La suerte del enano4 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia 

El día de hoy recomendaré un novela que es todo un divertimento en el sentido más amplio de la palabra, tiene intriga, misterio, crimen, cultura, buena literatura, y algo inusual en el noir, mucho humor, del que se deja sentir desde el título: La suerte del enano (2020), haciendo alusión a un dicho un poco escatológico del hablar español de antaño.

César Pérez Gellida (Valladolid, 1974), licenciado en Geografía e Historia, irrumpió en el mundo editorial con su primera novela Momento mori (2012), continúo con Dies irae (2013) y al año siguiente escribe Consummatum est, que lo hacen meritorio a la medalla de honor de la Sociedad Española de Criminología y Ciencias Forenses. La suerte del enano, su última novela y la que abordaremos en este bufete negro, obtuvo la distinción por parte de los lectores como la mejor novela negra del 2020 en España.

César Pérez Gellida

Sara Robles encargada de la brigada de homicidios del departamento de policía en Valladolid, es una mujer férrea e implacable, dueña de un pensamiento racionalista en el que no hay cabida para el azar, para ella todo es “causa y efecto”; se ha ganado el respeto de sus superiores y subalternos por su disciplina y resultados, sin embargo, tiene un secreto, algo que no ha podido curar y que la hace llevar una vida caótica: su adicción al sexo.

Tinus van der Wik, mejor conocido como El Espantapájaros, dueño de una inteligencia fuera de serie, es un experto falsificador y ladrón de obras de arte, quien durante muchos años ha eludido a la justicia y es una pieza de caza mayor para la Europol y la Interpol; padece el extraño síndrome de Marfán, una enfermedad que le provoca evidentes deformidades físicas, de ahí el origen de su apodo.

Sara y El Espantapájaros, son los dos principales protagonistas de esta novela, la cual se desarrolla a partir del robo de una pieza muy valiosa del Museo Nacional de Escultura en Valladolid, que deriva en una serie de asesinatos y un juego intereses no previstos en el plan original.

Al avanzar la historia van apareciendo toda una galería de personajes involucrados como un exminero asturiano, un pocero y un sicario de la Tombovskaya Bratvá (mafia rusa) obsesionado con escalar posiciones en su organización; un sicario libanés, veterano de la Legión Extranjera y a un agente de la lnterpol (expareja de Sara), además de los compañeros de brigada de homicidios de Valladolid. 

Pérez Gellida se da el tiempo para darle personalidad propia a cada uno de sus personajes, conocemos su pasado y las circunstancias que los llevaron a involucrarse por acción u omisión en el robo, y los crímenes derivados. A diferencia de otros autores de novela negra, en esta historia hay un tono casi festivo, con muchos diálogos muy divertidos y algunas situaciones hilarantes pero también momentos muy duros, dosificados por el autor, que nos hacen conocer las motivaciones y la frialdad de un asesino en primera persona. A pesar de las escenas fuertes y explícitas, no se abusa del gore.

Pocas veces una novela negra nos involucra en el poco conocido mundo del robo y falsificación de obras de arte, en el que nos enteramos cuáles son los intereses que se mueven en este lucrativo delito, las organizaciones que lo cometen y sus contactos con los corredores de arte, los falsificadores expertos y también a los cuerpos policíacos especializados en investigar este tipo de crimen.

Con todos estos elementos tenemos una estupenda novela de una factura literaria muy alta, con personajes creíbles que seguramente se quedarán en nuestra memoria. Además, el autor logra un estupendo equilibrio entre misterio y crimen con una historia policíaca de excelente nivel donde Valladolid se convierte también en un personaje central de la novela, la vamos descubriendo en su belleza y lugares icónicos, así que también tenemos una magnífica guía turística de la ciudad.

Les recomiendo mucho esta novela y que descubran cuál es… “la suerte del enano”.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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