La música que escucho dentro de mí: Flavio Meneses9 min de lectura

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Flavio Meneses abre la puerta, saluda y se asoma su perro, que también saluda, quince después de las 11 de la mañana, la última semana de enero del veinte-veinte. Vive en la calle Ignacio López Rayón, a una cuadra del Jardín de la Soterraña; enfrente de su casa se encuentra uno de los grupos más antiguos de Alcohólicos Anónimos de la ciudad de Morelia. El músico ofrece café, ¿azúcar, leche? El gato que sólo venía de visita ya se quedó con el multiinstrumentista, hay otra gata con pelo muy suavecito y un perro más en el patio trasero de la casa.

El quién es y cómo fue: “Yo soy de Colima, nací allá. Curiosamente, en mi familia no hay artistas, nunca creí tener una vocación de este tipo, quizá de niño me interesaban las artes plásticas, recuerdo que con mi hermano —porque tengo un hermano gemelo— nos gustaba pintar, pero no era una formación artística formal. Cuando estaba en la secundaria llegó el cable a Colima, así tuve acceso a canales de música como emtivi, se me hizo muy interesante lo que escuché en la televisión, me di a la tarea de conseguir una guitarra, confisqué una que estaba en casa de mi abuelita y comencé a estudiar con un Guitarra Fácil (revista)”.

La elección: “Ya después empecé a tomar clases en el IUBA, Bellas Artes de Colima, conseguí algunos maestros, hasta que decidí entrar al Conservatorio de las Rosas. Antes de esto estudié diseño, no tenía claro qué es lo que quería, tampoco sabía cómo era la vida del músico, qué me esperaba, pensaba que era algo descabellado elegir ese camino. A la mitad de la carrera me di cuenta de que si continuaba en lo que estaba iba a convertirme en un diseñador muy mediocre, así que tomé la decisión de mudarme a Morelia”.

Los primeros solos de Flavio: “Llegué a Morelia buscando a Juan Alzate para tomar clases y aprender el lenguaje del jazz, al poco tiempo Juan me invitó a tocar con él, poco a poco, dándome de golpes, fui aprendiendo. Él fue muy paciente conmigo, además tuve la piel gruesa para aprender. Fueron mis pininos con el jazz, ya me gustaba el género, pero ésta era la primera vez que estaba en un grupo”.

Con todos los que se puedan: “La vida del músico que está empezando a abrir caminos es muy incierta. Uno de mis retos fue hacer música con la mayor cantidad de gente que me fuera posible. Lo hice aquí en Morelia. Primero con los amigos del Conservatorio y luego con los que conocí afuera de la escuela. Todo el tiempo estuve abierto a tocar la música popular, algo que me gusta y disfruto mucho. Colaboré con varios grupos musicales de Morelia y eventualmente me fui a vivir a Playa del Carmen, para trabajar allá. Así comenzó un ir y venir por los estados de México para tocar con artistas de todos lados”.

Sobre el estudio, la dedicación y los discos: “Ha cambiado con el tiempo. En mi época en la que me consideraba cien por ciento estudiante, trataba de dedicarle muchas horas al día, sobre todo por mi falta de formación temprana, comencé ya grande a estudiar música, había una deuda con la técnica. Como artista, vas formando un criterio, un concepto estilístico, tienes en la mente los sonidos que quieres emular, pero sin la técnica puede convertirse el estudio en algo frustrante. Por eso al principio traté de enfocarme lo más que pude, hasta lograr el desarrollo técnico que quería y necesitaba. Discos míos tengo 4, el primero lo hice en Morelia, lo grabé en la casa de Efrén Capiz, el último es de 2014, Peregrinación del Alma, participan Aarón Cruz y Giovanni Figueroa. Ahora estoy en el proceso de hacer el quinto.”.

Flavio Meneses y la música interior: “Mi música, en general, ha tendido hacia el jazz, aunque últimamente mi lucha ha sido desprenderme de las etiquetas. Cuando te desarrollas profesionalmente en un medio como éste, parte del proceso creativo es por imitación y terminas haciendo música pensando en complacer a alguien (público, institución, maestro). Afortunadamente he podido tocar con verdaderos artistas con los que he aprendido lo principal.  Ahora estoy intentado tocar lo más fiel a la música que escucho dentro de mí”.

