La estrategia del cocodrilo6 min de lectura

Horacio Cano Camacho

Cuando asesinaron a John Lennon, el victimario aseguró que lo hizo “inspirado” en el libro El guardián entre el centeno y de inmediato la prensa estalló. De alguna manera ese libro “inducía” a los jóvenes a cometer actos horribles, faltaba más, esa “guía de los jóvenes rebeldes” … Muchos lo leyeron pretendiendo encontrar las claves de la conducta de un tipo evidentemente psicópata, y de refilón, J.D. Salinger se puso nuevamente de moda.

Ted Kaczynski, el famoso “Unabomber” que mandaba cartas con explosivos, decía que su inspiración era “Agente secreto”, de Joseph Conrad y al parecer la policía encontró en muchos de sus textos algunos pasajes de la novela, lo que reforzó la creencia popular. Evidentemente a personajes de este tipo algo les sucedió que desarrollaron conductas antisociales y buscando explicación para sus actos, los medios (y a veces ellos mismos) miran a quien culpar y muchas veces la literatura parece ser el candidato ideal, sobre todo la novela negra.

Recuerdo que hace varios años hubo un asesinato muy violento en un estado vecino y acusaron a un adolescente. Cuando la prensa entró en la habitación de este, vieron que el joven era un lector muy ávido y la sorpresa mayor fue cuando encontraron en su librero muchos títulos de “novela negra”, entonces, para la prensa (y así lo refirió) y la sociedad mocha, el asunto estuvo claro, era culpable porque se inspiraba en las novelas (de Paco Ignacio Taibo II) para “experimentar”. Desconozco en que terminó el asunto, la sociedad casta se apresuró a montar una distopía tipo Fahrenheit 451 con una enorme tentación de vincular a las libros de ficción con ese horrible caso de la realidad y llamando a prohibirlos.

Hay expertos que tratan de explicarse la fascinación de los escandinavos con la novela negra, de misterio y criminal que contrasta con el muy bajo número de crímenes reales que suceden en esos países y hay quien dice que tal vez estas historias le sirven de catarsis social. El caso es que si entran en mi biblioteca, tal vez vean en mi a un asesino en potencia por la abundancia de este género, o tal vez un maníaco sexual por mi colección de novela erótica o un fricky por mi afición a la ciencia ficción o incluso un ñoño peligroso porque me gusta la poesía… El caso es que cuando yo leí El guardián entre el centeno en la secundaria, desarrollé cierta admiración pasajera por Holden Cualfield, el protagonista, su rebeldía, su lenguaje provocador y cosas así, pero jamás se me ocurrió matar a John Lennon, o ni siquiera a Camilo Sesto o a alguien de Los Terricolas, que yo abominaba. Al menos en México, los verdaderos asesinos realmente no leen nada, mucho menos poesía y dudo que el escuchar narcocorridos sea responsable de su actuar.

Katrine Engberg

Todo esto viene a cuento por un trilogía que comencé a leer y ahora les recomiendo. Hoy hablaré del primer texto, aparecido en español el año pasado. Se trata de La estrategia del cocodrilo (Maeva, 2020), primera novela de Katrine Engberg, joven escritora danesa (1975). Se trata de una bailarina y coreógrafa que, con la fascinación de la que hablaba, se dedicó a construir una serie negra ambientada en Copenhague, conviertiéndose de inmediato en una de las escritoras más exitosas de su país.

La primera de sus novelas es precisamente La estrategia del cocodrilo, la historia de unos crímenes brutales cometidos en esa apacible ciudad. Una chica es encontrada asesinada en su casa bajo circunstancias muy extrañas. Se trata de un asesinato cometido con toda la planificación del mundo y el perpetrador se tomó el tiempo de montar una escena y grabar en su rostro un dibujo a cuchillo.

Jeppe Körner y Anette Werner serán los agentes encargados de investigar el caso. Junto a ello iremos siguiendo toda la investigación, viviendo de manera vertiginosa la identificación de sospechosos, la multitud de pistas falsas y los problemas personales de los propios agentes, que se mezclan en el caso.

Hasta aquí parece una novela más, con todos los ingredientes del género, sin embargo, identificamos muchos elementos muy interesantes y que hacen del libro muy adictivo, comenzando por el humor muy sutil que maneja y el ritmo muy vertiginoso. A diferencia de otras corrientes del noir, el “estilo escandinavo”, aunque muy diverso, se caracteriza por un descripción muy cuidada del contexto y las preocupaciones cotidianas de la sociedad del bienestar, como la intolerancia, el fundamentalismo religioso, el cumplimiento estricto de las reglas de convivencia, todo esto visto bajo la lupa de una investigación criminal y este libro no es la excepción.

El caso es que Jeppe y Anette (ya desde aquí una pareja para seguir) descubren que el crimen se cometió imitando rigurosamente una novela negra de la dueña del edificio en donde la chica asesinada vivía. El problema es que la novela aun está en proceso de creación y nadie tendría porque conocerla. La escritora misma, que es un muy buen personaje, maestra de literatura, recién jubilada de la Universidad, decide escribir su primera novela (y negra para variar) y conociendo a la chica vecina, construye su personaje central inspirándose en ella, sus problemas de juventud, amores mal nacidos y sube y bajas emocionales. ¿Quién tuvo acceso al manuscrito al grado de “inspirarse” en él?

La aspirante a escritora es miembro de un club de escritura en línea que solamente cuenta con tres miembros, un escritor profesional, una curadora de arte y ella. De manera que el caso es verdaderamente complicado. Luego se suceden otros crímenes que van torciendo mucho la investigación.

¿Por qué se llama La estrategia del cocodrilo?, no se los diré, lo descubrirán hasta el final. Se las recomiendo mucho, se lee de un tirón y terminarán con una sonrisa esta semana de guardar, más por la pandemia que por cuestiones religiosas.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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