La sangre manda6 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

La influencia de Stephen King en la literatura norteamericana y en el cine de los últimos 40 años es indiscutible, durante mucho tiempo se le ha tachado de ser un escritor comercial que vende millones de libros, y esto ha bastado para que sus detractores no lo incluyan en las reseñas de los mejores libros, ni en los olimpos literarios que se disputan los premios año con año .

Ciertamente, King es un escritor “comercial”, de best sellers, que tiene legiones de fans a los que no les importa si se le clasifica entre los mejores escritores o no. Ha publicado 61 novelas y ha vendido más de 350 millones de libros. Se le clasifica en el género del terror y misterio, sin embargo, algunas de sus obras entran muy cómodas como thrillers o novela negra.

Una ojeada a su obra nos lleva a novelas como Carrie, El Resplandor o Misery, las tres llevadas al cine por grandes directores, la primera por Brian de Palma, la segunda nada menos que por Stanley Kubrick, y la ultima por el genial Rob Reiner. Las tres obras forman ya parte indeleble de la cultura norteamericana del siglo XX y de la historia del cine, han alimentado tanto los deseos como las pesadillas de millones alrededor del mundo, lo que debería llevarnos a considerar a este escritor con mucha más seriedad.

Stephen King

Hoy vamos a hablar sobre su última publicación, La sangre manda. Este libro que en realidad son cuatro novelas cortas, incluye El teléfono del señor Harrigan, La vida de Chuck , La sangre manda, y La rata, que inscriben totalmente en la novela de misterio, el thriller psicológico y el cuento de terror, donde Stephen King nos muestra su experiencia en el oficio para brindarnos estas narraciones que no tienen desperdicio, nos mantienen al borde del sillón devorándolas y esperando su desenlace.

El teléfono del señor Harrigan se desarrolla en un pueblito muy pequeño del estado de Maine, y los protagonistas son: Craig, un niño de nueve años y el señor Harrigan, el hombre más rico del pueblo que vive solo en una enorme casa. El Sr. Harrigan contrata a Craig para leerle libros por las tardes, ya que por su avanzada edad no puede hacerlo solo, así se va gestando una relación especial entre el viejo y el niño, que será la base de esta novela. A través de la óptica del niño vemos el desarrollo de esta relación y la importancia que cobra para ambos.

Nos narra con sencillez un mundo bucólico de pocos personajes que reflejan un especial respeto por los ancianos, encarnados en el Sr. Harrigan, así mismo va creando una atmósfera de misterio que envuelve a este personaje. El relato se desarrolla en la primera década del presente siglo en pleno advenimiento de los teléfonos inteligentes (especialmente el iPhone, que tiene un especial protagonismo) y Craig está obsesionado por tener uno. A partir de que su padre se lo regala, el relato cobra sentido y se despliega todo el universo de Stephen King; la relación con la muerte, lo sobrenatural y el misterio, todo de manera tanto sencilla como cautivante que les dejará un buen sabor de boca.

La vida de Chuck es un relato dividido en tres actos, en un orden cronológico inverso, el primero en un cercano año 2021, la última etapa de vida del personaje principal, ambientado en un escenario apocalíptico con reminiscencias a la vieja serie The Twilight Zone, el segundo y tercer acto nos llevan a la juventud y niñez del protagonista que nos permiten entender los planteamientos que nos presenta en el primer acto el autor. De trama repleta de misterio, situaciones aparentemente absurdas y drama.

La sangre manda, relato es el que le da nombre al libro y podríamos decir que es el más logrado, habla de una investigación que hace la detective privada Holly Gibney quien ya había aparecido en otras obras Mister Mercedes y El visitante. Holly es una mujer solitaria, llena de obsesiones, con una relación desastrosa con su madre, sobreviviente de un encuentro con el “visitante” (aún no supera el trauma que le representó) y ahora, a partir de una masacre en una escuela, se enfrentará a un personaje aún más siniestro que el anterior. En esta ocasión le ayuda un ex policía retirado de 90 años que es quien le brinda certidumbre y las pistas necesarias para identificar al culpable. Me recordó a algunas novelas de John Connolly, ya que se mueve entre la realidad y cierta “fantasía siniestra”, es un relato trepidante e íntimo a la vez, una delicia.

En La rata, Drew Larson es un escritor mediocre que apenas ha visto publicados unos cuantos de sus relatos con éxito muy modesto. Las ideas para escribir le llegan de manera inesperada, a veces como un pequeño hilillo de agua que se convierte en manantial, sólo que cierta ocasión ya no sucede así; la idea se le presenta redonda, completa, como una locomotora que lo avasalla, siente la imperiosa necesidad de dejar todo por un tiempo para ponerse a escribir de inmediato, antes de que sucumba su inspiración. Lleno de frenesí le plantea esto a su esposa e hijos, decide irse a una pequeña y apartada cabaña que heredó de su padre, en lo más profundo del bosque de Maine, casi en la frontera con Canadá.

Este es el corazón de este relato: el proceso creativo y tormentoso de un escritor solitario en lo profundo del bosque, donde se enfrenta a sus demonios, a un salvaje invierno y a un visitante inesperado. El autor nos lleva progresivamente a una atmósfera claustrofobica donde Drew se sumerge, nos muestra a detalle el a veces doloroso, proceso creativo de un escritor para jugar tanto con nuestra imaginación como la del protagonista, introduciendo elementos siniestros y sobrenaturales en la trama.

Los cuatro relatos están excelentemente construidos, son sencillos pero con muchas referencias que denotan la amplísima cultura del autor, no hay palabras de más, ni adornos, ni arabescos, son relatos en estado puro, disfrutables tanto por un adolescente o una persona mayor. En pocas palabras una delicia. Los invito a que lean este libro, no se arrepentirán.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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