de pensar sin perder el objetivo que es la colaboración, no dejarse caer en este proyecto productivo, la amistad y el trabajo nos ha hecho crecer como seres humanos”.

Isabel González, la de más experiencia (edad) en el colectivo, habla sobre este proceso formativo: “El proceso en la Colmena ha sido un constante aprendizaje, es la primera vez que me involucro con un grupo de mujeres, casi siempre había trabajado yo sola. En momentos sí le he sufrido, tumbar muchos conceptos que tenía, y esto se hace para mantenernos en este proyecto, para adecuarnos a las demás, ceder es importante. Una de las constantes que teníamos al momento de escoger el nombre fue la palabra casa, y justamente eso ha sido La Colmena, un hogar en donde todas nos sentimos arropadas, en confianza, a pesar de las divergencias”.

Sobre el diseño de La Colmena, el cómo están acomodadas las cosas, presentadas, las muchachas subrayan que así se reflejan las diferentes personalidades de las integrantes, la diversidad es patente, en cada rincón se encuentra un pedacito de las mujeres que colaboran con sus marcas y con sus ideas, sin olvidar la personalidad como colectivo que brota de las individualidades. Sobre este tema explica Andrea Martínez lo siguiente: “Como diseñadora he visto muchos matices, y todo se ha adaptado al discurso general, este proyecto es una recolección de saberes y propuestas que se reúnen en una casa para brindarles a los visitantes una experiencia enriquecedora, atractiva, que se les antoje llevarse algo y pasearse por los cuartos, regresar con alguien más, creo que se han cumplido los objetivos y seguimos avanzando”.

¿Y les sale, si deja? Reflexionan en coro: “Normalmente cuando pones un negocio se tarda un año en ganar algo, nosotras tenemos un poco más de un año. Sin embargo, en cuanto números, La Colmena es un ejemplo de cómo en colectivo la inversión es menor y puedes tener ganancias pronto. El hecho de ser varias, los beneficios han llegado antes y ha sido menor lo que cada una pone. Para los tiempos que pasamos, somos un ejemplo en el tema económico. Éste no es como los negocios tradicionales, entre todas tenemos una retroalimentación, aunque no hay una ganancia para el colectivo, hay que dejarlo en claro, no se cobra porque alguien quiera vender su producto. Cada colaboradora nos da un precio de lo que trae para vender, no pedimos comisión, la única colaboración es la aportación para la renta. Las colaboradoras pagan una parte de la mensualidad del lugar y el colectivo paga el resto junto con los otros servicios (luz, internet, agua, etc.), además se cubre el sueldo de la chica que atiende por la mañana, pues en la tarde nos rotamos el cuidado de la tienda. Las colaboradoras sólo pagan el espacio donde exhiben su producto, la verdad, está bien sencillo integrarse, y hemos aprendido poco a poco cómo recuperar los gastos”.

La Colmena fue idea de Rocío Ramírez, pero a su inquietud se sumaron muchas otras mujeres, de las que hoy son cinco las pilares que permanecen, todo comenzó en uno de esos trueques de ropa que son tan populares entre las chicas, Rocío les habló de su inquietud y las citó en un café, aceptaron y el sueño se echó a andar. No se conocían entre ellas, alguna era amiga de otra, pero el trabajo las unió, las hizo compañeras y socias. Ahora, cada lunes tienen juntas para reforzar su amistad y para resolver las diferencias que puedan surgir, además de tomar los acuerdos de la semana. Tienen muchos objetivos, el más importante es permanecer juntas, crecer y ser inspiración para otras mujeres de Michoacán y México, que haya una Colmena en cada estado, municipio y colonia de este país, para que no sólo se crezca la economía, sino las relaciones humanas, el cariño entre las personas, que es lo verdaderamente valioso en esta vida.

La Colmena casa colaborativa

Algunas de las colaboradoras son:

Color Dolls, estilismo alternativo
Ecléctico, Dany Ramos, tatuadora
Merequetengue, moda mexicana
Casana, tinturas y bálsamos, aceites
Coconeti, artesanía, un pedacito de México
Oceli, artesanías y bisutería
Remedios del Bosque, alta herbolaria
Alejandra Vázquez, libros de Educal
Mystic, accesorios de moda




Fotografías: La Colmena Casa Colaborativa y Gladys Morales.

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