Las fluencias e influencias: “Hay un guitarrista que ha sido una guía en mi música, Pat Metheny, lo interesante de él es que, si bien es un músico de jazz, ha explorado la música popular de Estados Unidos; Metheny es de Missouri y sus composiciones tienen elementos del folk de esta zona. Últimamente he estado escuchando música mexicana, tradicional y académica. Silvestre Revueltas para mí es un héroe, porque durante su vida pudo mantener su integridad, de plasmar en su música lo que él era. Pude tocar hace poco con Los Macorinos y estoy impactado por su discurso, síntesis de la guitarra mexicana (con influencias de David Záizar y Cuco Sánchez). Regresé a Los Beatles, son un referente para mí, aunque tardé en darme cuenta de porqué me gustaban, descubrí que fue por el uso del estudio de grabación, a la manera de laboratorio, parecido al proceso de grabación del jazz. Me atrae el hecho de experimentar con sonidos previamente grabados, es algo de lo que he estado haciendo ahora”.

Casi tres años tocando con Eugenia León: “Para mí es muy afortunada la experiencia. Recuerdo que en algún momento ella me llegó a decir que nuestro encuentro había sido providencial, y así lo creo. Me ha complementado muchísimo, ha sido una gran bendición, he aprendido mucho. Trabajar con profesionales del ramo, como lo son sus músicos, estar ahí y ver cómo se hacen las cosas desde esa perspectiva. Ella ha sido muy generosa conmigo. A pesar de que fui contratado como músico de acompañamiento, donde se supone que haces lo que te piden y ya, sin embargo, la relación con Eugenia es otra, respetuosa con el trabajo de los demás, está siempre atenta a lo que le puedan aportar o proponer quienes la acompañamos. Esto para mí ha sido algo muy bueno”.  

Libros y Flavio Meneses: “A mí me encanta Jorge Ibargüengoitia porque él representa un mexicanismo muy crudo. Yo lo relaciono con José Emilio Pacheco, pero Jorge es más agresivo,  muy real su visión de México. Trato de leer a autores mexicanos. Me gustan mucho los libros Juan José Arreola, están relacionados con mi niñez en Colima. Junto a mi familia íbamos a visitar a los parientes de Ciudad Guzmán, Zapotlán el Grande; hacíamos la peregrinación de San José y cuando leí La Feria de Arreola me fui para atrás al encontrarme con una narración de todo lo que viví en la infancia. De ahí viene también mi cercanía con Juan Rulfo y sus obras, es el México en el que crecí”.

Las preguntas sobre el ser y hacer: “La música es un lenguaje que está ahí y que ha ido evolucionando. Cualquier cosa que yo pueda escribir de ninguna manera va a surgir espontáneamente de mí, en realidad es una reinterpretación de algo que ya escuché y que pertenece a una temporalidad. Nuestra obligación es conocer esa línea del tiempo. No es ninguna novedad decir que hay mucho talento en México, los extranjeros se maravillan con la capacidad creativa que aquí existe. Este país es un crisol extraño de culturas que nos han dado una gran oportunidad de aprender de ellas. No obstante, está la otra parte, y esto lo digo con mucha cautela. El mexicano tenemos muchos complejos, lo que nos hace estar en permanente guerra unos contra otros. Estoy convencido de que puede ser de otra manera, si ese potencial se desarrollara positivamente estaríamos haciendo cosas muy interesantes, que ya las hay, pero creo que se pierde demasiada energía en lo destructivo. Tengo fe de que puede cambiar esto, tenemos que aplicarnos en nuestra verdadera capacidad y en el enorme potencial que se está desaprovechando”.

Los instrumentos: “Dependiendo del trabajo que tengo que desempeñar es el instrumento que uso. Me gusta modificarlos para obtener diferentes gamas de sonidos y texturas. Generalmente lo que más toco es guitarra eléctrica, tiendo hacia las Fender Stratocaster, son instrumentos básicos, se diseñaron hace más de setenta años; este sonido es histórico porque ha sido usado en las grabaciones más representativas de música popular, varias Stratos están mi estudio. Además, cuento con guitarras de jazz, que generalmente tienen más cuerpo, es una guitarra más protagonista, esto hablando de las eléctricas. De las acústicas están varias, poseo instrumentos tradicionales: requinto jarocho, requinto de guitarra estilo Los Panchos, jaranas, tres cubano, vihuela —un tiempo toqué mariachi—, bajo, instrumento en el que incursione por la falta carencia de bajistas, contrabajo, que me ha costado mucho trabajo, y el piano eléctrico, con el que desarrollo mis composiciones”.   

Frases finales de Flavio Meneses: “No me encanta mucho voltear para atrás, cosas que hice hace un año o dos ya no me satisfacen, y creo que eso está bien. Soy flexible, pero al mismo tiempo me exijo mucho”.

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