Las aves tristísimas le dicen adiós a Gaspar Aguilera3 min de lectura

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Gaspar Aguilera nació en Parral, Chihuahua, pero era michoacano hasta el tope; en Morelia tuvo su centro de operaciones, no sólo como escritor, poeta y narrador, fue maestro de generaciones, gestor cultural y amigo entrañable. Después de días complicados para la humanidad del autor de Los ritos del obseso, hoy murió, y una admirable trayectoria llegó a su punto y aparte.

El mundo de la literatura nacional se pinta de negro, oscuro respeto que se rinde con deferencia en estos tristes momentos. Gaspar Aguilera es un poema que apenas comienza a leerse, la biografía y el mito harán lo suyo, pero mientras tanto «recuérdame bonito» y que esa anhelada paz sean con el poeta. Los pájaros trinan el jazz del adiós para despedir al vate que hoy nos dejó.

Gaspar Aguilera ejerció el periodismo cultural desde 1978 en publicaciones del país y del extranjero; algunos de sus poemas han sido traducidos al francés, al polaco, ruso, checo, inglés y alemán. Colaboró también en Bohemia, Crítica Política, Dosfilos, La Cultura en México, La Semana de Bellas Artes, Plural, Punto de Partida, Siempre!, Tierra Adentro y Unomásuno. Fue acreedor del Premio Tomás Valles Vivar 1990, por su trayectoria literaria y le fue otorgada por la Fundación Cultural Chihuahua, Premio Tiempo de Niños 1990, Presea José Tocavén a Trayectoria Literaria 1992 y el Premio Estatal Eréndira en 2008.

Publicó 13 libros de poesía, entre ellos: Pirénico (Inst. Michoacano de Cultura), Zona  de derrumbe, Tu piel vuelve a mi boca, Diario de Praga, Los últimos poemas de Dante, Los ritos del obseso (antología de su poesía de 1985-1998, coeditado por la UAM y Editorial Siglo XXI). Fue compilador y prologuista junto con Margarita Vázquez de la (reedición  2016) editado por la SECUM, así como Los rituales del vuelo, antología de los poetas participantes del Primer Festival Internacional de Poesía 1981 y un grupo de poetas nacidos en la década de los 80, publicada por la Secretaría de Cultura de Michoacán, conjuntamente con Carlos Higuera.   

Su última publicación fue Presencia del naugrafio, Circo Romano y Escalera al cielo desde la Habana.

Autorretrato I

Me miro en el espejo
y veo el rostro de mi padre:
la frente alta y digna
los labios carnosos
      su humor interminable
      su sentido del tiempo y de la moral
      su impotencia ante la magia femenina
      su creencia —como Rubén Darío—
      en el “ensueño y el misterio como eterna atracción”

Me veo yo:
inundado de dudas
            de zozobras
            de arrepentimientos
(se va desdibujando parte de mi rostro
y escucho repetir a la conciencia taladrante:
“nunca segundas partes fueron buenas”)


Biografía pasada por agua

Autorretrato II

Mi padre
también solía llorar inconteniblemente
en tardes lluviosas como ésta
recordando —mientras oía un tango o un bolero—
algo que le inundaba el alma

En silencio compartíamos su nostalgia
llorando nosotros de impotencia
y viendo en él
a San Sebastián asaeteado
por el amor perdido irremisiblemente


Pessoa y el verano

Tengo que confesar
que un verso de Tabaquería
se me ha atravesado en las venas
y ahora no sé a quién recurrir
si a un acupunturista
   o a un especialista en saudade
      que me extirpe del alma
      esta inmensa terrible nostalgia
      y las últimas gotas del oporto

(DEL ÁRBOL GENEALÓGICO/No. 178)


Fotos: Wendy Rufino

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