Las hermanas de Crest5 min de lectura

Gerardo Pérez Escutia

No cabe duda que la situación de aislamiento en casa, motivado por la pandemia a nivel global, ha sido un estímulo para la lectura, por tal motivo las editoriales han sacado gran cantidad de títulos en el verano extraño que atravesamos. Entre las novedades se encuentra la novela de Sandrine Destombes: Las hermanas de Crest.

De Sandrine Destombes ya hemos hablado hace unos meses, cuando reseñamos su gran éxito de 2018, El doble secreto de la familia Lessage, que fue todo un fenómeno literario en Francia (en ventas y en crítica). Ahora regresa con una novela totalmente inmersa en el nuevo noir francés, donde despliega un oficio literario más depurado, brindándonos una historia de gran calidad, adictiva.

Sandrine Destombes

Como en su anterior novela, esta también se desarrolla en lo profundo de la Francia rural, en la localidad de Crest, región de Ródano-Alpes.

Un control rutinario de carretera, a cargo del joven subteniente Perceval Benoit, provoca un accidente en el que muere la conductora; la niña que la acompañaba, Lea, resulta herida de gravedad, es trasladada al hospital de Crest y desaparece, extrañamente, pocas horas después sin dejar huella.

El joven e inexperto subteniente Benoit es el encargado de la investigación, pues resulta imposible que la niña se haya ido por su propia cuenta del hospital, además lo invade la culpa, él era el encargado del control de tráfico que ocasionó el accidente.

Casi al mismo tiempo, aparecen en los alrededores de la localidad dos cadáveres masculinos con evidentes signos de tortura, lo cual rompe la plácida rutina de los habitantes de Crest. Ante la gravedad de los hechos, llegan de París tres expertos criminólogos de la PJGN (La Partida Judicial de la Gendarmería Nacional) para encabezar la investigación; de inmediato incorporan al equipo al joven subteniente Benoit como enlace con los habitantes de la localidad. Benoit queda impactado por el carácter y profesionalismo del equipo formado por el Capitan Daloz y sus dos expertos criminólogos, el teniente Vernet y la teniente Gardel. Benoit se suma a la investigación con entusiasmo, anhela pertenecer, algún día, a la PJGN.

Los investigadores comienzan a recopilar evidencias forenses, interrogan a los habitantes del pueblo. Las pesquisas se dirigen hacia el misterioso Priorato, en las afueras de Crest, que alberga un refugio para mujeres maltratadas, o en proceso de reincorporación a la sociedad, después de haber pasado periodos de rehabilitación o en prisión. Este Priorato está dirigido con mano férrea por una mujer “autoritaria y narcisista”, Josephine Ballard, cuya figura crecerá en relevancia con el desarrollo de las investigaciones (desaparición de Lea y la de los asesinatos).

Sandrine Destombes despliega una historia donde, a pesar de lo duro de la temática, los detalles escabrosos no abundan, lo que sí hay en demasía son el cúmulo de pruebas y una profundización psicológica en el carácter de todos los involucrados, se teje una trama que nos da conocer motivaciones ocultas y ancestrales en los crímenes investigados. Como en su novela anterior, el pueblo y sus habitantes son protagonistas fundamentales de la historia, misma que se nutre de referencias culturales e históricas que enriquecen la lectura.

Esta característica del noir rural francés le da carácter y sabor “costumbrista” a la obra de Sandrine Destombes, les confiere una personalidad inconfundible a sus novelas, asistimos a la historia y cultura de estos pueblos a través de la narrativa descriptiva de la autora, un sólido marco referencial es lo que el lector encontrará.

Sin embargo, la autora no se queda solo en el desarrollo magistral de la trama y su resolución, al avanzar la historia, de a poco, vamos percibiendo el leitmotiv de la novela.

Sandrine Destombes simpatiza con el feminismo, esta novela comprueba su activismo a favor de las mujeres. Está plagada de personajes femeninos fuertes y contrastantes, mujeres en el mundo del machismo extremo, ese machismo que mata, violenta, la brutalidad contra las mujeres. Y, a su vez, la otra cara de la moneda, la de un feminismo radical que ve en el hombre el origen de todos los males, no hay redención del género masculino. La autora, de manera muy inteligente, no toma posturas, no da lecciones morales, sólo expone sus personajes (espléndidamente construidos), es lo que hay, y deja que el lector saque sus conclusiones. Los crímenes cometidos adquieren un carácter diferente, surge la reflexión: todavía lejos de una sociedad incluyente y armónica (esto se desarrolla en Francia, es inevitable no comparar con nuestro país).

Punto de vista personalísimo: La historia nunca pierde su ritmo trepidante, desenlace inesperado y sorprendente (como en toda novela negra que se respete), pero ésta, en particular, me deja con muchas inquietudes acerca de los extremos de exclusión e intolerancia a los que estamos llegando en diferentes ámbitos, en particular en el álgido tema de las reivindicaciones feministas, y los diversos grupos que las abanderan, algunos con actitudes que igualan lo que ellas combaten en su intolerancia y fanatismo.

Sandrine Destombes ha afirmado en más de una ocasión : “El género negro es el que mejor permite llegar a lo más profundo del alma y penetrar más a fondo en el análisis psicológico de los personajes“.
Los invito, con mucho entusiasmo, a que lean esta novela, la disfrutarán.

Las opiniones expresadas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de el-artefacto.

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