La ignorancia y el odio contra las personas Trans5 min de lectura

17/mayo/2019

Eduardo A. Chávez

“La transfobia no sólo viene de la ignorancia, a veces viene del conocimiento, de las personas que lo tienen o de la autoridad que éste les da y lo tergiversan para reproducir el odio hacia esos cuerpos que les incomodan. Así ha sido siempre”, dice Edén Irene Valdivia Moreno, estudiante de la ENES (UNAM, Unidad Morelia) y Coordinadora de la Red Michoacana de Personas Trans.

Participa en la organización de la marcha que se realizará el sábado 25 de mayo en Morelia a propósito del Día contra la Homofobia, Transfobia y Bifobia. La fecha tiene su origen en 1990 cuando la homosexualidad fue retirada de la lista de los trastornos mentales reconocidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), después de lo cual paulatinamente se fue nombrando al resto de la comunidad (Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travestis, Transgénero, Transexuales, Intersexuales, Queer y más), por lo que señala: “Yo sí reivindico que, en principio, se hable sólo de homofobia, por cómo surge el día, aunque posteriormente se haya visto lo importante de que políticamente se señalara que hay otras identidades que también están patologizadas”.

Hasta el año pasado, a 28 años de distancia de esta fecha, la transexualidad seguía siendo un “Trastorno de identidad de Género” según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-V), libro de referencia central en psiquiatría. Fue hasta junio de 2018 cuando la OMS publicó una actualización en la que se le da el estatuto de “Condición relativa a la salud sexual”, una situación que no es asociada con la enfermedad pero que sí requiere atención y cuidados, psicológicos, endocrinológicos, etcétera, según nos explica Valdivia Moreno.

Pese a este logro, los mitos y estigmas prevalecen alrededor de esta condición: “Piensan que una persona trans es un homosexual muy homosexual, sin distinguir entre identidad de género y orientación sexual. Otro mito es que todos queremos intervenir el cuerpo de una manera quirúrgica u hormonal y que se comienza siendo travesti, luego transgénero y se termina siendo transexual. También se cree que las mujeres trans aspiran a ser trabajadoras sexuales, confundiendo así una identidad con una circunstancia social. Otro sería la idea de que si somos trans debemos responder a los modelos tradicionales: las mujeres femeninas, sumisas, heterosexuales, color de rosa, y lo hombres con vello, músculos, agresivos, etcétera”.

Estas falsas ideas sobre lo que significa ser trans está asociado con lo que llama “tutelaje de los cuerpos”, que es la manera en que algunas personas quieren dictar sobre los cuerpos de otras personas, y viene acompañado por una mirada “infantilizadora” que ve a las personas trans como si estuvieran confundidas y por lo tanto no se les escucha, aspecto que es más fuerte en el caso de las infancias: “La discusión gira siempre en torno a la familia, a la culpa que tiene la madre (a quien se le asigna la crianza) de que su hijo sea así, pero el niño trans nunca está en la discusión, nunca le preguntan”.

El odio desde el conocimiento

Sin embargo, a su juicio no es la ignorancia la única fuente de odio, también lo es el conocimiento, como es el caso de la vertiente radicales transexcluyente del feminismo. También lo asocia con las teorías que han construido hombres cisgénero (personas que se identifican como hombres y que nacieron con pene), heterosexuales y blancos que han dictado qué es lo normal y qué no. Por último, personas que han llegado a espacios de poder debido al conocimiento que poseen y que desde ahí ejercen sus violencias: “Creo que todo eso no viene de la ignorancia, sino de personas letradas que eligen tomar el conocimiento que tienen, tergiversalo y usarlo para el odio. Creo que es importante nombrarlo”.

Aun con todo asegura que a lo largo de este proceso en el que ha vivido en carne propia la transfobia (odio a las personas trans) y la transmisoginia (transfobia dirigida a las cuerpos femeninos), también ha encontrado alianzas importantes al interior de la UNAM. Estos factores aunados al hecho de esta institución abrió sus puertas en la CDMX a las personas trans desde hace años, convierte a la ENES Unidad Morelia en una esfera privilegiada. Sin embargo, no deja de insistir en que hay una agenda pendiente al interior de las instituciones de educación superior: mejorar protocolos, capacitar docentes, asegurar que en casos de violencia no queden impunes las agresiones y escuchar las necesidades de los estudiantes antes que determinarlas sin preguntarles, pues las acciones que se toman sin hacerlo pueden llegar a estigmatizarlos más que resolverles algo.

Por último, llama a la sociedad a informarse sobre estos temas a través de las propias personas que integran la comunidad trans: leer libros escritos por ellas, ver series y películas en las que los actores sean trans, informarse a través del periodismo que hacen y, en resumen, a no invisibilizarlas, patologizarlas o infantilizarlas.

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